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    Los esfuerzos analíticos 'post-facto' donde los más audaces o interesados intentan explicar los motivos de sus victorias o derrotas electorales, casi nunca van al meollo de la cuestión, solo sirven como preparativos retóricos para los escenarios por venir.

    Ensalzan sus éxitos o justifican la pérdida del objetivo, con adornos y metáforas que si se dijesen de manera más clara y directa, se resumiría de la siguiente manera: 

    En política, solo los votos pueden contarse. En el sistema de democracia occidental un voto de ventaja determina al ganador; la legitimidad es un ejercicio del poder y no un decreto; la abstención o el voto nulo solo producen efectos en los ejercicios literarios de José Saramago y, un valor agregado de la situación venezolana, 2 + 2 en un país bloqueado nunca da 4.

    Hay que afrontarlo. Venezuela es un país atípico que no ha podido ser vencido por una agresión que en otras latitudes ya habría dado al traste con al menos un par de presidentes. Explicar el nivel de resistencia del pueblo venezolano a las medidas coercitivas de Washington, la extraña mezcolanza de una economía que no produce dólares, pero que se mueve sobre la base que impone dicha moneda, un 30% de participación electoral en condiciones de pandemia y de restricción de movilidad por la falta de gasolina, implicaría un tratado por sí solo. 

    ¿Hacer prospectiva? Es posible solo con las licencias que permite la imaginación. Por ahora, en Estados Unidos ante la imposibilidad de las distintas administraciones de vencer a Nicolás Maduro, han comenzado a surgir voces que claman por una estrategia distinta, más de puntos de encuentro y distensión que de una conflictividad fracasada que solo ha consolidado la posición de potencias más maduras e inteligentes como Rusia y China en Latinoamérica. 

    Sin embargo, la soberbia es una enfermedad cuyo antídoto sigue siendo desconocido. La prueba es que la Unión Europea continúa su línea dura contra Venezuela, a pesar de que, como lo ha hecho patente el periodista y ministro de cultura del país suramericano, su propio Parlamento ha sido elegido con votaciones de alta abstención y con una legitimidad muy cuestionable. 

    La miranda interna

    Con Juan Guaidó y el ala violenta de la oposición venezolana "gobernando" vía redes sociales digitales, y el surgimiento de un nuevo bloque de partidos no radicalizados que tomarán la vocería de votantes que no se identifican con el proyecto chavista. El juego político en Venezuela tomará nuevos rumbos.  

    Rigel Sergent, diputado electo del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), al evaluar este escenario para Sputnik, considera que el próximo año cabría esperar "un gran debate" entre las distintas fuerzas que ahora componen el Parlamento venezolano de cara a lo que espera la ciudadanía de este poder público nacional.

    "Creo que nosotros tenemos que politizar o aumentar, repotenciar la politización del pueblo y creo que tiene que ver con la participación, y eso posiblemente podría verse como radicalizar el proceso, creo que sería así más allá de las posiciones políticas, creo que el pueblo tiene que decir mucho con respecto al tema de la dolarización que hay de facto. Por el contrario, más allá de hablar de posiciones menos radicalizadas, creo [lo mejor] sería buscar que sea un año de gran debate para buscar soluciones y propuestas", afirma.

    En esta interpretación de las realidades que abrieron las pasadas elecciones legislativas, Enrique Ochoa Antich, dirigente de la oposición venezolana y analista político, considera que si algo le dejó el domingo 6 de diciembre al país fue "una peligrosa decadencia de todo nuestro liderazgo político".

    "El PSUV pasó de 52% del REP en 2013, a 40% en 2015, a 30% en 2018 y a 16% este 6D. La oposición extremista sigue extraviada en su espejismo de la abstención que no es sino una autotrampa que le asegura las victorias electorales al gobierno aunque el PSUV sea minoría. Y la oposición democrática no convence a los electores de oposición [de ir] a votar.  Lo bueno es que se retoma la ruta democrática. Como hicimos en 2006, y en 2007 le estábamos ganando un referendo al más poderoso Chávez. Esta nueva correlación obliga a una apertura del gobierno, a negociar los Poderes Públicos, y a gobierno y oposición a pensar en un gobierno de emergencia y unidad nacional". 

    El propio presidente de la República, Nicolás Maduro, parece estar palpando cuál será el horizonte. 

    Recientemente declaró que esperaba que la nueva Asamblea Nacional asumiera "22 temas vitales de trabajo, la recuperación económica para estimular e incentivar mecanismos virtuosos, y el diálogo político para la reconciliación y la ruta electoral del país" y solicitó a los factores políticos dejar de lado el sectarismo y "escribir una nueva historia". 

