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    Edificios destruidos en Mosul

    Victoria pírrica: cómo la toma de Mosul desencadenó el soberanismo kurdo en Irak

    © AP Photo / Felipe Dana
    Oriente Medio
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    La consulta independentista del Kurdistán iraquí ha supuesto la culminación de las tensiones territoriales que vive Irak. La liberación de Mosul de manos de los extremistas, lejos de compactar el proyecto nacional iraquí, tensó aún más las relaciones entre los diferentes pueblos que habitan el país.

    Las ruinas de la ciudad son testigos de un largo historial de encarnizadas batallas de intereses entre las cúpulas árabes y kurdas del país. El influyente centro de pensamiento Consejo de Asuntos Exteriores de Rusia ha publicado un artículo en el cual el doctor en Ciencias y analista del Centro de Estudios Árabes e Islámicos de la Academia de Ciencias de Rusia, Ildar Miniazhetdínov, analiza cómo la toma de Mosul por parte de las fuerzas leales a Bagdad desencadenó el proceso soberanista del Kurdistán iraquí. 

    Mosul, entre Bagdad y Erbil

    En primer lugar, la crisis alrededor de Mosul causó un fuerte golpe a la integridad del propio Estado iraquí. Tanto su pérdida como su posterior recuperación de manos de Daesh agudizaron el conflicto de intereses entre Bagdad y Erbil —capital de la Región Autónoma Kurda de Irak y sede del gobierno regional kurdo—, adquiriendo un carácter de confrontación irreconciliable. Esta fue la gota que colmó el vaso y llevó a que los líderes kurdos finalmente se decidieran por la independencia.

    La ciudad de Mosul siempre ha sido un territorio en disputa entre árabes y kurdos. En Erbil consideran que Mosul es una ciudad tradicionalmente kurda, ubicada dentro del territorio de sus asentamientos acenstrales, y durante mucho tiempo han exigido su inclusión en la autonomía kurda. En Bagdad, por el contrario, desde siempre han tratado de evitarlo y han tratado de tomar la ciudad bajo su control.

    Por mucho tiempo, esta 'situación intermedia' ha permitido a las autoridades de Mosul mantener cierta independencia del Gobierno central, decantándose por una u otra parte en función de sus propios intereses. El poder en la ciudad estaba compuesto de tal manera que todas las etnias que la habitaban contaban con sus representantes políticos. Así, el cargo de alcalde de la ciudad estaba reservado para un árabe, mientras que el vicealcalde era un kurdo. 

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    Todo cambió después de la retirada del contingente estadounidense en 2011, cuando el Gobierno central intentó modificar el equilibrio de fuerzas en favor de Bagdad, que pretendía hacer que esta ciudad fuera más chií —la etnia mayoritaria de Irak—.

    El abandono de Mosul ante los terroristas

    La misión de recuperar el control sobre la región de Mosul le fue asignada al general de división Mahdi Gharawi. Tristemente conocido por todo Irak, fue uno de los fundadores de 'los escuadrones de la muerte' del Ministerio del Interior, que mediante ejecuciones, secuestros y desplazamientos forzados de población contribuyeron a la guerra civil de 2006-2008. Esto generó la huida masiva de iraquíes de las regiones centrales del país.

    Era de esperar que al ser asignado como jefe de la Policía federal y del Comando Operativo de las FFAA en la región de Nínive, Al Gharawi adoptase la misma táctica que empleó en el centro de Irak. El general anunciaba a menudo que había aniquilado a miles de terroristas en Mosul, aunque la mayoría acababan siendo habitantes locales de Mosul y otras ciudades de la zona. 

    No obstante, la guerra contra los verdaderos terroristas resultó ser una ficción. Fue precisamente durante el mandato de Mahdi Gharawi cuando Mosul fue ocupada por Daesh. En verano de 2014, entre 800 y 1.300 combatientes del grupo terrorista entraron en la segunda ciudad más grande del país, que había sido antes abandonada por las tropas bajo el mando de Gharawi.

