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    Elecciones generales en Bolivia (2020) (183)
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    MOSCÚ (Sputnik) — La victoria del Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia abre el camino a otro cambio en un país donde las posiciones están tan polarizadas que asustan, o por lo menos despiertan temores de un posible regreso a la violencia, al escamoteo de lo conseguido en las urnas, a algún fraude, incluso un golpe de Estado.

    De 2011 a 2015 viví en el país del altiplano. Que es más que el altiplano, y mucho más que disfrutar de la majestuosidad del monte Illimani desde la avenida Camacho, más que Tiawanaco, que el lago Titicaca, o el Cerro Rico de Potosí. Bolivia es un país lindo, una mezcla de culturas encantadoras que vale la pena estudiar y disfrutar.

    Y La Paz es una ciudad preciosa, votada entre las siete urbes maravillosas del mundo. Todos los días recuerdo mis caminatas por la Plaza Murillo, frente al vetusto, pero no menos impresionante Palacio Quemado, con sus historias de violencia como acompañantes. El descenso hasta el Prado, el amplio y céntrico paseo, donde me detenía siempre a disfrutar de las famosas tucumanas, las más ricas de cuantas empanadas se hacen en el país.

    Bolivia es tranquilo. Pero en el país la violencia es silenciosa, como esos volcanes que parecen dormidos por siglos y de pronto estallan y lo llenan todo de humo, piedras y explosiones. Y muchas veces, durante toda su historia, los políticos o los militares se aprovecharon de eso, unas veces de la tranquilidad, y otras de la violencia.

    Un año después

    Hace un año Evo Morales se presentó como candidato del MAS a unas elecciones de las cuales debió pasar. En toda la historia del país nadie hizo más por los bolivianos que el líder indígena, pero los pueblos también se cansan de sus dirigentes, y más si otros los manipulan todo el tiempo.

    El séquito de Morales estaba convencido que el proyecto solo seguiría adelante si el entonces presidente continuaba en el poder, a pesar de que un referéndum realizado a principios de 2016 le negó la posibilidad de volver a postularse. Y así se lo hicieron creer a Evo, o este se lo creyó. Y todo termino poco después de unas elecciones en las cuales la oposición clamó por un supuesto fraude que la Organización de Estados Americanos (OEA) certificó sin pruebas, y que después se supo que no hubo.

    Pero Morales llevaba en el poder desde 2006. Demasiado tiempo en un país donde los liderazgos en todos los niveles se alternan. Tras la proclamación del supuesto fraude, miles de personas se lanzaron a las calles y el presidente, con el argumento de evitar un baño de sangre, renunció y se marcho a El Chapare, el lugar desde donde salió a la palestra política como líder de los cocaleros. De ahí se fue a México y luego a Argentina.

    El país, con un atípico gobierno provisional, encabezado por Jeanine Áñez, persiguió a los miembros del gabinete de Morales. Unos huyeron al exterior. Otros se refugiaron en sedes diplomáticas. Volvieron algunos embajadores y se fueron otros. El país dio un giro de 90 grados y pareció que todo lo conseguido en los 14 años anteriores no valió o no sirvió de nada, a pesar del crecimiento sostenido de la economía y los avances en no pocos indicadores sociales.

    Nuevas elecciones y mismos actores

    Áñez, que llegó al poder por la renuncia de la presidenta de la Cámara de Senadores, de la cual ella era vicepresidenta, se agarró de la crisis generada por el coronavirus para extender su presencia en el Palacio de Gobierno, aunque al final, presiones mediante, no tuvo más opciones que convocar los comicios, a los cuales, en primera instancia, pensó presentarse como candidata.

    Devolver la tranquilidad al país, permitir el regreso de algunos políticos que se exiliaron cuando el gobierno de Morales y algo mas, pensó, deberían avalarla para ganarse la silla presidencial, pero se equivocó y las encuestas la hicieron cambiar de ideas y renunciar a su candidatura unas semanas antes de que se abrieran las urnas.

    La idea era no disgregar el voto contrario al MAS y permitir que el expresidente Carlos Mesa, vocero y proclamador del golpe de Estado de octubre de 2019, o el líder cívico Luis Fernando Camacho, el ejecutor del mismo, tuvieran opciones de aspirar al menos a una segunda vuelta.

    Pero Carlos Mesa demostró que es un cadáver político, que nunca más volverá a dirigir a Bolivia y sufrió una derrota estrepitosa. Lo mismo que Camacho, incluso que el empresario cementero Samuel Doria Medina, otrora compañero de fórmula de Áñez, y quien aspiró muchas veces antes a vencer a Morales, pero las votaciones siempre se lo negaron.

    Los otros aspirantes tampoco llegaron a más y el candidato de Morales y del MAS, el otrora ministro de Economía y Finanzas Públicas Luis Arce Catacora, se impuso por mayoría absoluta.

    Arce y Choquehuanca

    Evo Morales y un grupo de colaboradores cercanos, entre ellos el exvicepresidente Álvaro García Linera, se encargaron desde Argentina de conformar la candidatura del MAS para los comicios del pasado domingo. Se manejaron algunos nombres, entre ellos el del líder cocalero Andrónico Rodríguez, seguidor de el exmandatario.

    Finalmente, lo realizado por Arce al frente del ministerio de Economía y Finanzas Públicas pesó. En ese tiempo Bolivia dio un salto económico sustancial y mantuvo un crecimiento sostenido que lo llevó a posiciones de avanzada en la región. Encima de eso, la gente no olvida los bonos sociales, el pago del doble aguinaldo en diciembre y la solvencia financiera del país, en el cual millones de personas abandonaron la extrema pobreza y comenzaron a pensar en una vida mejor.

    Lo encargados de escoger decidieron que lo acompañaría David Choquehuanca, durante muchos años canciller, estudioso y defensor de las culturas indígenas y con mucho arraigo en los pueblos ancestrales bolivianos. La elección no pudo ser mejor, porque más de la mitad de los votantes les garantizaron dirigir el país por los próximos seis años.

    Poco después de conocerse el resultado preliminar, por los llamados sondeos a boca de urna y en espera de los resultados oficiales, Arce prometió continuar con el proceso de cambio, superar los errores del pasado y gobernar para todos los bolivianos.

    Sus palabras hacen pensar en una Bolivia para todos, más tranquila, pero los que conocemos el país sabemos que puede ser una quimera, que el MAS tiene enemigos, muchos y poderosos, y que cualquier giro más a la izquierda de lo pensado, puede desatar alguna revuelta, sin contar que lloverán los cuestionamientos sobre el posible regreso de Morales al país y el papel que desempeñará en los próximos años.

    Nada, ya pasaron las elecciones en Bolivia, y ahora resta ver lo que ocurrirá con el país en los próximos meses. A Arce lo mirarán con lupa, aunque siempre tendrá el aval de haber sido el artífice del mejor momento de la economía boliviana.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Tema:
    Elecciones generales en Bolivia (2020) (183)
    Etiquetas:
    Jeanine Áñez, Evo Morales, Luis Arce, elecciones, Bolivia
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