    Reconstituir las fuerzas de cara a la agenda del país

    Puede que lo más llamativo de estas elecciones hayan sido las distintas fracturas que se vivieron tanto en el Gran Polo Patriótico, grupo de partidos liderados por el PSUV que respaldan al presidente Nicolás Maduro, como también en las filas del bloque opositor. 

    Ochoa Antich reflexiona que el escenario que se abre, obliga al PSUV a buscar una interlocución con la oposición democrática y conformar con ella empresas del Estado y servicios públicos, así como un gobierno de unidad nacional.

    "El próximo año se negociarán los Poderes Públicos como manda la Constitución y hay elecciones regionales y municipales. La oposición democrática debe participar decididamente allí. (…) ambos polos se irán deslindando de los moderados y de los extremistas, y en el centro el chavismo-madurismo democrático y la oposición democrática deben encontrarse para adelantar planes para recuperar la economía y el salario real de los trabajadores, que es lo que más agobia al venezolano", puntualiza. 

    Rina Troconis, periodista y simpatizante del Partido Comunista de Venezuela, evalúa que el análisis de los resultados brinda una fotografía real de la dinámica política del país. A su juicio, la contienda electoral respondió a una estrategia "bien pensada y elaborada" que le permitió al PSUV "obtener los resultados según la medida de lo que el partido del gobierno requería, para buscar una aprobación o una legitimación de las elecciones ante el ámbito internacional". 

    "La posición que marcó el PCV y los demás disidentes de los partidos como el PPT y los Tupamaros, abre un campo que aunque no se vio reflejado en las elecciones, de una conciencia del pueblo que fue alimentada y fue creada además por Chávez, por Bolívar, y que existe ese sentimiento en contraposición a una realidad que está siendo de la boca hacia afuera, hablando de Chávez, del ideal bolivariano y en la práctica, vemos todo lo que tiene que ver con la corrupción, lo que tiene que ver con excesos, sobre todo económicos, que eso se está viendo en todos los territorios del país, vemos una clase económica pudiente que está naciendo y que ellos muy bien la denominaron la burguesía revolucionaria", opina. 

    En este caso, para Troconis evaluar el futuro del país y el comportamiento de la Asamblea Nacional parte del hecho de reflexionar sobre las leyes que quieran ser aprobadas y si estas entrarán o no en contradicción con los ejes del pensamiento chavista que se funda en la soberanía del territorio y de los recursos energéticos del país. 

    "Con respecto a las perspectivas que tiene la Asamblea, yo sinceramente no quisiera tener todos los poderes en mi mano, tienes el Poder Ejecutivo completo, tienes el Poder Legislativo prácticamente completo y de alguna manera, tienes los regionales, los municipales, que están dentro del Ejecutivo. Entonces no hay ningún tipo de excusas para que este gobierno, este país, pueda superar el bloqueo económico y pueda realmente subsanar los problemas y las necesidades del pueblo venezolano, toda la responsabilidad recae entonces en una sola mano. No hay nada internamente que te ate, no hay nada judicial que te ate, no hay nadie en la Asamblea que ate las decisiones, no hay nadie en los territorios que te haga una pared o que te corte cualquier tipo de decisión; es decir, internamente el PSUV tendría todos los espacios abiertos y todos los caminos hechos para establecer su supuesto plan de gobierno en perfecta corresponsabilidad con todas las estructuras de la Nación", advierte. 

    Para el diputado electo Rigel Sergent, además de las propuestas legislativas el gran reto que tienen las fuerzas bolivarianas pasa precisamente por amalgamar los esfuerzos para que el proyecto chavista evite las fracturas de cara a los retos electorales y políticos futuros:

    "El chavismo es una gran fortaleza y va a ser la gran fortaleza por lo menos de todo el siglo XXI, y cualquier sector que quiera emerger de la izquierda no afiliándose al chavismo, va a comenzar derrotado y va a continuar de esa forma. Por el contrario, yo creo incluso que del chavismo y del gobierno se tienen que dar espacio para la autocrítica, para que las molestias no se expresen de otra forma, y yo creo que los espacios no son con partidos políticos, principalmente me refiero a las bases, creo que eso sería lo más sano para que logremos la unidad del pueblo y uno de los mayores instrumentos de lucha", concluye. 

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    elecciones parlamentarias, Elecciones Venezuela, PSUV, Venezuela
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