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    SAN SALVADOR (Sputnik) — La tercera fue la vencida para Chandrikapersad "Chan" Santokhi, el exjefe policial que asumió esta semana la presidencia de Surinam, un país gobernado directa e indirectamente hace 40 años por Dési Bouterse.

    Santokhi perdió los comicios de 2010 y 2015, pero afianzó una popularidad alimentada por su persecución al narcotráfico y el crimen durante los años que encabezó el Ministerio de Justicia y Policía, cuando investigó incluso al poderoso Bouterse.

    La oposición logró un inobjetable triunfo en las elecciones generales del pasado 25 de mayo y, con 33 de los 51 escaños de la Asamblea Nacional, los diputados le entregaron al político de origen indio las riendas de un país urgido de una recuperación económica.

    "Estamos al borde de un abismo financiero. Esta crisis ha superado los peores escenarios que hubiéramos previsto", admitió Santokhi en su primer discurso ante la Asamblea, donde dejó claro que rescatará las relaciones con Estados Unidos y los Países Bajos.

    Los nexos entre Paramaribo y la antigua metrópoli son tensos desde que en diciembre de 1982 fueron ejecutados 15 opositores al régimen de facto encabezado por Bouterse desde 1980, cuando lideró el llamado "Golpe de los Sargentos".

    Por dichas muertes, recordadas como "los Asesinatos de Diciembre", Bouterse fue condenado en rebeldía por la justicia neerlandesa, que incluso reclamó su detención en 2013, cuando el exmilitar acudió a los funerales del líder surafricano Nelson Mandela.

    Santokhi, el Sheriff de Surinam

    "Por mi experiencia, puedo decirte que no será un trabajo fácil", le dijo Bouterse a Santokhi en la Asamblea, y los presentes no entendieron si se trató de una advertencia o dd una amenaza de quien ya derrocó dos gobiernos democráticamente electos.

    Sin embargo, el flamante jefe de Estado no es alguien que se deje intimidar fácilmente: formado como policía en los Países Bajos, al regresar a Surinam fungió como inspector primero y luego como comisario del país, también conocido como Guyana Holandesa.

    En septiembre de 2005 fue juramentado como ministro de Justicia y Policía, y el propio Bouterse, que ya para entonces lo consideraba un acérrimo rival, lo bautizó como "el Sheriff" por su ofensiva contra el crimen y por su aplicación rigurosa de la ley y el orden.

    Es que Santokhi regresó de Europa justo el año de los "Asesinatos de Diciembre", y desde su nombramiento como jefe policial, en 1991, dirigió la investigación del crimen y se empeñó en llevar a juicio a los responsables, siendo Bouterse el principal sospechoso.

    La obsesión del ahora presidente con esta investigación fue tal que incluso construyó una sala de tribunal exclusiva para el caso, en un suburbio de Domburg, donde en noviembre de 2007 comenzó el juicio que, a estas alturas, aún no ha terminado.

    Bouterse, quien nunca puso un pie en dicho juzgado, fue hallado culpable en diciembre de 2019 y sentenciado a 20 años de prisión, pero la corte no emitió entonces una orden de arresto y se desconoce si lo hará ahora, mientras el fallo está en fase de apelación.

    Los desafíos de Santokhi

    La prioridad para Santokhi, con el exguerrillero Ronnie Brunswiik como vicepresidente, es recuperar la economía, reconciliarse con las potencias económicas que no comulgaban con Bouterse, y atraer socios para explorar potenciales pozos petroleros en sus aguas.

    Otro desafío será controlar la pandemia de COVID-19, cuyo rebrote forzó a retomar las medidas para limitar las actividades cotidianas, así como intentar renegociar una deuda externa superior a los 2.000 millones de dólares.

    Por lo pronto, la coalición oficialista integrada por los partidos Reforma Progresiva, Liberación General y Desarrollo, Nacional de Suriname, Pertjajah Luhur y la Hermandad y Unidad en Política ya mostró indicios de que algunas cosas cambiarán en el país.

    De entrada, la administración Santokhi-Brunswiik no se circunscribirá a los tradicionales "primeros 100 días" como rasero de su proyecto de gobierno, si no que declarará una fase de emergencia de nueve meses para encarar los problemas más acuciantes.

    Según el acuerdo de coalición, el nuevo Gobierno de Surinam trabajará para garantizar la seguridad social de los grupos vulnerables, estimulará la actividad económica y la lucha contra la corrupción, mediante un fortalecimiento de las instituciones públicas.

    Tras esa etapa inicial, vendrá una fase de estabilización prevista para 24 meses, durante la cual se aspira a equilibrar la economía y las finanzas del país, para desbrozar el camino a un futuro de desarrollo que, al menos en papel, luce alentador.

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