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    MONTEVIDEO (Sputnik) — Allá por febrero, cuando Latinoamérica aún subestimaba al nuevo coronavirus, China sorprendía al mundo entero construyendo en slo 10 días un hospital de emergencia especializado en la cepa.

    Para muchos, incluidos algunos ministros de Salud nacionales de la región, era una medida exagerada y hasta fue comidilla para memes. Nadie sabía aún que la pandemia azotaría Latinoamérica hasta llegar a los casi 3,5 millones de contagios y más de 145.000 muertes.

    Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia ya advirtieron oficialmente sobre desbordes en la capacidad instalada en clínicas y sanatorios.

    En Panamá, se informó la ocupación del 100% de las camas de terapia intensiva en todos los hospitales privados del país.

    El Gobierno boliviano anunció el 13 de julio la expropiación de hospitales y cementerios privados en las centrales ciudades de Cochabamba y Santa Cruz aunque, un día después, dio marcha atrás y afirmó que buscará alianzas con tales instituciones.

    "Tenemos saturados todos los hospitales, necesitamos hacer una intervención rapidísima, y podemos ponerlo más bonito: necesitamos hacer una alianza entre públicos y privados", dijo el ministro de Gobierno de Bolivia, Arturo Murillo, a la red privada de televisión Unitel.

    La realidad

    Para el vicedecano del Colegio Médico peruano, Ciro Maguiña, el coronavirus "lo único que ha hecho es sacar a luz la realidad".

    El infectólogo tropicalista dijo a Sputnik que el sistema sanitario de Perú ya estaba desintegrado, con laboratorios colapsados y personal con sueldos miserables.

    "Era uno de los peores sistemas de Latinoamérica, escasas camas y escasas 'ucis' (unidades de terapia intensiva) y ventiladores. Los presidentes que ahora están presos son los responsables. Con ellos, el presupuesto era uno de los más bajos, aun habiendo plata no se invirtió en salud", recordó Maguiña.

    Mientras, Colombia, Brasil y Chile caminan por la cuerda floja, y algunas ciudades ya están al tope de ocupación de su capacidad hospitalaria.

    Bogotá informó el 13 de julio que llenó el 90% de las camas de terapia intensiva disponibles en la ciudad con positivos de COVID-19.

    Argentina, que oscila el 52% de ocupación a nivel nacional y el 60% en el área metropolitana de Buenos Aires (Amba) —la zona más comprometida—, supo reducir el daño con la construcción de centros sanitarios de emergencia.

    Uruguay

    En la otra vereda está Uruguay, un país que tiene casi controlada la pandemia salvo por el riesgo que generan diariamente sus vecinos Argentina y Brasil, sobre todo este último, donde la situación está desmadrada.

    Todos hablan del "milagro uruguayo" de contar con menos de 100 pacientes cursando la enfermedad. Es el único que nunca se vio obligado en decretar una cuarentena obligatoria.

    "Aquí no hay ningún milagro", advierte a Sputnik el líder del gremio sanitario, Jorge Bermúdez, "aquí hay un país que durante los últimos 15 años desarrolló una impresionante red de agua potable, acceso de la población a esa red, fortaleció un sistema de salud y creó el sistema nacional integrado que es la principal barrera de contención al COVID-19".

    El secretario general de la Federación Universitaria de Salud (FUS) también destacó la alta conectividad "y el compromiso de los trabajadores de la salud que han orientado esta lucha".

    El nivel de contagios entre el personal de la salud es otro de los índices que demuestra el colapso de los sistemas.

    En Uruguay, el sector lamentó un fallecido y contabilizó 161 casos entre los 997 totales.

    El problema que sí sufre el país sudamericano es el socioeconómico, ya que en el sector sanitario, la crisis de empleo afecta a 5.000 personas.

    "No se ha terminado la pandemia en Uruguay y lo que queda detrás es una enorme crisis social con cientos de miles de desocupados y otros que están pasando hambre", advierte Bermúdez.
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