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    Israel celebra hoy unos comicios que podrían poner fin a la era Netanyahu

    Israel celebra hoy unos comicios que podrían poner fin a la era Netanyahu

    © REUTERS / Baz Ratner
    Oriente Medio
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    Los israelíes que prefieren que no los siga dirigiendo el primer ministro Benjamín Netanyahu tienen la esperanza de que su sueño se haga realidad hoy, día en que Israel celebra elecciones legislativas con un adelanto de dos años.

    Los sondeos publicados por los medios de comunicación israelís el viernes pasado —último día en que se permitía difundirlos— le daban la victoria a la Unión Sionista, liderada por el laborista Isaac Herzog, que se presenta en coalición con el partido centrista Hatnua (El Movimiento), de la exministra de Justicia Tzipi Livni.

    La última encuesta publicada por el diario Yedioth Aharonoth (centroderecha, el más leído de los de pago) indicaba que la Unión Sionista conseguiría 26 escaños y el Likud 22, de manera que Herzog tendría prioridad para intentar formar el próximo Gobierno.

    El líder laborista ha ido ganando peso, en parte porque Netanyahu ha cometido errores, según fuentes de su propio partido citadas por el diario de izquierdas Haaretz.

    Entre las acciones que no le han funcionado a Netanyahu está el discurso que pronunció el 3 de marzo en el Congreso de EEUU, en el que advirtió del "peligro" de un acuerdo entre Irán y la comunidad internacional sobre el programa nuclear de Teherán.

    "El discurso del Congreso le ayudó a subir un par de escaños en las encuestas a Netanyahu, pero este efecto se desvaneció", afirma el analista israelí Motti Morell. "Netanyahu ha hablado de Irán y ha dejado de lado las cuestiones económicas y sociales, que son las que preocupan a la mayoría de israelíes", opina Morell.

    En los últimos días, Netanyahu ha empezado a hacer promesas sobre la reducción del precio de la vivienda y a hablar de temas sociales. En las entrevistas en televisión "ha hecho un último intento desesperado de luchar contra las encuestas" y sacar de casa a los votantes del partido descontentos, según afirmó el comentarista Sima Kadmon en Yedioth Aharonoth.

    La desesperación de Netanyahu se hizo más evidente que nunca cuando ayer recurrió a un regreso a su ideología original de juventud: la oposición a un Estado palestino, al que expresó apoyo al iniciar su mandato del 2009.

    Netanyahu dice en una entrevista publicada ayer por la web NRG —del magnate Sheldon Adelson y vinculada al periódico Makor Rishon de las colonias judías— que si resulta reelegido no se creará un Estado palestino.

    Un claro intento de ganarse el voto de los colonos que suelen elegir a La Casa Judía del ministro de Economía, Naftali Bennett.

    "Cualquier persona que quiere establecer un Estado palestino y evacuar territorio se lo da a los ataques islamistas radicales contra Israel", afirma Netanyahu en la entrevista. "La izquierda ha enterrado su cabeza en la arena durante todo el tiempo y hace caso omiso", subraya.

    El líder del Likud indica que si la Unión Sionista gana las elecciones "se uniría a la comunidad internacional y cumpliría sus órdenes". Esto incluiría la congelación de la construcción en las colonias de Cisjordania y Jerusalén Este y volver a las fronteras de 1967, anteriores a la ocupación de los territorios palestinos.

    Durante una visita al asentamiento de Har Homa (Jerusalén este) ayer, Netanyahu advirtió que si no es primer ministro, en Jerusalén se establecerá un "Hamastán B", en referencia a la Gaza de Hamás.

    Además, se comprometió a preservar "la unidad de Jerusalén" y anunció que seguiría "construyendo y fortificando" la ciudad para evitar su división. Los palestinos quieren que la parte este, ocupada por Israel, sea la capital de su Estado.

    Los nervios de Herzog parecen mucho más templados. Quizás la procesión va por dentro, pero su fama de hombre pulcro y correcto le ayuda a evitar exabruptos unas horas antes de que se abran las urnas.

    La única sorpresa de la Unión Sionista el día antes de los comicios, que se puede interpretar como un intento de reforzar la figura de Herzog, fueron las declaraciones de su compañera de coalición, Tzipi Livni.

    La líder de Hatnua anunció que cancelará el acuerdo al que había llegado con Herzog para ocupar el cargo de primer ministro en rotación —dos años cada uno— si esto llega a representar un obstáculo para formar Gobierno.

    Livni ha encontrado su salvación política en el tándem con los laboristas, con los que se siente cómoda porque "su discurso ya no es de centro-izquierda", dice Meir Margalit, del partido de izquierdas Meretz.

    Los laboristas han adoptado una buena parte de la visión del centro-derecha en una decisión práctica para robarle votos a partidos de centro. Este pragmatismo podría acabar materializándose en un gobierno de unidad nacional (coalición de la Unión Sionista y el Likud).

    Esta opción, que Herzog y Netanyahu han descartado —el primero con la boca chica—, es según Margalit la posibilidad más factible.

    Los 5,8 millones de israelíes llamados hoy a las urnas desvelarán las incógnitas y podrían provocar sorpresas, ya que los analistas indican que entre el 10% y el 20% de ellos aún no han decidido a quien votarán.

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    Etiquetas:
    elecciones en Israel, Unión Sionista, Likud, Isaac Herzog, Tzipi Livni, Benjamín Netanyahu, Israel
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