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    Las autoridades de Kiev no tienen ninguna posibilidad de recuperar Crimea, escribe Doug Bandow para The National Interest.

    "Occidente necesita conseguir una manera de convivir con Rusia. Lo mejor sería llegar a un acuerdo que ofrezca una solución más permanente [al conflicto]", señala Bandow respecto a las sanciones contra Rusia por Donbás y Crimea.

    Bandow recuerda la historia de la península, una historia que Occidente prefiere no tomar en consideración. Crimea se convirtió en parte del Imperio ruso después de la guerra con el Imperio turco otomano hace más de dos siglos y continuó siendo parte de la entonces República Socialista Federativa Soviética de Rusia hasta 1954.

    Tras la muerte de Iósif Stalin, el secretario general del Partido Comunista Nikita Jruschov transfirió el territorio a Ucrania en un esfuerzo por reafirmar la autoridad de Moscú y reforzar sus ambiciones políticas. Étnicamente, la mayoría de la población en 2014 era rusa y lo sigue siendo.

    Para Rusia, la reunificación fue respaldada por la población; fue importante desde un punto de vista político y lo sigue siendo desde un punto de vista militar. El periodista Christian Caryl del diario The Washington Post señaló que "Occidente debe seguir insistiendo" en que Crimea es ucraniana "hasta que Rusia ceda". Sin embargo, eso no sucederá, asegura Bandow.

    Más sobre esto: El hijo de Jruschov explica por qué su padre cedió Crimea a Ucrania en 1954

    El territorio no será devuelto a Ucrania, ya sea por Putin o su sucesor, a no ser que tenga lugar una derrota de Rusia en una sangrienta guerra. Incluso los críticos de Putin reconocen que la reunificación es permanente.

    Rusia, ¿una amenaza imaginaria?

    Rusia no es una amenaza para Estados Unidos o Europa y comenzar una guerra incluso contra los Estados bálticos aparentemente vulnerables le ofrecería pocos beneficios, por el contrario, correría grandes riesgos. Enfrentarse directamente con EEUU o la 'Vieja Europa' sería suicida, declara el autor de la nota.

    Por otra parte, una Rusia más cooperativa podría promover los intereses de EEUU desde Oriente Medio hasta Asia. A largo plazo, el papel más importante de Moscú podría ser ayudar a limitar el crecimiento de China, porque fue la hostilidad de Washington la que ayudó a unir a Rusia con China. Una coalición informal de EEUU, Europa y Rusia ayudaría a moderar las ambiciones chinas, señala Bandow.

    Para asegurar su cooperación, se podría prometer al Gobierno de Putin que la OTAN no se expandirá más hacia el este, lo que resolvería las preocupaciones de seguridad de Moscú, especialmente después de las engañosas promesas de Washington sobre la expansión de la OTAN tras el colapso de la Unión Soviética. Lo primero sería frenar el proceso de integración de Ucrania y Georgia en la alianza.

    El analista también señala la aparente hipocresía de Washington. "Al rechazar la anexión por Rusia, el exoficial de inteligencia Malcolm Nance declaró que EEUU había pasado 75 años 'manteniendo el derecho internacional y la santidad de las fronteras internacionales'. Es una tontería. Por ejemplo, los aliados lanzaron una guerra agresiva contra Serbia y la separaron de Kosovo, creando un precedente para Rusia en Osetia del Sur y Abjasia", escribe.

    Estados Unidos también invadió e hizo naufragar a Irak, lo que contravenía no solo al derecho internacional sino también a los deseos de la mayoría de los Gobiernos europeos.

    Crimea pertenece a los crimeos

    Sin embargo, el autor no termina allí y hace énfasis en un punto más crucial. Incluso si Ucrania retiene legalmente el título de propiedad de Crimea, transferir el territorio a las autoridades de Kiev sin el consentimiento de su pueblo sería ofensivo.

    "Crimea pertenece a los crimeos. No deberían ser negociados de un lado a otro como si fueran un saco de trigo", enfatiza.

    Los serbios predominantemente étnicos al norte del río Ibar en Kosovo no fueron consultados cuando Washington y Bruselas crearon un nuevo Estado. Retrocediendo en la historia, Francia, al igual que Alemania, no hizo ningún esfuerzo por determinar qué deseaban los residentes de Alsacia y Lorena.

    De acuerdo con el analista, Washington debería proponer un referéndum en Crimea bajo los auspicios de la ONU para determinar qué es lo que los crimeos quieren exactamente. Cabe destacar que Ucrania no reconoce los resultados del referéndum que ya tuvo lugar en 2014.

    "Una extraña histeria se ha apoderado de Washington con respecto a las relaciones con Rusia. Sin embargo, Vladímir Putin no es Iósif Stalin ni mucho menos. Moscú es mucho más útil como amigo para unirse con este contra China que como un adversario aliado con China", concluye Bandow.

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    opinión, análisis, Adhesión de Crimea 2014, Crimea, EEUU, Rusia
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