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    A finales de febrero, Italia registraba menos de 20 muertos por COVID-19 y la cuarentena era solo una recomendación de las autoridades. La mayoría de los países de América Latina está en esa etapa de la pandemia de coronavirus y las acciones de hoy impactarán en el número de víctimas de mañana.

    Latinoamérica cuenta con una gran desventaja: economías muy golpeadas que no tienen el poder de actuar rápidamente para contener la expansión del coronavirus y cada decisión que frene la palanca de la actividad económica, repercutirá muy negativamente por varios años. Además, los sistemas sanitarios colapsarán rápidamente a medida que se multipliquen las personas contagiadas que requieran hospitalización.

    Sin embargo, la región cuenta con una ventaja que puede ser la clave de su salvación: está del otro lado del mundo de donde se originó el virus casi tres meses atrás. Los Gobiernos latinoamericanos tienen la posibilidad de analizar qué hicieron bien y qué hicieron mal los países más golpeados de Asia y Europa. En concreto, los ojos están puestos en China, Italia y Corea del Sur.

    Italia es para los países de esta parte del globo el ejemplo más cercano por nexos culturales. Hace muy poco tiempo, a fines de febrero, los italianos continuaban con su vida normal, cansados de días de paranoia mediática y especulaciones del Gobierno tras las primeras muertes por coronavirus.

    "Desde el punto de vista de la vida social, para mí no ha cambiado nada. Si debo salir a tomar una cerveza con amigos, salgo", decía Matteo a Sputnik el 28 de febrero cuando nadie imaginaba que el país europeo contaría los muertos de a miles y que superaría a China en el número de víctimas mortales.

    Aquella tarde, Matteo estaba tomando el clásico aperitivo italiano junto a dos amigos en un bar en el centro de Milán en el que no había nadie parado, pero en el que tampoco sobraba una silla vacía. Los italianos buscaban con mucho optimismo evadir las fake news y el pánico mediático hasta que la cantidad de víctimas se multiplicó exponencialmente y el Gobierno debió adoptar medidas drásticas que cambiaron la realidad para siempre.

    "Trabajo en smart working, cada uno en su casa, pero hoy estoy aquí porque alterno con mis colegas", comentaba Francesca algunas horas más temprano ese mismo día cuando la interrumpimos en plena sesión fotográfica para sus redes sociales desde la plaza del Duomo. La zona de la catedral de Milán estaba casi desierta, solo algunos turistas y muchas palomas, un escenario ideal para subir la mejor instantánea a Instagram.

    "Seguramente no sea tan alarmante como lo han presentado”, opinaba Antonio quien lanzó una interesante frase: "Yo no tengo miedo. Hay mucha gente que piensa que vino la peste, la Tercera Guerra Mundial. Pero en mi opinión, quien tiene miedo, muere primero".

    Antonio tiene razón. No es momento de tener miedo. Es momento de ser responsables y en aquellos países donde se recomienda el aislamiento social o se decreta la cuarentena, es importante cumplir las medidas sin caer en ninguna paranoia.

    Un Estado presente salva vidas

    Italia ha estado durante años discutiendo presupuestos, cuotas europeas y niveles de déficit. Su mayor preocupación hasta principio de 2020 era frenar la inmigración, reforzar las barreras europeas para contener la llegada de refugiados. El tablero se ha dado vuelta y ahora es el resto del mundo quien le cierra las fronteras y lo único que importa en su presupuesto son los fondos destinados a la salud.

    En América Latina la ecuación no será distinta. El país que mejor aplique el aislamiento social y más fondos inyecte a la salud pública, será quien mejor salga parado de esta pandemia. América Latina tiene la oportunidad de mostrarle al mundo la importancia de tener un Estado fuerte.

    Argentina ha tomado drásticas medidas ante la multiplicación de casos, como la suspensión de clases y el cierre de fronteras, mientras que con su aerolínea de bandera continúa la repatriación de sus ciudadanos que quedaron varados en Europa.

    En el otro frente, como si de un clásico futbolístico se tratara, Brasil ha menospreciado el impacto del coronavirus. Más de una decena de funcionarios del presidente Jair Bolsonaro contrajo COVID-19 y el país continuó desarrollando eventos masivos. Además, en un primer momento, el Gobierno brasileño delegó varias facultades en cada estado, algo que había hecho Italia en el comienzo y que terminó desatando el caos.

    Las dos maneras de encarar la crisis ya muestran estadísticas diferenciadas: Brasil es por el momento el país de América Latina que registra más cantidad de casos.

    "¿Nos encerramos todos?"

    Cuando Italia solo tenía dos decenas de muertos y menos de 1.000 contagiados, se indignaba al ser señalada. "Lo que tenemos aquí, lo tienen otros países", repetían todos. En eso no se equivocaron. El tiempo les dio la razón y el virus ya está presente en todo el mundo.

    "¿Y qué hacemos? ¿Nos encerramos todos?”, preguntó Roberta, una guía turística en Milán, en la entrevista con Sputnik a fines de febrero. Algunas semanas después, toda América Latina debe responder al unísono: "¡Sí!".

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