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    La siempre alborotada situación en el Líbano ha experimentado en los últimos días un nuevo sobresalto protagonizado esta vez por la embajadora de EEUU, Dorothy Shea, quien realizó unas declaraciones acusando a la organización chií Hizbulá de prolongar deliberadamente la inestabilidad en el país y de impedir su recuperación económica.

    Unas horas después, un juez chií de la ciudad de Tiro, feudo de la comunidad chií, dictó una orden mediante la que se prohibía a Shea realizar más declaraciones sobre la política interna libanesa, y anunció la imposición de multas de hasta 200.000 dólares a cualquier medio de comunicación local que entrevistara a la embajadora.

    Desde entonces Shea no ha hecho más que conceder entrevistas reiterando la posición de Estados Unidos, que considera que Hizbulá es una organización terrorista, lo que ha servido para soliviantar más los ánimos en una sociedad profundamente dividida entre quienes desean unas relaciones privilegiadas con Estados Unidos y quienes consideran que EEUU constituye el meollo de los problemas que azotan al Líbano y Oriente Medio en general.

    Dos posiciones antagónicas dividen al país. De un lado están quienes consideran que la decisión del juez Mohammad Mazeh es una injerencia intolerable en la libertad de expresión, y del otro los que creen que la verdadera injerencia son las continuas diatribas de la embajadora sobre cuestiones de política interior que únicamente incumben a los ciudadanos libaneses.

    Dorothy Shea manifestó en los últimos días que no ha hecho ninguna declaración novedosa, y que lo mismo han estado diciendo sus predecesores en Beirut desde tiempo inmemorial, lo que es absolutamente cierto. Los embajadores de Washington tienen más poder que los ministros libaneses, que el primer ministro y que el presidente, y lo aprovechan diariamente para decir lo que está bien y lo que está mal de acuerdo con las políticas de Washington en Oriente Medio.

    El 29 de junio la embajadora americana se reunió con las autoridades libanesas que le comunicaron que la decisión del juez Mazeh se revertirá tan pronto como sea posible y no tendrá repercusiones. Por su parte, Shea dijo que había que "pasar página" al incidente judicial, dando a entender que ella seguirá realizando las declaraciones que se le antojen sobre la política libanesa.

    Hizbulá en el centro de la política libanesa

    Los medios progresistas y vinculados con Hizbulá han puesto el grito en el cielo, recordando a la embajadora que esta organización forma parte del Gobierno libanés y que de hecho el Gobierno se mantiene gracias a eso. Que Shea dialogue regularmente con un gobierno dirigido en la práctica por una supuesta "organización terrorista" constituye una contradicción.

    Además, Hizbulá es el partido más votado en Líbano, por lo que la embajadora debería hablar de la organización con más respeto. De hecho, Hizbulá denunció que Shea no está respetando la Convención de Viena que regula los privilegios y las obligaciones de los cuerpos diplomáticos para con el país anfitrión. En la Convención de Viena se indica que los diplomáticos no deberán intervenir en la política interior de los países donde están acreditados.

    Un país tan pequeño y al mismo tiempo tan complejo religiosamente como Líbano atraviesa estos días por dificultades añadidas a la ya de por sí enrevesada situación política y económica. La paz se sostiene gracias a un precario juego de equilibrios que impide que estalle otra terrible guerra civil como la que asoló al país entre 1975 y 1990.

    El 30 de junio, el Ministerio de Justicia abrió un expediente al juez Mazeh y este dimitió inmediatamente, lo que caldeó más los ánimos. Quienes acatan la decisión de Mazeh sostienen que no debe permitirse que la embajadora americana diga lo que tienen que hacer los libaneses o indique qué partidos políticos deben estar en el gobierno.

    En esta situación lo último que necesita el Líbano es que la embajadora de Estados Unidos ande echando leña al fuego un día sí y otro también. Las últimas declaraciones de Shea indican que no va a callarse, lo que significa que los libaneses tendrán que soportar sus constantes injerencias con todo el estoicismo de que sean capaces.

    Etiquetas:
    Hizbulá, injerencia, EEUU, Líbano
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