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    El coronavirus en Brasil (177)
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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — A mediados de marzo, una imagen dio la vuelta al mundo: una explanada de tierra en el cementerio de Vila Formosa, en el estado brasileño de San Pablo, donde se estaban excavando a diario cientos de nuevas tumbas para hacerle lugar a las víctimas del COVID-19.

    Semanas después, otra imagen, tomada desde el mismo ángulo que la primera, revelaba que ya no había más lugar para albergar nuevos muertos en el camposanto más grande de América Latina.

    Así es como viven el día a día los cementerios brasileños, luchando contra el tiempo, excavando tumbas de a miles y realizando entierros incluso en la madrugada para intentar evitar, inútilmente, desbordarse por el rápido aumento de fallecidos por COVID-19 en el país.

    Ante la falta de datos que den un panorama real de la situación de la pandemia en Brasil (el subregistro es enorme, por la falta de test) los cementerios y hospitales se han convertido en el barómetro para medir la virulencia de la enfermedad causada por el nuevo coronavirus: en abril, en el cementerio de Vila Formosa, fueron enterradas 1.654 personas, 50% más que en marzo y 18% más que en abril del año pasado.

    El ayuntamiento de San Pablo anunció la semana pasada que excavará 13.000 nuevas sepulturas en sus cementerios para crear nuevos espacios para las víctimas de COVID-19, y que se contratará a 220 sepultureros extra para el periodo nocturno en caso de que lleguen a hacerse más de 400 entierros al día.

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    El estado es el más afectado por la pandemia, con más de 2.600 fallecidos y más de 31.000 casos confirmados; le sigue Río de Janeiro, con más de mil muertes y más de 11.000 personas contagiadas.

    Fuentes del departamento que administra los 22 cementerios públicos de la ciudad de Río de Janeiro explicaron a Sputnik que la capacidad en la urbe "es totalmente adecuada para el momento actual", porque desde 2014 se vienen haciendo ampliaciones y modernizando las instalaciones.

    Los cambios pues, se centran más bien en los protocolos de seguridad y prevención: cuando un paciente muere, el hospital entrega el cuerpo al agente funerario envuelto en un plástico negro, y rápidamente se le coloca dentro de un ataúd lacrado.

    En este contexto, se eliminaron los trabajos de tanatopraxia, en los que se prepara el cadáver para su conservación y que este pueda ser velado.

    En el cementerio, los familiares (un máximo de seis) pueden velar al fallecido en ceremonias breves y siempre con el ataúd cerrado, y los sepultureros deben ir totalmente equipados con gorro, gafas, mascarilla, delantal y guantes.

    Enterrar con las manos

    Estos protocolos, cuidadosamente estudiados, se están viendo alterados en lugares donde la situación es más dramática.

    En los cementerios de Manaos (la capital de estado de Amazonas, en el norte del país) se vieron en los últimos días ataúdes siendo acumulados de tres en tres en fosas comunes, y una familia incluso tuvo que enterrar a su pariente con sus propias manos, lanzando tierra sobre el ataúd, debido a la falta de sepultureros.

    Ante la polémica desatada, la alcaldía tuvo que dar marcha atrás y cancelar los entierros mediante el "sistema de capas" en el cementerio Nossa Senhora de Aparecida, el más importante de la ciudad, al tiempo que también se cancelaron los entierros nocturnos.

    Las autoridades locales buscan alternativas: firmaron un convenio con un crematorio local, y equipos de los cementerios públicos realizan un trabajo de concientización para convencer a los familiares de las víctimas de que adopten este método, evitando así una masificación de las instalaciones.

    Antes de la pandemia, Manaos, una ciudad de más de dos millones de habitantes, registraba una media de 30 entierros al día, pero ahora la media está en cien, y un estudio del ayuntamiento apunta que lo peor podría llegar durante este mes de mayo, cuando se podrían superar los 4.200 entierros.

    El estado de Amazonas es el quinto más afectado por el coronavirus, pero de momento es el que más está notando el impacto, sobre todo por sus deficientes instalaciones de salud, ya que en todo el estado solo hay un hospital con unidad de cuidados intensivos. Esto ha llevado a que muchas personas mueran en sus casas, sin tiempo de ser atendidas.

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    Etiquetas:
    cementerio, fosas comunes, muerte, Brasil, COVID-19, coronavirus
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