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    El 4 de noviembre de 1995 el primer ministro de Israel, Isaac Rabin, promotor de los acuerdos interinos de Oslo con los palestinos, fue tiroteado por un israelí opuesto a las conversaciones de paz, 25 años después ni el magnicidio ha sido superado ni parece que la paz con los palestinos esté tan cerca como entonces.

    El Instituto para la Democracia de Israel (IDI) publicó con motivo del vigésimo quinto aniversario del asesinato de Rabin un sondeo en el que el 45% de los ciudadanos cree que otro asesinato político es posible y grandes cantidades de votantes de izquierda, ultraortodoxos y árabes israelíes se ven como objetivos de la incitación.

    No solo eso, paradójicamente el actual primer ministro, Benjamin Netanyahu, también dice sentirse acosado y en peligro.

    Netanyahu ha sido acusado a lo largo de estos 25 años de haber sido uno de los instigadores de la incitación contra Rabin durante los difíciles años de la primera intifada (levantamiento, en árabe) y el acercamiento a los palestinos, cuando aparecían en las ciudades israelíes montajes de fotos de un Rabin con kefia, el pañuelo tradicional palestino, colocado al modo en que lo llevaba Yaser Arafat, líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) o un Rabin con uniforme nazi, y también se recuerdan y retransmiten manifestaciones de los años 90 en las que Netanyahu era jaleado y el público gritaba "Rabin traidor".

    Ejército, nicotina y política

    Rabin nació en Jerusalén en 1922, sirvió en el Ejército preestatal y cuando ya era comandante, fue testigo de la independencia del país, en 1948. Durante la guerra de 1967, la de los seis días, considerada la victoria militar israelí más importante, era el Jefe del Estado mayor, y en los momentos previos al desenlace sufrió lo que llamaron un "envenenamiento por nicotina" probablemente por motivos obvios.
    Como otros líderes israelíes, pasó fluidamente de la carrera militar a la política, iniciándola como embajador en Estados Unidos hasta que en 1974 fue elegido primer ministro, como líder del laborismo, ostentando el cargo hasta 1977.

    En 1992 fue reelegido y un año después firmó en Washington los Acuerdos de Oslo, junto con su ministro de Exteriores Shimon Peres y el líder de la OLP, Yaser Arafat. Los acuerdos de Oslo eran acuerdos interinos que, por primera vez, otorgaban a los palestinos un estatus autónomo como paso previo a la formación de un Estado. También firmó un fundamental acuerdo de paz con el rey Husein de Jordania.

    Para enfatizar y conmemorar todos estos cambios, el 4 de noviembre de 1995 se convocó un acto multitudinario por la paz en Tel Aviv, en la Plaza de los Reyes. Pasaban cosas que nunca habían pasado antes, la política se movía en una dirección novedosa y esperanzadora y Rabin dijo en su discurso: "Estoy convencido de la gran oportunidad que tenemos. La paz entraña dolores y dificultades, pero no hay camino sin esos dolores". Después, Rabin, Peres y diferentes personalidades cantaron el tema Shir laShalom, (canción por la paz en hebreo).

    Al bajar del escenario Yigal Amir, un extremista religioso, le disparó dos balas en la espalda.

    El trauma

    Amir fue reducido en el acto y Rabin trasladado al hospital Ichilov, a pocas cuadras de allí.

    Amir fue condenado a cadena perpetua. Tras el magnicidio, la Plaza de los Reyes fue llamada Plaza Rabin.

    El cirujano que atendió al primer ministro habló de lo sucedido aquella noche por primera vez en estos días; contó en una entrevista televisada los esfuerzos desesperados por resucitar al primer ministro, la frágil esperanza de que sobreviviera y el devastador momento en que tuvo que declarar su muerte.

    "Cuanto más tiempo pasa, la potencia de esa pérdida, por lo menos para mí, solo se hace más fuerte", dijo Yossi Klausner al Canal 12 de noticias.

    Klausner recordó que recibió una llamada de su ayudante a eso de las 22:02 quien le dijo: "Vamos a tratar a Rabin, está herido grave, tal vez muerto, tiene heridas de bala".

    La sala de operaciones tenía tres veces más personas que lo normal, dijo el médico: "Intentamos resucitarlo desesperadamente. Los monitores mostraban ondas, como si hubiera pulso, pero era porque su pecho estaba abierto y le masajeaban el corazón, era un movimiento artificial".

    Incluso cuando estaba claro que no había posibilidades de salvarlo, el cirujano dijo que continuaron intentándolo. "Nadie tenía el valor de decir que estaba muerto", recordó. Pero una hora después de haber recibido la llamada no le quedó más remedio que anunciar su muerte.

    "Vi a la gente, cirujanos, anestesistas, gente de cuidados intensivos, cayendo al suelo. Tumbados en el suelo, llorando en voz alta. Era un panorama muy extraño, no he vuelto a ver algo así", rememoró.

    Klausner, quien participó también en la autopsia aquella noche, cuando descubrieron que el asesino había utilizado balas expansivas para maximizar el daño, aseguró que, si el ataque hubiera sucedido hoy, con todos los avances médicos, Rabin tampoco hubiera sobrevivido.

    Ni teniendo un sanitario viajando con él, como lo tiene Netanyahu, el resultado hubiera sido diferente, enfatizó.

    Y añadió: "Veinticinco años han pasado, toda una generación… Y cuanto más tiempo pasa, más te das cuenta del significado, de la escala de la pérdida".

    Etiquetas:
    Palestina, política, Israel
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