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    Desde hace un mes el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán está en el foco de atención de la política mundial. La nueva guerra preocupa especialmente a las tres potencias regionales: Rusia, Turquía e Irán. Este último, en particular, corre mayores riesgos. Sputnik explica el por qué.

    Azerbaiyán continúa su ofensiva bastante exitosa en Nagorno Karabaj, a pesar de que Armenia no siempre reconoce los éxitos de su enemigo en la región. Sin embargo, el principal hito que marcó el actual conflicto armado entre los dos países ha sido el establecimiento del control sobre la frontera azerbaiyano-iraní por parte de Bakú. 

    Desde la sangrienta guerra que duró entre 1988 y 1994, la autoproclamada república de Artsaj —creada por la población armenia de la región— controló la mayor parte de Nagorno Karabaj más siete distritos de Azerbaiyán. En el marco de aquella guerra los armenios establecieron su control sobre una porción importante de la frontera azerbaiyano-iraní. 

    A Irán evidentemente no le conviene para nada una guerra en sus fronteras. Especialmente porque los combates tienen lugar muy cerca de localidades iraníes que pueden sufrir daños a causa de un ataque erróneo contra el territorio de la República Islámica. Y eso ya ocurrió: varios proyectiles cayeron sobre el territorio persa a lo largo del último mes dejando a una persona herida. Esto provocó indignación en Teherán e hizo que la República Islámica tomara medidas en respuesta. 

    Primero, Irán envió sus militares a la frontera con Azerbaiyán para realizar maniobras. Esto puede considerarse un mensaje a las partes beligerantes. Irán quiere dejar claro que no tolerará que sus ciudadanos sufran las acciones irresponsables de sus vecinos. Segundo, Teherán incita a Ereván y Bakú a solucionar el conflicto por la vía pacífica, pero parece que todos los esfuerzos de convencerlos han sido y serán en vano.

    ¿De qué lado está Teherán?

    Oficialmente de ningún lado. Al igual que la mayoría de los países del mundo, Irán llama a cesar las hostilidades y encontrar una solución pacífica. Sin embargo, obviamente Teherán tiene sus preferencias. Por un lado, Armenia e Irán tienen relaciones bastante buenas y cooperan económicamente. Durante la primera guerra de Nagorno Karabaj, Azerbaiyán acusó a Irán de haber apoyado a Armenia, lo que estropeó las relaciones entre Bakú y Teherán.

    En la etapa inicial de la guerra actual algunos analistas decían que Teherán se había posicionado a favor de Ereván. Pero, por otro lado, Irán expresó días después su apoyo a la integridad territorial de Azerbaiyán. Alí Akbar Velayatí —consejero del Líder Supremo de Irán, ayatolá Alí Jameneí—, declaró el pasado 6 de octubre que Armenia debería devolver Nagorno Karabaj a Azerbaiyán y calificó estos territorios de "ocupados". Estas declaraciones son una evidencia clara del apoyo iraní a Bakú

    Además, Irán y Azerbaiyán comparten la misma religión. Para ser más preciso se trata de la misma rama del islam, el chiismo. Es más, Turquía, que considera a Azerbaiyán su nación hermana, en su mayoría profesa el sunismo. Por eso se puede decir con certeza que Irán y Azerbaiyán tienen mucho en común. 

    Pero aquí también es importante entender que Turquía es el socio número uno de Bakú. Mientras que Irán no ha declarado estar a favor de una u otra parte del conflicto, Turquía apoya y ayuda a sus hermanos azeríes de manera abierta y activa. Hubo incluso rumores de que Turquía había enviado sus militares a Azerbaiyán. En otras palabras, Irán no juega un papel importante en ese conflicto armado, pero es inmensamente importante para el futuro del país persa.

    El lado oscuro de la guerra de Nagorno Karabaj es la rivalidad turco-iraní. La creciente influencia de Ankara cerca de las fronteras de Irán preocupa a la cúpula política de la República Islámica. Además, hay información no confirmada oficialmente de que Turquía ha facilitado el traslado de combatientes sirios a la zona de combates en Artsaj —nombre armenio de Nagorno Karabaj—. 

    Irán ve en esto una amenaza a su seguridad porque desde hace mucho tiempo lucha contra los radicales sirios en ese país árabe y ahora sus enemigos se acercan aún más a su territorio. La información sobre el uso de estas agrupaciones por parte de Azerbaiyán hace que Teherán considere su posición respecto a los eventos en Nagorno Karabaj con cautela.

    ¿Una amenaza fantasma o un riesgo real?

    El rápido ascenso de Azerbaiyán como una potencia militar en el Cáucaso sin duda es un gran problema para Irán, si bien no lo reconoce abiertamente. Esto no tiene nada que ver con la guerra con Armenia. Se trata de una amenaza directa para la integridad territorial de Irán

    El país persa en realidad no es tan persa como muchos piensan: en la República Islámica viven numerosos grupos étnicos, es decir, minorías que juntas componen una parte considerable de la población. La minoría principal de Irán son los azeríes. 

    Unos 17 millones de azeríes viven en Irán, lo que corresponde aproximadamente al 20% de la población total del país. La mayor parte de los azeríes iraníes viven en las provincias Azerbaiyán Oriental, Azerbaiyán Occidental, Ardebil y Zanjan. Y desde hace mucho tiempo un grupo de los azeríes de Irán busca independizarse de Irán. En el pasado incluso se formaron movimientos separatistas que buscaban la soberanía para el Azerbaiyán iraní.

    Los azeríes iraníes que viven en la frontera con Nagorno Karabaj han sido testigos de la marcha triunfante de los militares de Azerbaiyán. La bandera azul-rojo-verde ahora ondea a lo largo de toda la frontera oficial del Estado azerí con Irán. La cúpula política y militar persa teme que los azeríes iraníes se inclinen hacia los sentimientos separatistas al ver que sus hermanos del norte establecen el control sobre la región independentista armenia de Artsaj.

    No obstante, es evidente que Azerbaiyán no se atreverá a apoyar los movimientos separatistas en Irán, incluido el azerí, porque no quiere hacer daño a sus relaciones con Teherán. Aunque el riesgo a la integridad territorial de Irán es real, es muy poco probable que la población azerí de Irán aproveche la situación. Al menos por ahora. 

    Lo más probable que entienda que en caso de que un día la situación en Irán se desestabilice, ellos podrían contar con la ayuda de sus hermanos del norte. En cualquier caso, la guerra entre Armenia y Azerbaiyán es una mala noticia para Teherán y por eso llama a la paz. 

    La razón simplemente tiene que ver con el hecho de que los iraníes temen que esta guerra podría socavar la estabilidad dentro de Irán. La República Islámica sin duda no tolerará que haya una amenaza para su existencia en su forma actual.

    Etiquetas:
    separatismo, guerra, conflicto, Azerbaiyán, Armenia, Nagorno Karabaj, Turquía, Irán
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