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    CARACAS (Sputnik) — Lavarse las manos con frecuencia es una de las principales recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud ante la pandemia por COVID-19, pero cumplir con ello es casi imposible en la capital de Venezuela, debido a las recurrentes fallas del servicio, que obliga a los ciudadanos a buscar alternativas para abastecerse.

    Caracas es un valle y la mayoría de sus zonas residenciales están establecidas en colinas y montañas empinadas, por lo que para proporcionar el servicio es necesario un óptimo sistema de bombeo, que en los últimos años se ha visto afectado por la inestabilidad del sistema de energía eléctrica, la sequía y la falta de mantenimiento.

    Los residentes de muchas zonas de la capital venezolana, especialmente en los cerros en los que hay numerosas viviendas apilonadas, se han acostumbrado a no usar sus grifos, pues en ocasiones transcurren tres meses o más para que puedan ver salir agua durante solo una hora.

    Para peor, esta semana, una explosión empeoró la situación. El área de bombeo de agua de la capital quedó afectada en 50% según anunciaron las autoridades, que de inmediato aseguraron que se trataba de un nuevo sabotaje.

    ​Ante este panorama, los ciudadanos hacen lo que pueden para abastecerse.

    Dolor de cabeza

    Para Esteban Buenaventura, un taxista de 47 años, residente del sector La Pastora (norte), cargar agua todas las semanas en las faldas del Parque Nacional Waraira Repano, en cuanto envase plástico encuentra, se ha convertido en su rutina semanal.

    Por su parte, para Laura Jaramillo de 58 años, habitante del sector residencial San Pedro, la realidad es otra. Ella se ha adaptado al horario que habitualmente cumple Hidrocapital, la compañía estatal que entrega agua a los residentes de la ciudad.

    "Aquí llega el agua jueves, viernes y sábado; en esos días se puede lavar, el resto de la semana estamos con el tanque del edificio, y nos colocan el servicio tres horas distribuidas en tres turnos, pero desde la semana pasada está fallando", dijo la mujer a Sputnik.

    En el sector Santa Mónica de Caracas, cercano a San Pedro, los vecinos se preparaban para la escasez de agua recolectando cinco dólares por apartamento para comprar cuatro cisternas de agua, cada una en 80 dólares.

    "Una cisterna de agua cuesta entre 100 y 80 dólares y aquí se necesitan cuatro para medio llenar el tanque y que la bomba del edificio pueda funcionar. Esto es realmente un dolor de cabeza, es como si la escasez de gasolina, la inflación, la pandemia no fuesen suficientes, ahora sin agua y quien sabe hasta cuándo", relató Marisabel Ocampo, de 63 años.

    Las autoridades venezolanas optaron por utilizar 100 de los 250 camiones tipo cisternas que compraron recientemente a China, para llevar agua a algunas comunidades, pero las interminables filas en algunos sectores provocan angustia y conflictos entre los vecinos: todos quieren y necesitan el agua.

    Para este domingo (el 24 de mayo), el ministro de Interior y Justicia, Néstor Reverol, espera que se logren reparar los daños ocasionados por la explosión, y así los residentes de la capital vuelvan a contar con su irregular suministro de agua.

    Etiquetas:
    crisis, agua, Caracas, Venezuela
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