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    La guerra civil en Siria ya dura nueve años y, según el presidente Bashar Asad, todavía está lejos de su fin. Varias agrupaciones terroristas y radicales siguen impunes y permanecen en el territorio del país árabe. Aunque la intensidad de los combates se redujo, Siria sigue siendo una zona de guerra. Sputnik analiza la situación en el país hoy.

    El conflicto armado en Siria que comenzó en 2011 tuvo como meta derrocar al presidente Bashar Asad. Las agrupaciones opositoras que se formaron en el país árabe en aquella época contaron con ciudadanos ordinarios y militares que habían desertado del Ejército Árabe Sirio. Oficialmente la oposición armada proclamó que su meta era conseguir democracia para Siria. Sin embargo, muy pronto dentro de la oposición moderada surgieron movimientos islamistas.

    La radicalización de la oposición siria desacreditó a los adversarios de Asad. Hoy en día casi queda poco de la oposición moderada. Las fuerzas de los radicales están concentradas en la provincia de Idlib. Este territorio actualmente está bajo el control de las fuerzas turcas. Turquía se comprometió a desarmar a los radicales que se encuentran en Idlib, pero parece que Ankara todavía no ha cumplido con su compromiso.

    Confrontación en Idlib

    El presidente sirio está decidido a poner fin a la guerra, pero primero necesita liberar el territorio de su país de los terroristas. En verano de 2019 las fuerzas leales al presidente Asad lanzaron una ofensiva en Idlib para deshacerse de los terroristas que ya tuvieron que haber sido armados por Turquía. El Ejército logró liberar decenas de localidades y mejoró significativamente sus posiciones en la provincia. 

    El principal obstáculo que impidió e impide hoy a las fuerzas gubernamentales son los planes de Ankara. La parte otomana simplemente no puede permitirse abandonar Idlib y quedarse sin nada. Especialmente teniendo en cuenta que esta es su zona de control y está muy cerca de su frontera. Para evitar una guerra a gran escala entre Turquía y Siria los mandatarios ruso y turco se reunieron en 2019 y llegaron a un acuerdo.

    Según el trato, Rusia y Turquía desde entonces constantemente realizan el patrullaje de la carretera M4 que se encuentra en la zona de control turco. Esta decisión ha sido una gran victoria diplomática y táctica de Rusia y su aliado sirio. Además de que las fuerzas gubernamentales sirias establecieron el control sobre porciones significativas de Idlib, incluida la importantísima carretera M5, las fuerzas rusas ahora vigilan la situación dentro del propio enclave terrorista.

    Con la ayuda rusa las tropas sirias podrían barrer a los terroristas, pero el factor turco no lo permite hacer. Con el paso del tiempo Turquía tiene que cumplir con su compromiso. Una vez Idlib sea liberado de los radicales será posible hablar de reconciliación y efectivamente poner fin a la guerra civil. Pero por ahora la situación está lejos de ser resuelta teniendo en cuenta que Ankara todavía no ha hecho ningún esfuerzo suficiente para acabar con los radicales.

    La patrulla ruso-turca de vez en cuando sufre ataques por parte de los habitantes de la gobernación que apoyan a los radicales. Esta es una prueba más de que los militares otomanos actualmente no tienen la autoridad necesaria en Idlib. Además, dentro de Idlib diferentes agrupaciones ilegales, incluidos los radicales, pugnan entre sí. Ahora que los combates entre los beligerantes en Siria no son tan intensos hay rumores de que los radicales ya luchan en Karabaj.

    Entretanto, persiste la amenaza por parte de los radicales de Idlib. Recientemente hubo noticias sobre los preparativos para realizar un ataque de bandera falsa contra las fuerzas turcas. Los terroristas buscan atentar contra los militares otomanos y acusar al Ejército Árabe Sirio de este ataque. De esta manera quieren provocar una escalada en la zona. La parte rusa a menudo avisa a sus socios sobre los preparativos para este tipo de ataques.

    El asunto kurdo y los restos de ISIS

    Otra región donde la situación no es tan estable como en el resto del país es la parte norte del país árabe. Allí Turquía ha actuado de la manera más activa posible. Ankara ejerce su control sobre dos porciones del territorio antes controlado por los kurdos sirios. Se trata de una porción en el noroeste, alrededor de la ciudad de Afrin. Los turcos pasaron a controlar esa zona a principios de 2018, a raíz de su operación Rama de Olivo

    Sin embargo, los kurdos hasta hoy siguen en control de un pequeño enclave alrededor de la localidad de Tel Rifat. En el norte de Siria los militares turcos se hicieron con el control sobre un territorio que antes también perteneció a Rojava —Kurdistán sirio—. Esta operación recibió el nombre de Manantial de la Paz y continúa hasta hoy. Durante la fase principal de la operación los turcos crearon un colchón de 30 kilómetros a lo largo de una parte de su frontera con Siria.

    Actualmente Rusia y Turquía continúan sus patrullajes en Rojava. Los kurdos siguen en control sobre una parte enorme de Siria al norte y al este del río Éufrates. Para Turquía es extremadamente importante mantener a raya a los kurdos sirios porque el separatismo kurdo dentro de Turquía ha sido el dolor de cabeza para Ankara a lo largo de muchas décadas. La cúpula política otomana preferiblemente quiere resolver el problema kurdo en el territorio de su país vecino.

    La participación rusa en el conflicto armado en Siria ayudó a dar un golpe muy fuerte contra el terrorismo. Gracias a los militares rusos se puso fin a la marcha triunfante de ISIS —organización terrorista proscrita en Rusia y otros países—. Junto con la coalición internacional Moscú derrocó a esta organización yihadista. Sin embargo, pese a enormes logros en la lucha terrorista ISIS sigue realizando operaciones de menor escala en el este de Siria perpetrando atentados contra el Ejército.

    Si bien, la estructura de esta organización terrorista quedó destruida, es difícil erradicar las ideas de las mentes de los adeptos del islamismo radical, por lo tanto, no es sorprendente que de vez en cuando los ataques tengan lugar. Los avances del Ejército sirio con la ayuda de los militares rusos evidentemente ayudaron a reducir a cenizas a los miembros de ISIS y ahora solo les queda esconderse en el desierto y realizar sus sabotajes insignificantes.

    En resumidas cuentas, la guerra civil en Siria está estancada. Para poner fin a este conflicto armado hace falta que Ankara desarme a los opositores no moderados. Una vez los terroristas —para ser más preciso los de la agrupación Hayat Tahrir al Sham, proscrita en Rusia y otros países— abandonen el territorio del país árabe e Idlib en particular, llegará la paz. Por ahora hay cosas más importantes en la agenda mundial por lo cual no hay que esperar la resolución de dicho conflicto a corto plazo.

    Etiquetas:
    lucha antiterrorista, terroristas, Siria
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