16:12 GMT +318 Diciembre 2018
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    Elías Sanbar, embajador de Palestina ante la Unesco

    Embajador palestino ante la Unesco: "Jamás nos sacarán de escena"

    © Sputnik / Patricia Lee Wynne
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    Patricia Lee Wynne
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    Elías Sanbar es una de las figuras más relevantes de las letras palestinas contemporáneas. Actualmente se desempeña como embajador de Palestina ante la Unesco, un puesto que aceptó como parte de un compromiso con su pueblo. Sputnik dialogó en exclusiva con este exponente durante su paso por Buenos Aires.

    Sanbar nació en Haifa en 1947, pero él y su familia formaron parte del éxodo palestino posterior a la Guerra Árabe-Israelí de 1948. Transcurrió su infancia y su juventud en el Líbano y en 1967 viajó a Francia, donde cursó su doctorado en Derecho Internacional.

    En esos años se unió a la Resistencia Palestina, tras la derrota en la Guerra de los Seis Días en 1967, "al igual que decenas de miles de jóvenes" de su generación, narra en diálogo con Sputnik en Buenos Aires, con motivo de su participación del I Foro Mundial del Pensamiento Crítico, organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).

    Ese compromiso se ha mantenido "muy activo" desde entonces y ha asumido responsabilidades como la preparación de las negociaciones de Madrid en 1991 o por el derecho al retorno de los refugiados palestinos.

    En paralelo, ha mantenido siempre su actividad profesional docente, literaria —tradujo al francés toda la obra del poeta palestino Mahmoud Darwish— y de creación de pensamiento, dado el carácter honorario de sus tareas en la causa palestina. Por primera vez asumió un cargo formal cuando aceptó la representación palestina ante la Unesco.

    Elías Sanbar, embajador de Palestina ante la Unesco
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    Elías Sanbar, embajador de Palestina ante la Unesco

    — Sanbar, usted ha tenido una vida dedicada a la causa palestina.

    — Es nuestra vida. No teníamos otra opción. Lo que ha sucedido es a causa de la negación: hemos sido víctimas de un negacionismo, como si no existiéramos. Esa es la gran tragedia. Durante décadas, los palestinos no existimos. Tuvimos que actuar para que el mundo supiera que existíamos. Nos las arreglamos para que eso sucediera. Fue un período muy duro, pero al mismo tiempo formidable y bello. Estábamos comprometidos con una causa y pensábamos que estábamos de acuerdo entre nosotros.

    Pero fue difícil, con muchas pérdidas de amigos cercanos, no apenas conciudadanos palestinos. Estamos hablando de intelectuales comprometidos, que no es alguien que apenas analiza. Un intelectual comprometido es alguien que analiza y que actúa. A menudo, los intelectuales que se consideran comprometidos son comentaristas de actualidad. Comentan, pero, ¿por dónde pasa el compromiso? La reflexión se acompaña con la acción, y es lo que hice toda mi vida.

    — Donald Trump decidió reconocer Jerusalén como la capital de Israel y en Brasil, el presidente electo, Jair Bolsonaro, dijo que haría lo mismo.

    — Le deseo mucha suerte. Pueden reconocer lo que quieran, tomar la decisión que se les ocurra. Pero mientras nuestra causa no tenga una solución justa, el conflicto permanecerá. No lo digo porque me guste el conflicto o que la gente sufra, muy por el contrario. Hay mucha ilusión entre los países, los responsables y los partidos políticos de que las cosas pueden ser resueltas sin nosotros.

    Los primeros enfrentamientos en Palestina fueron en 1896. Theodor Herzl todavía no había publicado su libro, 'El Estado Judío'. Balfour no había emitido una declaración para el hogar nacional judío, de 1917. Todo comenzó en 1896. Ya es casi 2019 y aún no hemos salido de escena.

    Si quieren divertirse, pueden hacerlo, pero no saldremos de escena. No porque seamos excepcionales ni porque seamos una potencia. Nadie nos puede sacar de escena justamente porque somos la cuestión misma, no somos simples actores.

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    Los países árabes, los estadounidenses, son actores. Pero nosotros somos la cuestión. ¿Quieren resolverla? No pueden hacerlo sin nosotros. Hace 120 años que lo venimos demostrando.

    Hace un año Trump dijo que anunciaría el plan de paz del siglo. ¿Sabe por qué no lo anuncia? Porque no está seguro de que diremos que sí. No es porque no lo tenga: tiene un plan, uno muy malo. Pero como sabe que diremos que no, espera. Nosotros, lamentablemente, hace más de un siglo que estamos esperando.

