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    La escalada de tensión en Idlib (151)
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    MOSCÚ (Sputnik) — Turquía se la está jugando al todo o nada en la provincia siria de Idlib, donde en las últimas 24 horas cayeron abatidos 33 de sus militares a manos de las tropas sirias, que llevan días de ofensiva intentando recuperar la última zona dominada por las milicias armadas contrarias al Gobierno.

    A principios de febrero, los turcos, que controlan doce puestos de control en la zona, perdieron a 14 soldados en la ofensiva siria, pistoletazo de salida para que Turquía situara a los soldados sirios como blanco. Al menos 100 militares sirios murieron, según Ankara, aunque Damasco niega que fuera así.

    Este acontecimiento marca un antes y un después en el grado de participación militar turca en Siria que hasta ahora se había centrado en operaciones "antiterroristas" contra las milicias kurdosirias a las que señala como una extensión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una guerrilla con la que lleva décadas de enfrentamiento militar directo.

    Ahora, Ankara está técnicamente en guerra con Siria y prolongando, aunque sea de manera indeseada, una guerra de más de nueve años que ha causado cientos de miles de muertos y provocado el éxodo de millones de refugiados.

    Justificación de la escalada

    Los turcos justifican sus acciones militares en marcha por la necesidad de evitar otra ola de refugiados sirios hacia su territorio y afirman que casi un millón de personas ya han huido de la provincia por la ofensiva de los soldados sirios.

    Está información fue negada por observadores militares rusos, que explican que los terroristas tienen bloqueadas las carreteras para evitar que los ciudadanos huyan y aseguran que estos son usados como escudos humanos a manera de protección contra los ataques gubernamentales sirios.

    Al respecto, el centro ruso de monitoreo de las hostilidades en Siria instó a la parte turca a "adoptar las medidas necesarias para garantizar la salida voluntaria y segura de los residentes de las regiones orientales y meridionales de Idlib a través de los puestos de control abiertos a las áreas controladas por el Gobierno sirio".

    El director de Comunicaciones de la Presidencia turca insiste en esta visión del éxodo que amenaza a Turquía y declaró este 28 de febrero: "Estas personas intentarán escapar a Turquía y Europa. Ya albergamos cerca de cuatro millones de refugiados, no tenemos la capacidad ni los recursos para permitir la entrada de otro millón".

    Rusia y Turquía: equilibrismo diplomático

    Turquía que apoya a las organizaciones armadas que operan en Idlib, entre las que se encuentra Hayat Tahrir al-Sham, antiguamente llamada Frente Al Nusra (filial de Al Qaeda en Siria y organización terrorista prohibida en Rusia), y Rusia que apoya al Gobierno sirio, se han encontrado de repente con una prueba de fuego a su estrecha alianza, culminada con la venta de los sistemas rusos S-400 y la vía libre de productos turcos (principalmente frutas y verduras) para su venta en territorio ruso, después de estar un periodo de tiempo vetadas tras el derribo por Turquía de un caza ruso en Siria.

    Rusia y Turquía están realizando en estos momentos un gran ejercicio de equilibrismo diplomático para no echar por tierra todos los logros económicos obtenidos con el comercio bilateral, la venta de armas y la colaboración en materia energética (gasoducto Turk Stream, construcción de la central nuclear de Akkuyu).

    No queda claro hasta qué punto Turquía y Rusia están dispuestas a arriesgar todo esto, el Gobierno turco se ha beneficiado de su apoyo a las milicias armadas porque le ha servido en multitud de ocasiones como garantía en negociaciones diplomáticas sobre Siria. Sin esta patrocinación no tendría voz ni voto en la solución del contencioso, motivo por el que Turquía ve en su rol en la guerra una necesidad geopolítica estratégica. Y Rusia ve en su apoyo al Gobierno de Asad una manera de asegurar cierta influencia en una región devastada por el caos yihadista, producto de los cambios de régimen de la llamada Primavera Árabe.

    A nivel político, con la reciente escalada en Idlib, la colaboración ruso-turca en Siria, que desembocó en el logro de un alto el fuego y la creación de zonas de distensión en el país, se ha visto en entredicho, con acusaciones cruzadas de incumplir los acuerdos alcanzados al respecto.

    Estas últimas discordancias le valieron a Washington como una oportunidad para explotar las desavenencias entre Rusia y Turquía, aunque de momento es improbable que vaya a surtir efecto, ya que explicó Erdogan recientemente: "No necesitamos que ningún país intente acercarse a nosotros para aprovecharse de la tensión actual entre Rusia y Turquía".

    Miedo a un conflicto internacional

    Si la carta diplomática no se juega adecuadamente, el todo o nada turco puede derivar en un conflicto internacional de consecuencias catastróficas. Al menos, en este sentido se pronuncia la Unión Europea que urge a frenar la escalada militar antes de que sea demasiado tarde.

    "Es necesario frenar urgentemente la escalada actual. Existe el riesgo de que derive en una gran confrontación militar internacional abierta. También está causando insoportables sufrimientos humanitarios y poniendo en peligro a los civiles", publicó el jefe de la diplomacia europea, el español Josep Borrell, en la red social Twitter.

    Por su parte Rusia, a través de su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, llamó a la calma y al diálogo para resolver la deteriorada situación. Al respecto, dijo que todos "los actores externos tienen que aunar esfuerzos y cooperar para bajar la tensión y evitar la crisis".

    "La necesidad de la cooperación debería existir en todas las etapas y no solo cuando ya comenzó la tempestad", advirtió Lavrov.
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    La escalada de tensión en Idlib (151)
    Etiquetas:
    tensiones, Rusia, relaciones, Siria, Idlib
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