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    Desarrollo y ensayos de la vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2 (119)
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    MOSCÚ (Sputnik) — La aparición del coronavirus y la estela de muerte que deja en el mundo lanzó a la ciencia a una cruzada por una vacuna, que desemboca, como casi todo, en una guerra por la supremacía entre las potencias, o en una carrera por ver cuál llega primero, a veces con juego sucio de por medio, y en la cual valen hasta los traspiés.

    Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), unos 140 proyectos de vacuna se desarrollan en el mundo, algunos más adelantados que otros, lo cual genera sospechas entre los competidores sobre la limpieza del proceso de creación, aunque en ocasiones se trata solo de restarle honores al supuesto rival.

    Universidades, empresas farmacéuticas, instituciones armadas, entre otras, iniciaron desde principios de año la búsqueda del antídoto que controlara el mal descubierto en China a finales del año pasado y que ha enfermado a más de 18.000.000 de personas en todo el mundo y provocó la muerte de más de casi 700.000.

    No es la primera vez

    Hace una semana las autoridades rusas dijeron que llegaban al final los estudios clínicos de un par de vacunas, que los resultados de ambas fueron muy buenos, pues apenas provocaron malestar en aquellos a los cuales se le suministró como parte del plan previo para su registro y homologación, un trámite que esta vez, por las circunstancias generadas por la pandemia, se puede hacer más rápido.

    Pruebas de la vacuna contra el COVID-19 en Rusia
    © Sputnik / Servicio de Prensa del Ministerio de Defensa de Rusia
    Esto no sentó bien en Washington, sobre todo después de que los ensayos de alguna de las vacunas que intentan crear en el país norteamericano dejaron a los voluntarios con fiebre alta y dolores de cabeza por varios días, razones por las cuales tuvieron que retroceder y perdieron tiempo. Y en esta cruzada el tiempo es oro.

    El principal experto en enfermedades infecciosas de Estados Unidos y epidemiólogo jefe de la Casa Blanca, Anthony Fauci, dijo poco después que espera que China y Rusia "estén realmente probando" las vacunas contra el COVID-19 "antes de administrarlas a alguien".

    Las declaraciones de Fauci, quien ha tenido sus más y sus menos con el presidente Donald Trump, solo pretenden encontrar eco en políticos y medios de prensa para demeritar lo conseguido por los científicos rusos —incluso los chinos— porque a estas alturas a nadie se le ocurriría pensar que un país comenzaría una campaña de vacunación con un antídoto que pueda dejar secuelas entre su gente.

    Antecedentes

    Esta no fue la primera vez en que alguien desde un país u otro intenta minimizar lo conseguido por el rival con la intención de acaparar atención o mantener hegemonía. Desde la Segunda Guerra Mundial, cuando aún las palabras Guerra Fría no se mencionaban, comenzaron las disputas entre la cúpula soviética de entonces y Estados Unidos.

    Hasta nuevas escrituras de la historia se han hecho para demostrar que uno fue más importante que otro en la contienda bélica que terminó con el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre dos ciudades japonesas, no para acabar con el militarismo nipón, que ya estaba casi vencido, sino para demostrar a los rivales el poderío propio.

    Hubo carrera por el armamento atómico, por la conquista del cosmos, por ver quién llegaba primero a la Luna, por eso no sorprende nada el intento de restar mérito a las vacunas rusas, con las cuales el Gobierno planea iniciar una campaña masiva de inmunización en octubre, según el ministro de Sanidad, Mijaíl Murashko.

    "Planeamos que la vacunación masiva (...) comience en octubre", dijo Murashko, en tanto la vice primera ministra Tatiana Gólikova afirmó que las vacunas rusas desarrolladas en el centro Gamaleya y el centro ruso de virología y biotecnologías Vector se consideran las más prometedoras.

    Gólikova comunicó que el registro estatal y el inicio de la fabricación de la primera se planea para agosto y septiembre próximos, y de la segunda, para septiembre y octubre.

    Londres y los ciberataques

    A mediados del mes anterior, el director del Fondo de Inversión Directa de Rusia (RFPI, por sus siglas en ruso), Kiril Dmítriev, desmintió que Moscú intentara robar al Reino Unido datos sobre una vacuna sobre el COVID-19 y recordó que la empresa farmacéutica global AstraZeneca, con sede en Londres, decidió fabricarla en territorio ruso.

    "No hace falta 'robar' nada a [la Universidad de] Oxford porque AstraZeneca ya acordó con una de nuestras compañías de cartera, R-Pharm, fabricar las vacunas de Oxford en Rusia (...) Todo ya fue transferido a R-Pharm, que producirá la vacuna de AstraZeneca en Rusia, usando todas las tecnologías y los conocimientos", dijo Dmítriev entonces a una cadena radial.

    Todo eso ocurrió luego de que el Centro Nacional de Ciberseguridad (NCSC, por sus siglas en inglés) británico informó de intentos de robo de datos sobre el desarrollo de vacunas contra el COVID-19 por parte de un grupo de hackers presuntamente vinculados con Rusia.

    Según el organismo, un grupo llamado APT29, también conocido como the Dukes o Cozy Bear, se ha dirigido a varias organizaciones involucradas en el desarrollo de vacunas contra el COVID-19 en Canadá, Estados Unidos y el Reino Unido.

    "Creo que este episodio es un intento de manchar la reputación de la vacuna rusa por parte de personas que tienen miedo a su éxito, ya que es posible que la vacuna rusa pueda ser la primera en el mercado y tenga el mayor éxito", expresó Dmítriev.

    A pesar de las aclaraciones, habrá gobiernos que esperarán por antídotos generados en su país, aunque solo sea por no admitir que el rival se le adelantó en una carrera en la cual está en juego la vida de millones de personas. Pero eso siempre funciona así, desde hace muchas décadas.

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    poder, hegemonía, COVID-19, pandemia de coronavirus, vacuna contra coronavirus, coronavirus
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