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    JERUSALÉN (Sputnik) — Una considerable algarabía se puede escuchar por todo Israel cuando faltan apenas unos días para la anexión de grandes extensiones de la Cisjordania ocupada en la guerra de 1967.

    Sin embargo, a pesar del alboroto, y de la oposición de la mayor parte de la comunidad internacional, todo indica que el primer ministro Benjamín Netanyahu llevará adelante este plan que cuenta con la bendición del presidente de EEUU, Donald Trump.

    Según el diario Israel Hayom, muy próximo al primer ministro, el propio Netanyahu ha confirmado a su entorno que la anexión comenzará según lo previsto. El acuerdo de gobierno firmado por Netanyahu con Benny Gantz, de Azul y Blanco, estipula que la anexión se iniciará a partir del 1 de julio. Aunque sobre el papel no se indica una fecha concreta, Netanyahu no quiere dejar pasar mucho tiempo por varias razones.

    En primer lugar, Israel está interesada en aprovechar la presidencia de Trump. Netanyahu no puede arriesgarse a que las elecciones de noviembre en Estados Unidos conduzcan a un cambio de inquilino en la Casa Blanca, lo que dificultaría el proceso. Además, Netanyahu ha prometido a su electorado que la anexión se producirá inmediatamente, lo que cobra mayor importancia en estos días en los que los analistas no descartan una próxima disolución de la Kneset y la convocatoria de elecciones.

    Un proceso imparable

    La dinámica impuesta por Netanyahu parece imparable. El primer ministro sigue negociando la manera en que se aplicará el plan con Gantz, y hasta ahora los dos mandatarios no han logrado pactar la aplicación. Pero estas discusiones se consideran artificiales y dirigidas al electorado de cada uno de ellos, de modo que al final no frenarán el proceso.

    Distintos medios hebreos señalan que una solución de compromiso podría consistir en una aplicación de la anexión en dos etapas. En la primera etapa, Israel se anexionaría los asentamientos judíos que hay en Cisjordania, donde residen cientos de miles de israelíes, muchos de ellos extremistas, que a partir de entonces estarían plenamente sometidos a las leyes de la Kneset. En esta primera fase Israel se anexionaría aproximadamente el 10% de Cisjordania.

    Netanyahu propondría entonces una negociación con los palestinos, a sabiendas de que los palestinos la rechazarían, lo que daría paso a la segunda fase de la anexión. En la segunda fase, que se concretaría más adelante, se procedería a la anexión del Valle del Jordán y del norte del mar Muerto, un territorio que se estima que comprende el 20% de Cisjordania. De esta manera, Netanyahu cree que las críticas internacionales no serían tan ruidosas como si la anexión se llevara a cabo de golpe.

    Las posibilidades de que la anexión se detenga son nulas. A lo largo de décadas, Israel ha ido creando sobre el terreno una situación de facto que se ha hecho irreversible. Relegados a unos territorios ocupados que comprenden el 22% de la Palestina histórica, los palestinos verán cómo a partir del 1 de julio su territorio se reduce en otro 30%. La creación de un estado palestino será más inviable que nunca a partir de ahora.

    Las reacciones de la comunidad internacional, prácticamente todas condenatorias, se quedarán en declaraciones sobre el papel y sin ninguna incidencia en el proceso de anexión. Las grandes potencias, como Rusia, China y la Unión Europea, no irán más lejos de las palabras.

    Los israelíes están acostumbrados a que la comunidad internacional condene sus acciones en los territorios palestinos, pero saben perfectamente que el presidente Trump neutralizará cualquier tipo de acción específica, de manera que nada se interpone en el camino de Netanyahu.

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    anexión, Israel, Cisjordania
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