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    "¡Se cerraron las fronteras!" "¡Quédate en casa!". Frases que retumban en todo el mundo y son replicadas en las redes sociales y en los medios de comunicación con la velocidad del contagio del SARS-CoV-2. Pero ¿qué sucede si quedarte en casa o en tu país significa tu muerte y la de tus seres queridos y todas las fronteras están cerradas?

    Sí, parece el comienzo de una pesadilla.

    A unas 37.000 personas por día no les queda más remedio que huir para salvar sus vidas debido a conflictos armados, persecución política o de bandas criminales como las pandillas, entre otras causas, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

    La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó el 30 de marzo que ya fallecieron 33.106 personas en todo el mundo por el COVID-19, la enfermedad respiratoria causada por el nuevo coronavirus.

    Pero a esas 37.000 personas, el cierre de fronteras dispuesto por numerosos gobiernos también puede causarles la muerte.

    "El llamado mundial es 'Quédense en casa', es como el mantra que todos estamos escuchando, y para los refugiados quedarse en casa no es una opción, nadie quiere ser un refugiado; si han huido es para salvar sus vidas", dijo a Sputnik la portavoz regional del ACNUR para Centroamérica y México, Sibylla Brodzinsky.

    Todos los países tienen el derecho y el deber de proteger a su población frente a una pandemia, reconoció la funcionaria.

    Pero la aparición del coronavirus no suspendió guerras, conflictos y persecución.

    Por eso Brodzinsky sugiere que las medidas que tomen los gobiernos "para salvaguardar a su población no resulten en un cierre de las avenidas para solicitar asilo".

    Hay alternativas que los gobiernos pueden implementar para habilitar el ingreso de estas personas, como pruebas médicas previas para verificar algún riesgo de salud y medidas de aislamiento o de cuarentena, ideas con la que coincide la directora para las Américas de Amnistía Internacional, Erika Guevara-Rosas.

    La colaboradora del Instituto para las Mujeres en la Migración en América Central, Miriam González, dijo a Sputnik que migrantes y solicitantes de asilo, además de la discriminación y la xenofobia, soportan mayor vulnerabilidad en medio de la pandemia.

    Un hombre con mascarilla
    © REUTERS / Stephanie McGehee
    Por ejemplo, se los detiene en estaciones migratorias que no cuentan con las medidas sanitarias básicas, como la distancia y el acceso a test.

    Brodzinsky hace énfasis en que, hasta el momento, ACNUR no registró ningún caso confirmado de COVID-19 entre solicitantes de asilo en América Latina.

    Guevara-Rosas señaló que es fundamental hacer énfasis en que el COVID-19 no es producto de las migraciones.

    "No se le debe impedir a nadie solicitar asilo, ni devolver a nadie a un país donde pueda correr peligro porque esto pondría a los estados en una situación de violación a sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos", advirtió la activista.

    La directora de Amnistía observó que en las últimas semanas, algunas de las poblaciones más afectadas por el cierre de fronteras fueron las personas con necesidad de protección internacional.

    "Los gobiernos deben ser comprensivos con la situación y permitir que accedan a su territorio a pesar de las restricciones de movilidad. No se debería utilizar la pandemia como una excusa para discriminar a las personas o estigmatizarlas como portadoras del virus", concluyó la activista.

    ACNUR lanzó la semana pasada una petición para conseguir 255 millones de dólares para contribuir a reducir la propagación del COVID-19 en comunidades vulnerables con sistemas de salud débiles en donde se encuentran millones de refugiados.

    "Uno de nuestros objetivos es ayudar a los albergues de refugiados y solicitantes que también albergan a migrantes, a establecer espacios de aislamiento por si tuvieran algún caso de infección, ampliar sus capacidades de recibir más personas, ayudarlos a instalar estaciones de lavado de manos", explicó Brodzinsky.

    Los países de América Latina con mayores necesidades de respuesta inmediata son Colombia y Venezuela, que estarán entre los destinatarios de esos fondos.

    "Algo que ha dejado claro esta pandemia es que afecta a todas las personas, pero no de la misma manera; pone de manifiesto la interconexión entre las distintas formas de exclusión y desigualdad y las violaciones de derechos humanos", dijo Guevara-Rosas.

    Pero además, observó, "también nos brinda como sociedad la oportunidad de asumir cambios paradigmáticos en la forma en que vemos el mundo y en la forma en que nos organizamos".

    La directora de Amnistía para las Américas cree que quedarse en casa, las cuarentenas, las recomendaciones de cuidado son para un porcentaje privilegiado de la población, porque a veces no salir de casa entraña un riesgo vital.

    Esta pandemia "es un desafío sin precedentes para las sociedades de todo el mundo, nos presenta la oportunidad de reflexionar sobre las formas en las que nos relacionamos, sobre las formas en las que contribuimos a evitar la desigualdad y la discriminación o en las que contribuimos a perpetuarlas", subrayó.

    Guevara-Rosas exhortó a que todas las personas pongan los derechos humanos en el centro de la acción y a asumir "que todas y todos estaremos seguros en la medida en que los grupos de población históricamente marginalizados estén protegidos".

    La crisis está poniendo en jaque a gobiernos de varios países, a sus sistemas de salud y sus economías.

    Pero también pone a prueba a las sociedades y a las personas.

    Brodzinsky llamó a que "la víctima no sea la empatía".

    "A pesar de esta crisis, que ha despertado miedos en muchas personas, todos la necesitamos en este momento y más que nada los más vulnerables", concluyó.

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    COVID-19, refugiados, migrantes, pandemia de coronavirus, coronavirus
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