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    El coronavirus en Brasil (183)
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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — La escena era un clásico en las playas de Río de Janeiro: sentarse en la arena y esperar a que pasara un vendedor de "biscoito Globo" para saborearlo mirando al mar. Pero el coronavirus, en su afán destructor, alejó a los cariocas de sus playas, y ahora amenaza también con extinguir uno de sus símbolos.

    El "biscoito Globo" es una especie de snack (en versión salada y dulce) con 67 años de historia a sus espaldas, durante los cuales se convirtió en un icono de la ciudad. Ahora, su fábrica, en el centro de Río, está cerrada por tiempo indeterminado.

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    "Nuestro buque insignia es el 'biscoito' vendido en los envoltorios de papel, revendido en las calles y playas… Como nadie sale de casa y la playa está prohibida no tenemos adónde ir", decía hace unos días Marcelo Ponce, uno de los dueños del negocio, en declaraciones a la revista Veja.

    Según el propietario, en un año normal, ahora estaría vendiendo entre 5.000 y 7.000 saquitos de este snack cada día, una cifra que llega a doblarse en los meses de verano, con las playas abarrotadas. Estos días no vende nada.

    Ya sólo queda "biscoito Globo" en algunas tiendas que hicieron sus pedidos antes de la crisis del COVID-19, y más de 40.000 envoltorios de papel de la fábrica tendrán que ser destruidos, porque ya tenían la fecha de caducidad impresa y no sirven.

    Este snack forma parte del imaginario colectivo de la "Ciudad Maravilhosa", y sus habitantes lo exhiben con orgullo, a pesar de que en ocasiones deja estupefactos a los visitantes por su textura (están rellenos de aire) y su escaso sabor.

    En 2017, el crítico gastronómico David Segal, del diario The New York Times, publicó un reportaje diciendo que el biscoito Globo era algo "sin gusto y sin gracia".

    Miles de cariocas expresaron su furia en las redes sociales, se creó el hashtag #todossomosbiscoitoglobo y los fabricantes llegaron a agradecer al periódico por la enorme repercusión.

    La chef Roberta Sudbrack, con una estrella Michelin, advirtió: "Los iconos culturales de un pueblo no se tocan, aun menos los gastronómicos, ¡todo es subjetivo!, biscoito Globo: we love it".

    Los habitantes de Río suelen acompañar este popular snack con un vaso de "matte Leão", un té frío que puede mezclarse con limonada y que ofrecen los mismos vendedores ambulantes de la playa, ahora desaparecidos.

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    Публикация от Leão (@leaotm)

    Hace nos años, las autoridades habían prohibido la venta de esta bebida en las playas alegando cuestiones de higiene y salubridad, poniendo en duda la calidad del agua que transportaban los vendedores en sus grandes garrafas.

    Una ola de indignación se apoderó de los bañistas, y hubo que dar marcha atrás, pocos años después, en 2014 el ayuntamiento rectificó y reconoció a los vendedores como "patrimonio cultural inmaterial de la ciudad".

    Los vendedores ambulantes de "biscoito Globo" y "matte Leão" son muy queridos, y algunos alcanzan la categoría de iconos populares, como Moisés, vendedor en la playa de Leme, que en 2016 participó en el relevo de la antorcha de los Juegos Olímpicos.

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    Публикация от Biscoitos Globo (@biscoitogloborj)

    Estos trabajadores informales, están ahora sin empleo y en una condición muy delicada debido a las restricciones que impone la pandemia.

    Algunos vecinos asiduos de las playas se están uniendo para recaudar fondos, para que puedan subsistir mientras esté prohibido bajar a la playa.

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    coronavirus, playa, negocios, mate, comida, Brasil
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