    Más tarde, una comisión parlamentaria probó que el general conocía los informes de inteligencia sobre un inminente ataque de Daesh, por lo que el alto mando decidió abandonar su sede en Mosul y dejar la ciudad a merced de los terroristas.

    Los 'trapicheos' con Daesh 

    La entrega de Mosul afectó enormemente a la seguridad nacional y la integridad territorial del Estado iraquí y creó además las condiciones favorables para una exitosa expansión del terrorismo por toda la región.

    Así, los extremistas se apoderaron de los arsenales de la ciudad, incluyendo sistemas adquiridos previamente por Irak a países como Rusia y EEUU. Además, el grupo radical se apoderó de las riquezas abandonadas en los bancos de Mosul, cuya suma estimada se calculó en unos 429 millones de dólares. Según algunos medios, en aquel entonces, Daesh se había convertido en la organización terrorista más rica del mundo.

    Por si fuera poco, el Banco Central de Irak no solo no cerró sus sucursales en Mosul, sino que, por el contrario, continuó transfiriendo recursos a esta región ocupada. En enero de 2015, la agencia Reuters informó de que cerca de 130 millones de dólares se destinaban mensualmente a Mosul para pagar los salarios de los empleados públicos. Al mismo tiempo, Financial Times indicó que los islamistas radicales graban con hasta un 50% esos pagos.

    En primavera de 2016, el subcomité del Parlamento británico dedicado a la lucha contra la financiación del terrorismo señaló que los cabecillas de Daesh obtenían fondos a través de la sede del Banco Central de Irak en Mosul. Según cálculos de aquel entonces, las ganancias mensuales de los terroristas alcanzaban los 20 millones de dólares.

    Obstáculos al avance kurdo sobre Mosul

    Poco antes de la caída de Mosul en manos de los radicales, los grupos de autodefensa del Kurdistán solicitaron hasta el último momento al primer ministro Nuri Maliki que les abriera el paso a la ciudad para defenderla con sus propias fuerzas. Tras varias negativas y la caída de Mosul, los kurdos congelaron sus contactos con el Gobierno central.

    Más tarde, los peshmerga —como se conoce a los combatientes kurdos— anunciarían que estaban dispuestos a recuperar el control de la ciudad por su propia cuenta.

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    A principios de 2015, los kurdos realizaron una ofensiva contra los extremistas en Mosul, pero justo cuando los comandantes del Kurdistán anunciaban que se encontraban cerca del centro de la ciudad, el Gobierno del primer ministro iraquí Nuri Maliki detuvo bruscamente la financiación estatal de las milicias kurdas. Esta medida fue considerada por Erbil como un claro golpe por la espalda.

    El futuro incierto de Mosul

    Teniendo en cuenta todos estos factores —la entrega de la ciudad, las transacciones con los terroristas y la obstaculización del avance kurdo, varias figuras políticas en Irak consideran que la crisis de Mosul, al igual que el caso de otras ciudades en una situación similar, muestran que el 'caos' fue fruto de una política deliberada de Bagdad para que las fuerzas extremistas expulsaran a las fuerzas kurdas de la región. Su objetivo, según estas voces, era recuperar más tarde el control del terreno. 

    Ahora, una vez Mosul ha sido finalmente liberado gracias a las milicias chiís apoyadas por Irán, el futuro de la ciudad dependerá de cómo concluyan las negociaciones entre Bagdad y Erbil en la región de Nínive. Los iraquíes mantienen el control sobre la ciudad y la zona sur de la provincia, mientras que los kurdos tienen presencia en el norte y el este.

    No obstante, indica el especialista, lo más probable es que ambas partes no lleguen a un acuerdo en los próximos años y las perspectivas de reconstrucción y recuperación de la ciudad se queden en suspenso durante algún tiempo.

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    De esta manera, concluye, la liberación de Mosul es para las autoridades de Bagdad una 'victoria pírrica' que en muchos de sus elementos refleja la catástrofe que atraviesa toda la sociedad iraquí.

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    Etiquetas:
    kurdos, Kurdistán, Mosul, Irak
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