    — Usted suele hablar de la complejidad del exilio palestino.

    — En general, los pueblos o grupos humanos exiliados se encuentran en tierra extranjera. Por ejemplo, los armenios en Marsella. Marsella no es Armenia: la lengua y muchas otras cosas son diferentes. Eso es lo que suele pasar con los exiliados corrientes.

    Nosotros nos exiliamos en países donde estábamos como en casa. Llegamos a sitios con la misma lengua y la misma cultura, los países árabes. Es un desplazamiento. No nos sentimos extranjeros, porque tenemos la misma cocina, la misma historia, la misma lengua, la misma música, la misma cultura clásica, los mismos poetas.

    Es distinto cuando usted tiene que ir a una tierra totalmente extranjera. Nosotros estamos en un exilio forzado, pero no en una tierra extranjera. Es por eso que no podemos decir que nos hayamos tenido que integrar. No lo necesitamos, porque conocíamos la lengua. Estábamos un poco como en casa.

    — ¿Eso es a causa de la unidad de una nación árabe?

    — La nación árabe es una cosa muy distinta. Es el espacio es el mismo, la territorialidad es la misma. La nación árabe es un concepto que viene luego, algo que se construye. Una realidad política. Yo le hablo de una realidad natural: de lengua, de espacio, de territorio, de cultura, de cocina y de música. La nación es algo distinto, es el compromiso en un proyecto nacional.

    Palestina es muy chica. Si usted suma la superficie de Israel, Cisjordania y Gaza hay 30.000 kilómetros cuadrados. Pero es una caja de resonancia, como la de una guitarra o una viola. En Palestina resuenan un montón de cosas que no son de Palestina en sí.

    Por ejemplo, la cuestión judía. O las cruzadas, que aún están en las cabezas occidentales. También la cuestión estratégica del Canal de Suez resuena en Palestina, e incluso la cuestión de la Tierra Santa.

    Es un territorio extraño, el único en el mundo que es santo para las tres grandes religiones. Arabia es tierra santa para el Islam. Pero el único lugar en el mundo bendito para el judaísmo, el islam y el cristianismo es Palestina.

    — ¿Palestina es el centro del conflicto árabe?

    — No únicamente. Está la cuestión colonial. Y la cuestión judía, qué respuesta se le daba a la barbarie nazi y la justicia para las víctimas. Hacía falta la justicia, pero no para hacerle pagar el precio a nuestro pueblo. Esa es la cuestión.

    Occidente se liberó de esta responsabilidad y la echó en nuestra espalda. Hay un documento increíble de una conversación a bordo de un barco en el Canal de Suez, en 1944, entre Franklin D. Roosevelt y Abdelaziz bin Saúd, entonces rey de Arabia Saudita.

    Roosevelt le pidió su ayuda porque hacía falta "a todo precio" darle Palestina a los judíos. Bin Saúd le respondió que él no era más que un beduino, alguien no muy sofisticado. "Ya que los alemanes los hicieron sufrir, ¿por qué no les dan las tierras más bellas y fértiles de Alemania?", le preguntó.

    Roosevelt le dijo que no era eso lo que querían, sino Palestina. Bin Saúd le dijo que eso era algo muy complicado. "Soy un simple beduino, no entiendo", dijo. Era una ironía, y la conversación se paró ahí.

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    — La mayoría de los judíos que bregaban por el Estado de Israel estaban en Alemania, Polonia o Rusia…

    — Los árabes de religión judía llegaron luego del nacimiento del Estado de Israel. Hasta 1948, es un éxodo europeo a causa del nazismo. Recién luego llegan los judíos de otras partes. Los ingleses llevaban las estadísticas de la inmigración porque controlaban los puertos palestinos. Y hasta 1932, había muy poca gente que llegaba por dos grandes razones.

    La primera es sociológica. No había una comunidad judía campesina, porque son urbanos. Y el proyecto sionista es rural, de volver a la tierra, de cultivarla, de fundar kibutz, colonias de producción. No es su sociedad ni su manera de ser. Tenían más ganas de ir a Nueva York que a Galilea.

    Luego, eran muy europeos. Es decir, el gran sufrimiento de los judíos de Berlín, por ejemplo, es que eran muy alemanes: tenían la lengua, la cultura y la música alemana. No eran una comunidad que estuviera de paso. La idea de desarraigarse era muy pesada, muy difícil para ellos.

