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    La evolución del coronavirus en España (151)
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    MADRID (Sputnik) — Madrid es el epicentro de la segunda ola de coronavirus en Europa, con una incidencia de 682 positivos por cada 100.000 habitantes, pero las autoridades locales se resisten a decretar un nuevo confinamiento, argumentando que ello supondría un desastre económico para la región y, por extensión, para todo el país.

    En su lugar, la Comunidad de Madrid dictó el 18 de septiembre una serie de medidas para, entre otras cosas, limitar la movilidad en 37 zonas de la región, la mayoría de ellas en barrios de clase trabajadora.

    Las restricciones se empiezan a aplicar este 21 de septiembre afectando a más de 855.000 personas que no podrán abandonar el área en la que residen salvo para ir a trabajar, llevar a sus hijos al colegio u otras causas de fuerza mayor. Eso sí, podrán seguir moviéndose dentro del área restringida.

    En el término municipal, las restricciones afectan a zonas de seis distritos distintos —Puente de Vallecas, Villa de Vallecas, Carabanchel, Usera, Villaverde y Ciudad Linea—, la mayoría de ellos situados al sur de la ciudad, con rentas per cápita por debajo de la media de Madrid.

    A nivel regional los municipios afectados por estas medidas también son obreros en su mayoría. En el sur son cinco zonas obreras —Fuenlabrada, Humanes, Parla, Moraleja de Enmedio y Getafe— mientras que en el norte solo dos zonas adineradas —Alcobendas y San Sebastián de los Reyes— sufren restricciones.

    Según las explicaciones ofrecidas por las autoridades regionales, se eligieron zonas con una alta incidencia de contagios, pero ese no fue el único criterio, ya que también se estudiaron las dificultades logísticas que podrían conllevar las restricciones.

    Sin embargo, reina la sensación de arbitrariedad. Por ejemplo, el distrito centro de Madrid se libra de las restricciones cuando su incidencia es de 750 casos por 100.000 habitantes en los últimos 14 días, mientras que el municipio de Getafe sí las sufrirá teniendo una incidencia notablemente menor (614).

    La primera reacción de los barrios afectados fue una expresión de rabia. Durante el 20 de septiembre estas zonas acogieron concentraciones en las que cientos de personas salieron a la calle para entonar cánticos como "no somos guetos" o "no es confinamiento, es segregación".

    "Hay mucho cabreo"

    "Hay mucho cabreo en la calle. La gente no entiende estas medidas y el señalamiento social. Los distritos del sur tienen una población obrera, que no puede teletrabajar, que tiene que salir a la calle para ganarse la vida y que está muy expuesta al virus. Hace falta más protección, no restricciones al movimiento", explica a Sputnik Javier Cuenca, vicepresidente de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM).

    Tras el anuncio de las restricciones, los madrileños se pasaron el fin de semana estudiando el mapa para saber dónde empiezan y dónde acaban exactamente las zonas afectadas.

    En muchos casos el levantamiento de estas fronteras invisibles produce situaciones extrañas, con calles divididas en dos, juntando en pocos metros a vecinos que pueden moverse con libertad y otros que no.

    También afecta a los comercios, ya que en las áreas restringidas hay mayores limitaciones de aforo y horario en los locales de hostelería, lo que crea desventajas entre locales separados por pocos pasos.

    El propio alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, admitió este 21 de septiembre que las medidas darán lugar a escenarios bizarros.

    "Habrá situaciones en las que se pueda estar en un bar en un sitio, y no en otro a 10 metros. Son situaciones curiosas que no eximen del cumplimiento de la norma aunque nos pueda causar extrañeza", expresó en una entrevista con Onda Madrid.

    La experiencia de Javier Cuenca en este primer día de restricciones ejemplifica cómo funciona esa nueva dinámica: "La calle en la que yo vivo no está incluida en las restricciones, pero para ir a trabajar tengo que pasar distintas zonas que sí las tienen y otras que no. Una vez que llego a mi puesto de trabajo me encuentro en el distrito Usera, que sí tiene restricciones", relata.

