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    Vencer a una pandemia mundial causada por un nuevo virus no es tarea fácil, y desde dentro el proceso se vive con gran estrés. El medio israelí Haaretz recoge testimonios de los sanitarios que se sitúan en primera fila en la lucha contra el virus en ese país. He aquí los principales escollos que se encontraron los israelíes y cómo los superaron.

    Desde que el primer caso positivo fue detectado el 27 de febrero en Israel, el país se ha visto atrapado en un complicado período en que se han tenido que ir aplicando diferentes métodos y aprendiendo sobre la marcha, hasta el punto de producirse 15 protocolos de tratamiento diferentes.

    Uno de los grandes desafíos a los que se enfrentan los doctores y enfermeros en la lucha contra este virus es el tiempo. Es el caso del doctor Khetam Hussein, jefe de la unidad de coronavirus del Centro Médico Rambam de la ciudad de Haifa, quien recalca lo traicionero que es el COVID-19 y cómo hace cambiar las cosas en unas horas.

    "En cierto momento el progreso de la enfermedad se vuelve muy violento. En un solo día el estado del paciente se deteriora y este entra en una situación de fallo multiorgánico, lo que daña los pulmones, el hígado, los riñones y el corazón", comenta Hussein al portal israelí.

    La literatura científica es siempre el pilar sobre el que se toman todas las decisiones en estos casos, pero la premura de la situación también ha perjudicado a este campo.

    Y es que en este período se han observado métodos de investigación dudosos, una falta de grupos de control apropiados... En general, "se ha diseminado una enorme cantidad de basura científica", comenta el doctor al frente de la unidad de cuidados intensivos del Hospital Hasharon, Shaul Lev.

    En este contexto los test, en principio, son un aliado de los médicos en la batalla contra el coronavirus, pero a veces juegan malas pasadas: los test PCR, la principal herramienta utilizada para detectar el virus, tienen un modesto 70% de fiabilidad y solo evalúan la situación del paciente en el momento de la prueba, sin tener en cuenta lo que pueda pasar después.

    Esto provocaba cierto desconcierto en los hospitales israelíes al no saber si hospitalizar a los nuevos pacientes con síntomas en las unidades de coronavirus o en las generales de los centros. Por eso, en hospitales como los del Centro Médico Hadassah o el Centro Médico Sheba se abrieron unidades especiales físicamente separadas tanto de los pacientes con el virus como del resto de pacientes.

    Otro punto crítico que no ha quedado libre de confusión ha sido, sin duda, la gestión del apoyo respiratorio a los pacientes más afectados. Inicialmente, la experiencia de China e Italia, comentan los médicos, mostraba que los enfermos críticos debían ser ventilados cuanto antes.

    "Hoy nos damos cuenta de que esto no es necesariamente correcto. También hemos aprendido que no hay que apresurarse a emplear métodos de ventilación invasivos. Finalmente empezamos a usar métodos menos invasivos, y tuvimos éxito", comenta el doctor Yonathan Shapira, jefe del departamento de coronavirus del centro médico Shamir.

    De igual manera, la decisión de usar una u otra medicación en los pacientes se ha llegado a tomar con poca o ninguna seguridad. Algunos de los medicamentos han sido experimentales y algunos de ellos fueron utilizados como baza principal contra la enfermedad para ser retirados después y cambiar los tratamientos de los pacientes en mitad del proceso.

    A pesar de todas las dificultades, Israel empieza a respirar con mayor tranquilidad después de unos intensos meses ahora que el número de nuevos casos positivos detectados cada día ha vuelto a valores de dos dígitos.

    Etiquetas:
    desafíos, problemas, coronavirus, hospital, Israel
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