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    La pandemia del COVID-19 ha sido particularmente severa con las comunidades indígenas de la Amazonía peruana. El golpe no sólo ha afectado la salud sino también la moral colectiva a través de la desaparición de los 'apus', líderes con una fuerte importancia política, social, cultural y simbólica en su lucha por resistir a las adversidades.

    Apu es un vocablo de origen quechua que significa cerro, una presencia natural que, dentro de la cosmovisión de los pueblos de los Andes, encarna nociones como protección, veneración, sabiduría o respeto. Este vocablo, con el tiempo, se ha hecho extensivo a las culturas de la selva, las que, a su vez, han trasladado toda su carga semántica a sus líderes.

    Primera baja

    Con la ferocidad del virus arrastrando vidas de indígenas por cientos, el 7 de mayo se informó, desde la Organización Regional de los Pueblos Indígenas del Oriente (ORPIO), sobre la muerte por COVID-19 del apu Humberto Chota, líder de la etnia ticuna y yagua. Su deceso se produjo en la zona de la triple frontera con Colombia y Brasil.

    Chota era el primer caso entre otros que vendrían para los distintos pueblos amazónicos, los cuales veían desaparecer a sus apus en medio de una situación desesperada ante la falta de respuesta sanitaria del Estado contra la enfermedad.

    ¿Pero por qué la muerte de un apu es de especial gravedad para las comunidades? Beatriz Huertas es antropóloga, especializada en cultura amazónica y asesora externa para ORPIO. Ella explica: "Un apu es la persona elegida por una comunidad para representarla, para canalizar sus propuestas, sus necesidades y demandas ante el Estado y la sociedad. El apu es una figura política muy importante porque es la persona que hace puente con el Estado, aunque no solamente eso".

    Así, dentro de la dimensión política de un apu, explica Huertas, estos suelen tener mayor importancia que las autoridades elegidas dentro del sistema estatal (alcaldes o regidores municipales)

    Por eso, dentro de la autonomía de los pueblos amazónicos, "el apu es el representante más importante, es el que canaliza las demandas y el que tiene más ascendencia, es al que se le informa y el que informa de los acuerdos con el Estado, y de quien todos esperan orientación y resultados", afirma la especialista.

    A la muerte del apu Humberto Chota ha seguido la del apu Santiago Manuín, de la etnia awajún, el 1 de julio; luego la del apu Benjamín Rodríguez, de la etnia muruy, el 16 de julio; luego la del apu Lyndon Pishagua, de la etnia yanesha, el 26 de julio. Todos por COVID-19.

    Los modos de la muerte

    Estas pérdidas también han afectado la cultura de las comunidades a las que representaban los líderes, pues estos son percibidos como portadores de conocimientos y costumbres ancestrales, entre los que se cuentan también saberes sobre medicina tradicional, un recurso al que han apelado fuertemente los pueblos amazónicos para atenuar el impacto del nuevo virus.

    Huertas explica que, si bien los apus son en el corto plazo reemplazados por otros elegidos por la comunidad, los modos de la muerte que ha implantado la pandemia han trastocado los ritos fúnebres que eran costumbre para los pueblos al momento de despedir a personas de tanta importancia.

    "Esta manera de morir, sin ceremonias ni rituales posibles, también ha significado un golpe a la moral colectiva de los pueblos. Es duro para una comunidad no sólo la muerte de su líder sino la manera cómo murió", explica la antropóloga.

    En ese sentido, se debe entender el castigo de la pandemia como un golpe que también desorienta a los grupos indígenas, pues los apus son percibidos como sabios y consejeros, por lo que su desaparición deja en una relativa acefalía y orfandad a quienes, además, viven bajo el miedo del enemigo invisible que merodea entre la vegetación circundante.

    Etiquetas:
    indígenas, amazonía
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