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    De Argentina a Siberia: los lugares contemplados por los judíos para crear su Estado

    © AP Photo/ Oded Balilty
    Oriente Medio
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    Hace un siglo, del despacho del ministro de Exteriores británico salía un documento que acabaría dando paso a la fundación del Estado de Israel en tierras palestinas.

    Este acontecimiento cambió el curso de la historia en Oriente Medio y desencadenó uno de los conflictos más difíciles de resolver de la actualidad. Sin embargo, esto podría no haber sido así. 

    La fundación de Israel partió de la llamada Declaración Balfour, una carta firmada por el ministro de Exteriores británico, Arthur James Balfour, y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, un líder de la comunidad judía en el Reino Unido. Fechada el 2 de noviembre de 1917, el documento anunciaba el apoyo del Gobierno británico al establecimiento de un "hogar nacional" para el pueblo judío en tierras palestinas.

    Fragmento de la carta del ministro de Exteriores británico, Arthur James Balfour, al líder de la comunidad judía en el Reino Unido, Lionel Walter Rothschild, en la que brinda su apoyo a la creación de un Estado judío en Palestina
    Fragmento de la carta del ministro de Exteriores británico, Arthur James Balfour, al líder de la comunidad judía en el Reino Unido, Lionel Walter Rothschild, en la que brinda su apoyo a la creación de un Estado judío en Palestina

    La idea de regresar a la tierra de sus antepasados ocupó las mentes de los pensadores judíos durante siglos. El propósito se formalizó en 1897, año en el que la sala de conciertos del Casino Municipal de Basilea, en Suiza, acogió el Primer Congreso Sionista. El sionismo fue un movimiento que abogaba por la creación de un Estado hebreo pleno e independiente en Palestina, y cuyo proyecto acabó imponiéndose a otras iniciativas.

    Sin embargo, para finales del siglo XIX y principios del XX, Palestina se encontraba bajo dominio del Imperio otomano, por lo que la tarea de regresar a esas tierras rozaba lo imposible.

    Desde entonces, hasta incluso 1948 —año de la fundación de Israel— se barajaron múltiples posibilidades. Muchos pensadores judíos propusieron sus propias variantes, como Joseph Otmar Hefter, opositor al movimiento sionista y autor del trabajo 'Nueva Judea'. En 1938 lanzó un panfleto en el que defendía la creación de un nuevo Estado fuera de Palestina y propuso 10 opciones que, según él, con el tiempo podrían acabar evolucionando hasta el Estado hebreo.

    De todas las variantes discutidas en aquella época, Sputnik ha recopilado la cuatro que estuvieron más cerca de ser una realidad lejos de Palestina.

    La Uganda hebrea

    'El plan Uganda' es como se conoce al único intento real y oficial de crear un Estado soberano hebreo fuera del territorio de Palestina. Fue propuesto en 1903 por el ministro de Exteriores del Reino Unido, Arthur Balfour, al entonces presidente de la Agencia Judía, Jaim Weizmann, que más tarde se convertiría en el primer presidente del Estado de Israel.

    Según este plan, el Gobierno británico entregaría a los líderes de organizaciones judías parte de su antiguo territorio en África Oriental —que hoy incluyen zonas de Uganda y Kenia—.

    Lea más: Los palestinos marcan el centenario de la Declaración Balfour

    Nada más y nada menos que el propio Theodor Herzl planteó la idea como la más realista y plausible en el Sexto Congreso Sionista celebrado en Basilea (Suiza) ese mismo año. No obstante, dicha posibilidad fue rechazada 2 años más tarde, en 1905, cuando se impuso por mayoría la opción sionista de que el territorio para el futuro Estado judío debía ser el de Palestina.

    Theodor Herzl (1860-1904), periodista y escritor austrohúngaro de origen judío, fundador del sionismo político moderno
    Theodor Herzl (1860-1904), periodista y escritor austrohúngaro de origen judío, fundador del sionismo político moderno

    Autonomía judía en Siberia

    El Imperio ruso tuvo una de las mayores comunidades judías del mundo. Con la llegada al poder de los soviets, sus dirigentes trazaron en su territorio una nueva división administrativa, según la cual cada una de las nacionalidades que conformaban el antiguo imperio recibiría al menos una región a su disposición. Fue así como más tarde aparecerían países hasta entonces inexistentes como Kazajistán, Turkmenistán o Azerbaiyán.

    En el marco de esa estrategia y con la intención de crear una alternativa al movimiento sionista, el 28 de marzo de 1928 el Gobierno soviético aprobó el decreto sobre 'La asignación a la sociedad de asentamientos agrícolas judíos de tierras desocupadas en la cuenca del [río] Amur de la región del Lejano Oriente'. Seis años más tarde, en unos territorios ubicados en la frontera entre la URSS y China se formaría la Región Nacional Autónoma Hebrea, que muchos consideran la primera autonomía hebrea del mundo moderno.

