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    Situación en la Franja de Gaza (archivo)

    Gaza, una juventud sin esperanza en el futuro y en las autoridades palestinas

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    Oriente Medio
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    CIUDAD DE GAZA (Sputnik) — Bashar Taleb ha dejado de mirar imágenes de París en internet y también de ahorrar para comprar un billete de avión.

    A sus 27 años, este licenciado en Comunicación jamás ha podido salir de la Franja de Gaza y en su rostro se adivinan una frustración y una impotencia que se repiten en la mayoría de la juventud de esta región palestina.

    "Dejé de navegar en internet y de ver lugares maravillosos porque era demasiado duro cuando caía en la cuenta de que yo no podía ir a ninguna parte. Me estaba deprimiendo comparar mi vida con la de otras personas en otros lugares del mundo", explica.

    Desde hace 10 años, cuando el movimiento islamista Hamas tomó las riendas de Gaza, los dos millones de habitantes de la franja sufren un severo bloqueo israelí que los empobrece y aísla del mundo, multiplica su desempleo y merma la moral de sus habitantes, Sobre todo de los más jóvenes.

    El bloqueo es también sinónimo de puertas cerradas. Israel concede autorizaciones de salida a cuentagotas a los gazatíes. La mayoría de los permisos son por razones humanitarias o gracias al respaldo de organizaciones internacionales.

    Lea más: El desarollo del conflicto entre Palestina e Israel paso a paso

    Al sur de la franja, la frontera con Egipto lleva cerrada meses y hay una lista de más de 30.000 palestinos que esperan a que el gobierno de El Cairo decida abrir el paso durante algunos días.

    "Si pudiera iría a Paris: la ciudad de la luz. Pasearía, vería cosas que no he visto nunca salvo por internet, miraría a la gente: qué hacen, cómo viven…  Solo quiero sentir cómo es una vida normal", añade Taleb.

    Tras años de divisiones e intentos vanos de acercamiento, Hamas y el movimiento Fatah, del presidente palestino Mahmud Abbas intentarán esta semana enterrar sus diferencias por el bien de los palestinos y con vistas a celebrar unas elecciones generales.

    En este momento los palestinos de Gaza y de Cisjordania están separados física y políticamente. La falta de diálogo interno también es un obstáculo para hacer avanzar cualquier negociación con Israel.

    El 2 de octubre, por primera vez en dos años, el primer ministro palestino, Rami Hamdallah, entrará en Gaza y celebrará allá una reunión de gobierno. El plan es que el gobierno de Abbas, único interlocutor de la comunidad internacional, retome progresivamente posesión de algunos organismos gubernamentales.

    Con ello, se aspira a que las condiciones de vida de los habitantes de Gaza mejoren poco a poco, comenzando tal vez por una mayor apertura de la frontera con Egipto, país mediador en este acercamiento entre Hamas y Fatah.

    Según la ONG israelí Gishá, que cita datos oficiales israelíes, en 2016, 14.000 palestinos salieron de Gaza vía Israel y este año el número será probablemente inferior. En el 2000, el número superaba el medio millón de personas.

    "No confío en los políticos palestinos. Siento una gran decepción hacia todos ellos. Ninguno trabaja por el bienestar de la gente sino por su propio beneficio", explica Farah Baker, universitaria de 19 años de Gaza.

    Un 40% de la población de Gaza y Cisjordania tiene menos de 25 años, según datos de la ONU.  Farah y los gazatíes de su generación han vivido ya tres guerras Israel y Hamas (2008-2009, 2012 y 2014). En la franja, el ocio, tal y como se concibe en otros países, es escaso. En Gaza no hay cines ni instalaciones deportivas en condiciones. La oferta de comercios atractivos es mínima y el precario servicio eléctrico, que a menudo no llega a cuatro horas al día, limita las actividades de jóvenes y mayores.

    "No puedo proyectarme en el futuro, no sé qué va a pasar en Gaza: si va a estallar una nueva guerra y moriré o si las batallas políticas internas van a terminar con nosotros. Por eso planeo sólo lo que haré hoy y como máximo dentro de una semana. Así sufro menos", agrega Farah Baker.

    En Gaza el desempleo juvenil supera el 70% y resulta complicado encontrar la motivación y la ilusión de estudiar sabiendo que será difícil encontrar un trabajo después.

    "Los estudiantes sufrimos las consecuencias de la pésima situación que se vive en Gaza: el bloqueo israelí, la falta de electricidad, el altísimo desempleo… Esos problemas acumulados nos deprimen y nos desesperan e intentamos salir de aquí como sea. Ha habido jóvenes que se han lanzado al mar o han usado túneles clandestinos desde Gaza a Egipto. Algunos murieron en el camino, otros lo lograron", explica Osama Abu Sakran, de 20 años, estudiante de Relaciones Públicas.

    Para los profesores, el desafío es contagiar entusiasmo para que los alumnos sigan formándose pese a las circunstancias.

    "Intentamos inculcarles esperanza pero no es fácil. Decirles que la formación personal es lo más importante porque el ser humano puede aguantar todos los problemas mientras su mente esté despejada. La mayor autodefensa de un joven en un contexto como el de Gaza es la ciencia", afirma Salah el Sousi, ex decano de la facultad de Farmacia de Gaza.

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