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    La agresiva actitud anti-Putin se está saliendo de control y puede convertirse en una patología autodestructiva, asegura Jonathan Power, columnista de la revista estadounidense Counter Punch.

    Según el periodista, que reflexiona sobre las futuras consecuencias de la política antirrusa de los países occidentales, "Occidente corre el riesgo de iniciar un viaje a ninguna parte". Power asegura que Rusia no va a cambiar significativamente en un futuro próximo.

    Asimismo, destaca que la segunda Guerra Fría aún no ha comenzado, y "los que dicen que sí lo ha hecho no conocen su historia".

    La Guerra Fría fue una confrontación militar que duró muchos años y que incluyó también las armas nucleares. Se trató de una lucha por la influencia entre dos bloques antagónicos que afectó al mundo entero. Y esta batalla se llevó a cabo con el uso de la fuerza militar. Un ejemplo ilustrativo fue la crisis de los misiles en Cuba, cuando las partes en conflicto estuvieron a punto de hacer uso de las armas nucleares.

    Power sugiere que Occidente debería mantener unas relaciones amables y constructivas con Putin. El país eslavo no representa una seria amenaza militar, agrega. El Kremlin ya no tiene como objetivo difundir la antigua ideología de la URSS.

    "Hoy los 'antiputinistas' beligerantes —me refiero a Barack Obama, a la mayor parte de los principales medios del mundo occidental y a la mayoría de los líderes de la UE, pero no todos,— creen que están defendiendo 'el orden liberal-democrático' encabezado por Estados Unidos. Consideran que Rusia tiene la intención de debilitarlo. En su opinión, se trata de una lucha de la democracia contra el autoritarismo, pero no es así", señala.

    Gordon Hahn, analista y experto en Rusia, ha subrayado en varias ocasiones que en el mundo hay muchas democracias que no forman parte de la OTAN. Y la más importante de ellas es la India, que tiene estupendas relaciones con el país eslavo y no siente que ninguna amenaza provenga de allí.

    Moscú tampoco tiene la sensación de que Nueva Delhi lleve a cabo actividades malvadas en el flanco sur del país eslavo, observa Jonathan Power.

    Además, las relaciones entre la India y Rusia van mejorando constantemente. Existe la unión de los BRICS, que incluye además a Brasil, Sudáfrica y China. Esta organización contribuye a la convergencia económica y el fortalecimiento de las relaciones de amistad.

    Rusia tiene buenas relaciones con otras democracias de Asia, como Japón, Corea del Sur, Taiwán, Indonesia y Sri Lanka. Sin embargo, entre Tokio y Moscú hay una cierta tensión, debido a la disputa territorial de las islas Kuriles.

    No obstante, durante una reciente visita a Tokio del mandatario ruso, Vladímir Putin, donde dialogó con el primer ministro nipón, Shinzo Abe, las dos partes lograron un progreso importante en este sentido. Se pusieron de acuerdo sobre las actividades económicas conjuntas en el archipiélago.

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    El columnista admite que Corea del Sur es un sólido aliado de Estados Unidos. Sin embargo, Moscú no se plantea la cuestión del despliegue del sistema de defensa antimisiles de Estados Unidos en Corea del Sur, que está dirigido contra Corea del Norte. Recientemente, Seúl ha firmado unos 20 acuerdos económicos con Moscú. Por otra parte, Corea del Sur tiene previsto sellar un acuerdo de libre comercio con la Unión Económica Euroasiática, encabezada por el país eslavo.

    "No hay ninguna señal de que Rusia tenga la intención de socavar la democracia. La democracia florece en todo el mundo: en casi todos los países de América Latina, la mayoría de los países de África y en gran parte de Asia. Ninguno de estos territorios se queja de que Rusia se oponga a su orden liberal-democrático".

    Power asegura que Occidente habría podido tener buenas relaciones con el Kremlin si los presidentes "Bill Clinton, George Bush y Barack Obama no hubieran sometido a Rusia, paso a paso, a una creciente presión para expandir la OTAN y faltar a la solemne promesa de no hacerlo".

    Según el periodista, Ronald Reagan y George H.W. Bush, que entendían a Moscú, no consideraron razonable expandir la OTAN. Richard Nixon tampoco lo hubiera hecho.

    "Occidente debería abandonar su paranoia y la idea de venganza. Esto es contraproducente, y lleva a la nada", concluye.

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    OTAN, Vladímir Putin, EEUU, Rusia
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