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    La inesperada propuesta del líder chino, Xi Jinping, de formalizar las relaciones político-militares con Rusia, hecha durante la Cumbre del G20, resultó tan extraordinaria para la política tradicional que no puede ser explicada en el marco de la confrontación entre EEUU y China en el área del Pacífico.

    Rostisláv Ishchenko, columnista de la agencia Rossiya Segodnya, opina que la propuesta del gigante asiático se explica fácilmente si se tienen en cuenta los acontecimientos que precedieron a la cumbre del G20. Durante el foro económico de Vladivostok, que tuvo lugar el 2 y el 3 de septiembre, el presidente ruso, Vladímir Putin, se reunió con el primer ministro nipón, Shinzo Abe.

    Tras el encuentro, el mandatario japonés anunció varios proyectos de inversión a gran escala en el Lejano Oriente de Rusia, mientras que el líder ruso habló de la necesidad de solucionar la disputa territorial ruso-japonesa de las islas Kuriles sobre la base de un compromiso.

    "Es decir, a Japón le propusieron sustituir la alianza japonesa-estadounidense por la ruso-japonesa. A juzgar por la reacción de nuestros socios tanto en Occidente como en Oriente, el Gobierno nipón no respondió que no, al expresar su comprensión de la situación y su disposición a una cooperación constructiva".

    El acercamiento ruso-japonés es un problema no solo para EEUU, sino también para China. Pekín y Tokio son rivales tradicionales en la lucha por el liderazgo en el sureste asiático, explica Ishchenko.

    "Mientras Japón siga teniendo problemas con Rusia, China puede tener las manos libres, puesto que, atrapada entre dos fuegos, bajo la amenaza de una respuesta coordinada entre Moscú y Pekín, Tokio no se atreverá a actuar".

    Pero si se arreglan las relaciones entre Japón y Rusia, China apenas podrá contar con el apoyo de Moscú en sus disputas territoriales con Tokio, a menos que haya una mediación imparcial, considera Ishchenko.

    Más aquí: La peor pesadilla de EEUU: una guerra simultánea contra Rusia y China

    "Precisamente por eso Pekín, de repente, deseó sustituir la alianza político-militar informal entre los dos países, destinada a protegerse de la hegemonía estadounidense, por un compromiso formalizado para garantizar la asistencia mutua, no solo contra EEUU, sino en contra de sus aliados".

    No es ningún secreto que el acercamiento ruso-chino se basa en un sentido de amenaza común proveniente de EEUU, señala el periodista, y dio lugar a la alianza política-militar informal, que ahora Pekín ha propuesto formalizar en Hangzhou, ciudad donde se celebró la Cumbre del G20.

    El columnista prevé que el proceso de formalización de las relaciones va a ser complicado, pero al final el acuerdo será firmado, dado que acarrea beneficios para ambas partes.

    "Para Rusia, el trabajo para lograr un acuerdo político-militar con China es beneficioso (incluso como un proceso), ya que alentará a Japón a ser más constructivo en las relaciones con Moscú", señala.

    Sin embargo, Ishchenko destaca que, tanto Rusia como China, a la hora de formalizar sus compromisos, intentarán proteger sus propios intereses. Rusia tratará de eliminar cualquier mención concreta de la ayuda militar específica contra terceros países (con una posible excepción para EEUU). China, a su vez, tratará de hacer que Moscú asuma los compromisos más transparente posibles acerca de la coordinación de su posición respecto a Japón.

     

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