    Miles de judíos de toda la Unión Soviética se trasladaron hasta este lugar donde el yidis sería considerado uno de los idiomas oficiales. No obstante, con la obtención en 1948 de un estado propio en Palestina, ese flujo fue perdiendo fuerza y para hoy día los hebreos constituyen menos del 0,009% de la población local.

    La calle Sholem Aleijem, en Birobidzhán, capital de la Región Autónoma Hebrea, nombrada en honor del popular humorista y escritor judío ruso de literatura en yidis.
    © Sputnik/ Max Alpert
    La calle Sholem Aleijem, en Birobidzhán, capital de la Región Autónoma Hebrea, nombrada en honor del popular humorista y escritor judío ruso de literatura en yidis.

    El plan Alaska

    Alaska pasó a ser territorio estadounidense desde 1867, año en el que fue adquirida al Imperio ruso. Rica en minerales y otros recursos naturales, el duro clima de la región y su difícil acceso hacían de este territorio un destino poco atractivo para los nuevos colonos. Unos 60.000 habitantes estaban repartidos en una superficie de 1.717.854 km2, lo que suponía una densidad de 0,03 personas por kilómetro cuadrado.

    Las autoridades aprobaron varios planes para incrementar la población del territorio recién adquirido, pero ni siquiera la fiebre del oro de Alaska, a finales de siglo, pudo revertir la situación.

    En las décadas de los 30 y los 40 del siglo XX, cuando la situación de los judíos europeos empeoró bajo el régimen nazi, tomó fuerza la idea propuesta por Joseph Otmar Hefter sobre los asentamientos hebreos en Alaska. Oriundo de Galitzia —en los Cárpatos—, Hefter emigró a EEUU en la década de 1920 y desde entonces lideró un movimiento favorable a una mayor recepción de judíos en esas tierras, con vistas a formar un futuro Estado hebreo.

    En 1938, a raíz de los linchamientos masivos de judíos ocurridos en la Alemania nazi, conocidos como la Noche de los Cristales Rotos, el entonces ministro del Interior de EEUU, Harold LeClair Ickes, anunció públicamente un plan para la colonización de Alaska por parte de inmigrantes hebreos. El estallido de la Segunda Guerra Mundial y la persecución masiva de judíos en la Europa ocupada aceleraron el proceso y ya para 1940 presentó ante el Congreso el conocido como Reporte Slattery, oficialmente denominado 'Los problemas de desarrollo de Alaska'.

    No obstante, debido a la difícil situación económica que vivía el país después de la Gran Depresión y a las rígidas cuotas que limitaban a 10.000 el número de migrantes que podían acogerse por año, el plan fue rechazado tanto por la Administración del presidente Franklin Roosevelt como por la mayoría de los propios judíos residentes en EEUU. El rabino Stephen Wise, presidente del Congreso Judío Estadounidense, declaró que la adopción de la propuesta de emigrar a Alaska produciría "una impresión equivocada y dañina… de que los judíos están ocupando una parte del país para su asentamiento".

    El buque MS Saint Louis, con más de 900 refugiados judíos que escapaban de la Alemania nazi, tuvo que volver a Europa cuando se les negó la entrada en puertos estadounidenses. El incidente pasó a la historia como 'El viaje de los malditos'.
    El buque MS Saint Louis, con más de 900 refugiados judíos que escapaban de la Alemania nazi, tuvo que volver a Europa cuando se les negó la entrada en puertos estadounidenses. El incidente pasó a la historia como 'El viaje de los malditos'.

    Argentina, la nueva Judea de América Latina

    La opción de establecer colonias judías en Latinoamérica también fue una corriente muy defendida entre algunos líderes. El propio Theodor Herzl vio en Argentina una posibilidad para un asentamiento masivo de judíos. En su libro 'Der Judenstaat', el fundador del sionismo político hace referencia al país suramericano como "uno de los más fértiles de la Tierra, de vasta superficie, población escasa y clima agradable".

    Otros célebres visionarios de un Estado hebreo también defendían la opción argentina en sus trabajos, como Maurice de Hirsch, uno de los impulsores de las colonias judías en América, o León Pinsker, fundador del movimiento Amantes de Sion y autor de 'Autoemancipación' (1882), un texto que es considerado uno de los pilares del sionismo.

    A pesar de que nunca existió una oferta oficial por parte de Argentina, sí que tuvo lugar una importante inmigración de judíos hacia el país suramericano entre finales del siglo XIX y principios del XX. Pero esta no fue la única opción contemplada por los hebreos en Latinoamérica.

    El panfleto de 1938 de Joseph Otmar Hefter valoraba otras opciones, entre ellas un territorio entre Venezuela, Brasil y la Guyana Británica, y otro entre Paraguay y Brasil. Pero ninguna de estas propuestas caló tanto como la de Argentina. 

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