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    Bashar Asad se ha fortalecido al frente del Gobierno sirio gracias a la ayuda de Rusia e Irán, por lo que es dudoso que salga del poder. Además, EEUU y Occidente ya no están interesados en su salida, pues temen una nueva ola de refugiados, opina Guido Steinberg, experto alemán en Estudios Islámicos y Política.

    Soldados sirios patrullan las calles del barrio Bani Zeid, Alepo, 28 de julio de 2016
    © AFP 2020 / GEORGE OURFALIAN
    El poder de Asad ha quedado demostrado en Alepo, argumentó el experto en una entrevista a Tagesschau. Es allí donde las fuerzas del presidente sirio han logrado rodear a los rebeldes. En caso de que Asad consiga hacerse con el control de esta región, gran parte del oeste de Siria volverá a estar en sus manos.

    El mayor problema al que se enfrenta Asad en Alepo es garantizar la seguridad de la población civil. A pesar de que las fuerzas sirias han pedido a los ciudadanos abandonar las zonas de alto riesgo por medio de los corredores humanitarios creados con ese fin, "la gente del este de Alepo estaba apoyando a los rebeldes y teme ser arrestada en caso de usar esos corredores".

    Mientras que Asad intenta sacar a la población civil de la urbe para continuar con más ahínco la lucha contra los rebeldes, estos intentan evitarlo, en parte para "esconderse detrás de los ciudadanos".

    Alepo es una ciudad clave, explica el experto y, si Asad toma el control de la misma, podrá mover la lucha a los alrededores de Damasco. El siguiente paso, después de tomar Alepo, será trasladar la batalla a la provincia de Idlib. De lograrlo, cree Steinberg, la guerra civil estará prácticamente ganada por Asad.

    El experto considera que la intervención de Moscú en la guerra supuso un momento determinante, después del cual ha cambiado la situación de pies a cabeza. Sin embargo, no hay que sobreestimar el papel desempeñado por Rusia, dado que Irán, Líbano, Irak y Afganistán también participan en la contienda, así como la organización islámica Hizbulá, reflexiona el autor.

    Steinberg está seguro de que EEUU ya no busca la salida de Asad, aunque sigan afirmando que es la opción más deseada. En 2014, explica el experto, EEUU decidió luchar contra Daesh —organización proscrita en Rusia y otros países— y la salida de Asad pasó a un segundo plano.

    "Yo considero que el Gobierno norteamericano y Europa no han sido del todo honestos", afirma Steinberg. En su opinión, después de la crisis de refugiados en 2015, algunos de los jugadores políticos europeos están satisfechos con que Asad controle una parte significativa de Siria. Occidente tiene miedo de que la extensión del caos en Siria signifique el éxodo de los habitantes de ciudades como Damasco, Hama, Homs y Latakia. "Es por eso que EEUU y sus aliados no quieren que el régimen de Asad caiga".

    Las negociaciones de paz no son una opción, considera el experto. El Gobierno de Asad se ha fortalecido lo suficiente como para no ceder en ese sentido.

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    Para finalizar, el analista aseveró que la clave para una mejora en la situación humanitaria en Siria puede ser un acuerdo entre EEUU y Rusia. Sin embargo, la gran influencia de Irán en la región es un obstáculo para la consecución de una solución política entre los dos países.

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    Etiquetas:
    Bashar Asad, Alepo, Siria, EEUU, Rusia
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