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    Repasamos el 2020, el año que lo cambió todo (87)
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    LIMA (Sputnik) — En 2020, y más precisamente en solo días de este año, Perú tuvo tres presidentes. Debe ser uno de los casos más extraños en la historia reciente de las democracias de América Latina y aún hay quien se pregunta cómo pudo un país llegar a eso.

    Para dar una explicación, es preciso indicar que Perú tiene un sistema presidencialista, pero con una fuerte carga de poder en el Congreso, que posee una sola cámara. Esto hace que las decisiones de los 130 integrantes del Legislativo sean determinantes y no pasen casi por ningún filtro para convertirse en mandatos innegociables para el Ejecutivo.

    Memorial en honor a Inti Sotelo y Jack Bryan Pintado, asesinados el 14 de noviembre durante la represión policial.
    © Sputnik / Marco Teruggi
    Se podría decir que todo el desequilibrio político peruano empezó mucho antes, con la toma de mando de Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018), elegido en los comicios generales para el periodo 2016-2021 por el partido Peruanos por el Kambio (centroderecha).

    La elección de Kuczynski fue muy ajustada frente a su opositora Keiko Fujimori, del partido Fuerza Popular (derecha), a quien superó en segunda vuelta por poco más de 40.000 votos de diferencia.

    A pesar de la derrota, Fujimori logró tener una mayoría amplia en el Congreso, con 73 representantes, mientras que el partido de Kuczynski logró apenas 18 y sin ninguna bancada aliada.

    ​Aunque sin sustento alguno, Fujimori consideró siempre que le habían "robado" las elecciones y su posición obstruccionista hacia el Ejecutivo la dejó clara desde el momento en que se negó a saludar al triunfador.

    Luego, la bancada fujimorista empezó a hacer uso de una práctica que ha marcado la política peruana en todos estos años: plantear pedidos para destituir al presidente bajo la figura constitucional de la incapacidad moral, siempre en base a acusaciones de presuntos actos de corrupción, nunca probados, contra el jefe de Estado.

    Primer caído

    Kuczynski enfrentó dos pedidos de destitución. Del primero salió librado; del segundo, en marzo de 2018, no, pero porque un escándalo de corrupción lo hizo renunciar antes de la inminente destitución que alistaba el Congreso. En ese entonces asumió por sucesión su primer vicepresidente, Martín Vizcarra, quien continuó con el enfrentamiento con el Congreso fujimorista.

    Las tensiones entre ambos poderes hicieron que Vizcarra procediera a disolver el Congreso legalmente en septiembre de ese año y convocar a comicios legislativos extraordinarios para que nuevos parlamentarios asuman hasta el fin del periodo regular, es decir hasta julio de 2021.

    Acá es donde viene lo que muchos analistas consideran como el error que causó que finalmente Vizcarra fuera destituido tiempo después: el exmandatario, sin partido político, no presentó lista para el nuevo Congreso, lo que resultó en una falta completa de apoyo en un Legislativo que, tras los comicios extraordinarios, quedó conformado por nueve bancadas, ninguna con mayoría clara.

    El nuevo Congreso, con 68 de sus 130 miembros investigados o condenados por la justicia por diversos delitos, muchos ligados a actos de corrupción, se vio enfrentado a Vizcarra, a quien le planteó dos pedidos de destitución por incapacidad moral. Del primero se salvó, del segundo no y dejó la presidencia el 9 de noviembre de este año.

    El Congreso, según sondeos, es la institución pública más desprestigiada en Perú.

    Aun así, legalmente, pero con la opinión pública claramente en su contra, puso en la presidencia al titular del Parlamento, Manuel Merino, del partido Acción Popular (centroderecha), pues Vizcarra no contaba con un vicepresidente que lo sucediera.

    Despierta Perú

    Esto hizo que la calle en Perú hablara como pocas veces se ha visto. Ni bien asumió Merino, las manifestaciones ciudadanas en protesta se sucedieron a diario hasta que, al día siguiente del 14 de noviembre, cuando se registró una protesta masiva que terminó con civiles muertos y heridos, el jefe de Estado se vio obligado a renunciar luego de un mandato de cinco días. El país era un caos y no había otra salida que dejar el Palacio de Gobierno.

    Rocío Silva Santisteban, congresista peruana
    © Foto : Gentileza Rocío Silva Santisteban
    Así es como el Congreso debió elegir a uno de sus integrantes para asumir la máxima jefatura y, ante la presión ciudadana, ese encargo recayó en Francisco Sagasti del Partido Morado, una agrupación de centroderecha, que fue la única que votó en bloque en contra de la destitución de Vizcarra y, por tanto, la única confiable a los ojos de la ciudadanía.

    Sagasti asumió la presidencia el 17 de noviembre, apenas ocho días después de la destitución de Vizcarra, siendo el tercer jefe de Estado que asumía el mando en Perú en 2020.

    Legalmente, Sagasti es un presidente de transición, pues su Gobierno tiene la misión principal de asegurar la celebración de las elecciones generales programadas para el 11 de abril próximo y donde se elegirán presidente y un nuevo Parlamento para el periodo regular 2021-2026.

    ​Sus relaciones con el Congreso no están exentas de roces, pero no llega a tener ribetes críticos como los que tuvieron las administraciones anteriores.

    Y eso es lo que desea el país: no más enfrentamientos y que se pueda elegir mejor a sus futuras autoridades para que no se repita una situación tan penosa, que ha revelado la fragilidad de una democracia a todas luces pálida.

    El peruano espera. 

    Tema:
    Repasamos el 2020, el año que lo cambió todo (87)
    Etiquetas:
    Francisco Sagasti, Martín Vizcarra, Pedro Pablo Kuczynski, Perú
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