    Javier trabaja en los servicios de limpieza de varios colegios y, según cuenta, habitualmente se desplaza a pie entre los centros. Este 21 de septiembre, gracias a las nuevas restricciones —que también incluyen el cierre de parques— en lugar de un entorno más seguro se encontró dificultades añadidas.

    "Yo lo que hago normalmente es atravesar parques para evitar el tráfico y las aglomeraciones, pero hoy no lo he podido hacer. Los parques estaban cerrados y me obligaban a caminar por las aceras, que en estos barrios son pequeñas, rodeado de gente. Al final, estas medidas aumentan el peligro", afirma.

    Dudas sobre la eficacia

    La sensación generalizada es que las medidas, además de señalar a determinados barrios, no servirán para contener los contagios.

    "Son medidas claramente ineficientes que no conducen a salvar a la población. Para salvar a la población lo que hace falta es que podamos acudir a unos centros de salud que no estén saturados o aumentar la frecuencia del transporte público, que es algo que han hecho hoy, cuando ya estamos al borde del abismo", concluye el vicepresidente de la FRAMV.

    Críticas similares llegan desde el propio Gobierno de España. El Ministro de Universidades, Manuel Castells, manifestó este 21 de septiembre un rechazo profundo a las restricciones dictadas en Madrid.

    "La gente no puede salir de sus calles pero luego puede ir a trabajar en transporte público, apelotonados y esparciéndose por toda la comunidad. Esto me parece, hablando claro, clasista", valoró.

    El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, eligió un tono más diplomático. En una comparecencia pública tras reunirse con la presidenta de la región de Madrid, eludió emitir ninguna valoración y se limitó a expresar su deseo de que las restricciones tengan éxito.

    "Pueden llegar a funcionar"

    En opinión de Gabriel Reina, microbiólogo de la Universidad de Navarra, "las medidas pueden llegar a funcionar" aunque hace falta llevar a cabo un estrecho proceso de monitorización porque "dada la situación que tiene Madrid, quizás tengan que hacerse extensivas a más zonas o incluso otros ámbitos".

    Entre las opciones planteadas por este experto se encuentra incluir restricciones al aforo en el transporte público, todo ello mientras se mantienen esfuerzos para aumentar la capacidad diagnóstica (el ratio en Madrid es de más de 1.900 PCR por 100.000 habitantes, uno de los más altos de Europa) o por contratar más rastreadores (uno de los grandes déficits de la capital española).

    A su modo de ver, para que las medidas adoptadas sean eficaces se tiene que dar una combinación de esfuerzo institucional y responsabilidad individual.

    No obstante, destaca que en este caso la responsabilidad individual es el vector más importante porque las medidas trocean el mapa haciendo que a las autoridades les sea muy complicado controlar su cumplimiento.

    "Las medidas que se han dictado son incontrolables. No se puede controlar la movilidad de las personas calle a calle. La norma se ha puesto confiando en la responsabilidad del público", explica Reina a Sputnik.

    Por el momento las autoridades están dando a la población un periodo de adaptación y no se pondrán multas a los infractores hasta el 23 de septiembre, 48 horas después de la entrada en vigor de las restricciones.

    En cualquier caso, sigue siendo una incógnita si para entonces las autoridades policiales contarán con medios suficientes para hacer un control tan exhaustivo de la movilidad. De hecho, en las últimas horas se especuló incluso con que Madrid pedirá ayuda al Ejército para hacerlo.

    Esto, huelga decir, ahonda la sensación de cansancio entre los vecinos. "Los mensajes que se nos están trasladando es que van a desplegar militares para controlar que cumplimos con las restricciones. ¿Quién quiere militares? Lo que necesitamos es médicos", lamenta Javier Cuenca.

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