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    MONTEVIDEO (Sputnik) — Seis meses se cumplen este domingo del día en que el Gobierno de Uruguay anunció los primeros contagios de COVID-19; justo un viernes 13, el de la mala suerte, el de las películas de terror, trajo desempleo, enfermos y muertos. Y aún no se sabe el final.

    Si bien Uruguay ha logrado mantener bajo el número de contagios y fallecidos por COVID-19, las consecuencias se sienten, por ejemplo, en la rutina diaria de la población y en la economía del país.

    Antes de que el Gobierno decretara la emergencia sanitaria, el 13 de marzo pasado, el seguro de desempleo cubría a 50.000 empleados en el país; esa cifra ha ido en aumento por el impacto que causó en las empresas el confinamiento social y por los cierres de fronteras para evitar contagios.

    Es así que en agosto se alcanzó la cifra de 109.000 empleados en seguro de desempleo, informó esta semana el Ministerio de Trabajo.

    La cifra, sin embargo, muestra que son 38.000 personas menos que en el mes de julio.

    El presidente de la Asociación de Hoteles y Restaurantes del Uruguay, Francisco Rodríguez, dijo a Sputnik que calcula que en el sector tienen "más del 70% del personal en seguro de desempleo".

    El cierre de fronteras pegó fuerte en el sector, ya que la medida impide el ingreso de turistas, en especial desde Argentina, de donde proviene la mayoría de los visitantes del país.

    Rodríguez contó que hay varios hoteles que están cerrados; solo en el centro de Montevideo son entre seis y ocho, con lo cual intentan subsistir, porque las pérdidas serían mayores de mantenerse abiertos.

    Algunos de esos hoteles "están pasando a ser coliving (alquiler de apartamentos que además se utilizan como lugar de trabajo por las personas que allí residen); otros, residenciales para tercera edad; eso va a llevar a una pérdida de empleo porque no tienen los mismos servicios", indicó.

    En estos seis meses algunos hoteles llegaron a tener cinco o seis huéspedes, entonces para poder sobrevivir enviaban a esas personas a otro establecimiento que tenía también pocas personas y cerraban sus puertas. De esa forma, aunque sea algunos, seguían trabajando.

    El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, dijo este mes que a fines de octubre esperan tener una fórmula para la apertura progresiva de las fronteras con la región con miras a la temporada de verano.

    Hoteles como hospitales

    Rodríguez contó que al inicio de la pandemia surgió el pedido del Ministerio de Salud Pública a ese gremio de elegir hoteles que pudieran servir para alojar pacientes en caso de una saturación de los Centro de Tratamiento Intensivo (CTI) por contagios masivos de COVID-19.

    Explicó que debieron "buscar que los hoteles fueran de cierta capacidad, que los ascensores fueran de determinado tamaño para camillas y que pudieran ser adaptados en 24 o 48 horas".

    En Montevideo fueron elegidos tres o cuatro hoteles con capacidad para 1.000 personas.

    Por suerte, afirmó, hasta ahora nunca se tuvo que usar esa alternativa.

    También los hoteles se preocuparon, en un principio, en "tener las condiciones" en caso de verse en la situación de alojar por cuarentena a "uruguayos que podían llegar del exterior", recordó.

    Además, los hoteles fueron una opción para los turistas que estaban en el país y que no podían volver a sus casas.

    Rodríguez también recordó la experiencia por la que pasaron dos hoteles de Montevideo que alojaron, en mayo, a 70 tripulantes del crucero australiano Greg Mortimer, algunos de ellos cursando la enfermedad.

    Gimnasios

    El COVID-19 hizo que las personas se quedaran en sus casas, y esto afectó a rubros comerciales como los gimnasios.

    El mismo viernes 13 de marzo, Tu lugar Gym, ubicado en el centro de Montevideo, decidió no reabrir, por "responsabilidad social", contó a Sputnik el director del gimnasio, Iván Custodio.

    "[Al principio fueron] todos los empleados al seguro de desempleo y ahora hay tres profesores en el seguro y sin saber cuándo podremos incorporarlos", reconoció.

    Después de cerrar, decidieron publicar rutinas de ejercicios en redes sociales y dar clases por la plataforma Zoom, para seguir en contacto con sus clientes.

    Casi tres meses después, el 1 de junio, reabrieron con estrictas medidas de higiene para evitar contagios en el local.

    El impacto económico de la pandemia fue muy alto, no solo por los meses cerrados sino porque actualmente están con un aforo del 40%.

    Custodio contó que trabajan con mucha gente que no es de la capital del país y como las clases en la educación terciaria son virtuales, no están en Montevideo y no van al gimnasio, "más la gente que perdió el trabajo, que está en el seguro y mucha que dejó de hacer gimnasia por miedo o por falta de ganas".

    Dijo que en el gimnasio no tuvieron casos de COVID-19, pero hay una socia que está cursando la enfermedad, tras contagiarse de un familiar.

    "Nos avisó, por suerte, un día antes de venir", dice Custodio.

    Teletrabajo con hijos

    El 16 de marzo, el Gobierno exhortó a los empleadores a promover el teletrabajo y muchas empresas lo aplicaron.

    Esa modalidad no es muy fácil para padres que tenían que trabajar mientras sus hijos, que tampoco iban a la escuela, tomaban clases virtuales.

    "El teletrabajo con niños es insalubre", dijo a esta agencia entre risas Marialaura Ibarra, periodista de la web de la estatal Radio Uruguay, y madre de Agustín, de 3 años, y Martina de 8.

    Contó que cuando comenzaba a trabajar, muy temprano, se iba con la computadora a la parte inferior de su casa para estar más tranquila, pero Agustín bajaba cuando ella estaba escuchando el informativo y él se ponía a llorar; entonces ella lo alzaba y escribía con una mano.

    Desde julio pasado los niños volvieron a clases presenciales, lo que fue un alivio para su madre en el teletrabajo y para ellos, que ya no querían estar más encerrados.

    Uruguay mantiene las tasas más bajas de contagios y fallecidos de la región, e incluso la Organización Mundial de la Salud reconoció el buen trabajo del país en el combate a la pandemia.

    Sin embargo, el impacto fue fuerte, y seis meses después de los primeros casos, sus consecuencias todavía se sienten.

    Etiquetas:
    Uruguay, coronavirus en América Latina
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