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    Pero con la llegada de Hitler en 1933, comprendieron que la situación iba a ser peligrosa. Si en ese momento miramos las cifras de la inmigración, son muchos los que llegaron a Palestina. Pero hay que hacer otra salvedad. A fines de los años 30, los estadounidenses y los ingleses les cierran las fronteras a los judíos.

    ¿Por qué? Porque la convicción estadounidense y británica era que los judíos europeos eran todos comunistas, y no querían comunismo bajo ningún concepto. Estas personas que huían del nazismo, un poco estaban obligadas a ir a Palestina. Soñaban con ir a Londres, a Nueva York. Y eso, ni los ingleses, ni los estadounidenses lo cuentan.

    — ¿Cree usted que la solución de dos Estados, Israel y Palestina, se alcanzará?

    — Hoy está muy lejana. Creo que es una buena solución y puede preparar una verdadera reconciliación, porque puede hacer nacer una nueva relación de vecindad. Primero los pueblos comienzan a ser buenos vecinos y luego se consolida la paz.

    Hubo más de un siglo de guerra, sufrimiento y tristeza. La paz no puede venir simplemente firmando un papel. Hace falta trabajar por una reconciliación que derive en una verdadera paz, mucho más sólida que apenas un papel firmado.

    Para mí el ideal no está en uno o dos estados, sino en una verdadera separación del estatuto de ciudadano y su religión. Pero Israel continúa eligiendo a la extrema derecha. Con la nueva Ley del Estado-Nación [aprobada en julio de 2018], de repente el árabe se vuelve una lengua que no cuenta más. Y es una Ley del apartheid: solo los judíos tienen derecho a la autodeterminación, según el artículo 1.

    Eso es apartheid: un 20% de la población de Israel son palestinos, cerca de 1,8 millones de  personas. Son los descendientes de los que no partieron en la Nakba [la expulsión de cientos de miles de palestinos de sus tierras en 1948]. Y ahora no existen más a los ojos de la ley israelí.

    Ahora buscan preparar una ley para establecer la pena de muerte para los que consideran palestinos que cometen actos terroristas. Pero ellos definen qué es terrorismo y todo es terrorismo. Israel va hacia la extrema derecha de una manera muy clara, pero es el ambiente mundial.

    — ¿Cómo es la situación en Gaza?

    — Como decía al principio, el problema que no logran resolver es que Gaza está aún ahí. Los modos, modelos y métodos pueden cambiar, pero el objetivo es sacarnos de la escena. Y no van a salir de escena ni los palestinos de Gaza, ni de Cisjordania, ni de Jerusalén, a pesar de todo.

    Gaza es uno de los problemas de Israel. Israel querría que el Estado palestino fuera solo Gaza. Ellos quieren Cisjordania, pero Gaza no les interesa. Piensan que Egipto puede controlarla, que pueden dar un pequeño Estado y luego mostrarlo al mundo. Pero no funciona así.

    Ellos apoyaron el nacimiento de corrientes islamistas palestinas, pensando que así iban a debilitar a Yasser Arafat. Ahora se volvió engorroso y quieren deshacerse de eso. Es exactamente como los estadounidenses y Bin Laden, una invención de ellos en Afganistán. Luego les explotó en la cara.

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    — ¿Puede haber una escalada militar?

    — Hoy todo es posible. Para empezar, Irán se volvió un país fronterizo de Palestina. En el sur del Líbano, está Hizbulá, en la frontera con Israel. Gaza no tiene relación de fuerza pero no se repliega cuando los israelíes le cortan los puentes. Luego, la presencia rusa en Siria bloqueó bastante los movimientos de la aviación israelí. Los asuntos no son como eran antes. No es tan simple: pueden hacer una guerra. No la perderán, pero tampoco la ganarán.

    — ¿Cómo son las relaciones con América Latina?

    — Son buenas con muchos países. Tenemos muchas comunidades palestinas en Chile, Argentina, Colombia y Brasil. La más importante está en Chile, luego en EEUU. Si bien las relaciones son buenas, puede cambiar. Usted mencionaba a Brasil, algo que no es un detalle. Los Gobiernos están virando a una derecha más dura. Trump ha provocado un desorden importante y trae consecuencias.

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    causa, derechos, soberanía, Clacso, UNESCO, OLP, Autoridad Nacional Palestina (ANP), Elías Sanbar, Mahmud Abás, Argentina, Israel, Palestina, Francia