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    A principios de marzo, la vida de la periodista iraní de Sputnik, Samira Esmaeili, se volvió del revés cuando le prohibieron volver a Rusia, donde vive, después de unas vacaciones en Europa. A la joven le tocó volver a su tierra natal sin documentos, sin dinero y sin la ropa apropiada.

    "A finales de febrero, viajé a Europa. En aquel entonces, la epidemia de coronavirus alcanzaba su punto máximo en China y llegaba a otros países, pero aún no había llegado a las naciones europeas. Estuve en los Países Bajos y en el Carnaval de Colonia, en Alemania. Nadie estaba preocupado por el coronavirus en aquel momento, las ciudades estaban llenas de turistas felices, como yo", compartió la joven.

    Patricia Lee Wynne, Jefa de redacción de Sputnik en Montevideo
    © Sputnik / Patricia Lee Wynne
    Unas semanas más tarde, el 1 de marzo, Esmaeili retornó a Moscú en un vuelo desde Ámsterdam. En aquel entonces, Irán ya estaba entre los países con el mayor número de contagios por el nuevo coronavirus, con 593 infectados, según el informe de la Organización Mundial de Salud. Pero como no había estado en su tierra natal en los últimos cinco meses, a la periodista ni se le ocurrió que podría tener problemas al aterrizar en la capital rusa.

    En el aeropuerto de Sheremétievo, en Moscú, Esmaeili se enteró de que para evitar la diseminación del virus SARS-CoV-2, Rusia recién había prohibido la entrada a todos los ciudadanos iraníes al país. Pese al visado de trabajo y todos los documentos que prueban que trabaja en Rusia de manera legal, la periodista no posee el permiso de residencia permanente.

    "En un instante, mi mundo se volvió del revés. Toda mi vida estaba en Moscú: universidad, trabajo, dinero, necesidades básicas, objetos de valor... No podía creer que en unas pocas horas tendría que regresar a Irán con una pequeña maleta, en la que ni siquiera había un atuendo adecuado para un país musulmán", recordó la periodista.

    La mañana siguiente, a Esmaeili la enviaron de vuelta a su país. Llevaba una minifalda y la cabeza descubierta. Los empleados del aeropuerto se sorprendieron al ver su atuendo, ya que en Irán las mujeres deben usar el velo islámico y ropa que cubra todo el cuerpo. Este, sin embargo, resultó ser el menor de sus problemas. La periodista no llevaba consigo sus documentos iraníes, las llaves de su piso en Teherán y tampoco una tarjeta bancaria o tarjeta telefónica que funcionaran en el país.

    Después de superar a los imprevistos, Esmaeili se tomó la situación con buen humor y bromeó contando que al final de su larga cuarentena solitaria en Irán se convertirá en una chef, ya que le toca cocinar todos los días. La joven cuenta que en los días de aislamiento social aprovecha el tiempo libre para estudiar, leer, ver películas e incluso tejer con lana. Sale a la calle una vez cada cuatro días, solamente para comprar alimentos y otros productos de primera necesidad.

    Esmaeili no esconde que echa de menos las conversaciones con sus colegas de trabajo y la atmósfera de la agencia de Sputnik en Moscú. La joven lamenta, además, que no pueda visitar a sus parientes, en particular a su madre, que vive en el norte del país. 

    "Así fue como terminó mi viaje a Europa que recordaré toda la vida. Espero que pronto llegue el día en que recordemos todas estas semanas de cuarentena y digamos 'lo hicimos'", dijo Esmaeili llena de esperanza.
    Etiquetas:
    Rusia, COVID-19, pandemia de coronavirus, coronavirus, Irán
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