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    Los representantes de EEUU y del grupo terrorista Talibán —proscrito en Rusia— firmaron un acuerdo de paz el 29 de febrero. Pero es demasiado pronto para echar las campanas al vuelo y afirmar que el sangriento conflicto armado que ha azotado al país desde hace décadas por fin ha concluido.

    De acuerdo con las cláusulas del documento, Washington se compromete a reducir la presencia de su fuerza militar en el país hasta los 8.600 efectivos en cuestión de 135 días —poco más de 4,5 meses—. Actualmente el contingente estadounidense se cifra en unos 12.000 soldados. Esta es la primera fase de la retirada estadounidense del territorio afgano.

    Si los talibanes se abstienen de sembrar la violencia dentro de ese período, EEUU en la segunda fase retirará el resto de su contingente durante los 9,5 meses siguientes. Es decir, si todo va bien, en 14 meses la presencia norteamericana en el país llegará a su fin tras más de 18 años. El documento fue firmado por el enviado de EEUU para Afganistán, Zalmay Khalilzad, y el jefe de la oficina política de los talibanes, el mulá Abdul Ghani Baradar, en la capital catarí, Doha.

    Pero que el acuerdo llegue a buen puerto será complicado. Los talibanes posiblemente encontrarán difícil cumplir con él, ya que tienen fama de perpetrar atentados durante las negociaciones. Fue lo que ocurrió en septiembre de 2019, cuando el grupo orquestó un ataque que acabó con la vida de un militar estadounidense. Como consecuencia, el presidente norteamericano, Donald Trump, dio por "muertas" las negociaciones. Pero luego las partes volvieron de nuevo a sentarse.

    Otro obstáculo que puede socavar el proceso de paz es la negativa del Gobierno afgano de liberar 5.000 prisioneros talibanes antes de que comiencen las negociaciones interafganas, tal y como está mencionado en el acuerdo entre el grupo radical y Washington. El presidente afgano, Ashraf Ghani, señaló que no es competencia de Estados Unidos liberar a los prisioneros, sino de Kabul. En otras palabras, el camino hacia la reconciliación nacional será muy largo y vertiginoso.

    Afganistán, ¿el segundo Vietnam de EEUU?

    Entre tanto ruido mediático alrededor de la firma del acuerdo de paz suenan voces que comparan el documento con los Acuerdos de paz de París de 1973, con los que se iba a poner fin a la guerra de Vietnam y a la presencia de EEUU en el país asiático. Sin embargo, para la política exterior norteamericana los acuerdos resultaron ser un fracaso total. Dos años más tarde, Vietnam del Sur cayó ante los golpes de sus hermanos comunistas del norte y el Viet Cong.

    Aunque el mismísimo Trump declaró que EEUU regresaría a Afganistán "con una fuerza jamás vista" si sucedían "cosas malas", es muy poco probable que el Pentágono ose hacerlo si no existe amenaza directa para Estados Unidos o para sus aliados. Esto significa que Washington prácticamente deja Afganistán a merced de los talibanes.

    El futuro del país asiático lo decidirán las negociaciones interafganas. El acuerdo prevé que como consecuencia se forme el nuevo Gobierno afgano islámico. Todavía no está claro qué papel va a jugar el grupo radical en el futuro político de Afganistán. Actualmente los talibanes ya ejercen su control sobre una parte significativa del territorio del país, sobre todo en algunas provincias centrales y periféricas. Es poco probable que renuncie al control sobre ellas.

    Es más, es muy probable que en un momento dado esta organización terrorista trate de hacerse con el poder de toda la nación. Y la vuelta de EEUU al país para restablecer el orden constitucional no parece una opción viable. Sería una medida muy poco popular en la sociedad norteamericana porque significaría nuevas bajas para el Ejército estadounidense. Además, en la historia de Afganistán, Talibán ya controló la mayor parte del país entre 1996 y 2001 y Washington no hizo absolutamente nada.

    Solo después de los atentados del 11S y de que el Emirato Islámico de Afganistán —el régimen de Talibán— se negara a entregar a Osama bin Laden, EEUU intervino en 2001. De ello se puede deducir que el país norteamericano vaya a actuar solo en caso de que exista una amenaza directa. Las cláusulas del acuerdo actual mencionan la negativa de los talibanes a dar refugio a las organizaciones terroristas que representan un peligro para Washington.

    ¿Capitulación o victoria?

    La retirada de Estados Unidos es casi incondicional porque la única condición que pone el país es que los talibanes renuncien a la violencia y a cooperar con grupos terroristas, algo obvio para un acuerdo de paz. Por lo que no se puede considerar una condición.

    Por otra parte, en cualquier caso la firma del documento es una jugada astuta y favorece la campaña presidencial de Donald Trump en las elecciones de 2020. Para los votantes Trump tiene una imagen de buen negociador, una persona que puso fin a la guerra en Afganistán, algo que sus predecesores lo lograron.

    De todas formas el periodo de 14 meses fijado para retirar su fuerza militar es muy conveniente porque coincide con la inauguración del nuevo mandato del futuro presidente en enero de 2021. El nuevo mandatario o el mismo Trump, si vuelve a ganar, pueden salir del tratado y hacer que los militares estadounidenses se queden en Afganistán. Es una opción bastante tangible y viable.

    Incluso si prevalece la paz y Talibán respeta todos los acuerdos firmados el 29 de febrero, el camino hacia la reconciliación no será fácil a causa de cuestiones ideológicas. Las dos partes del pueblo afgano, los que apoyan o son parte de Talibán y los que lo detestan, ven muy diferente el futuro del país.

    Además, hay quien ha perdido a sus familiares y amigos a causa de la guerra librada por los talibanes. La inclusión del grupo radical en la vida política es un puñetazo en el estómago para estas personas.

    Una vez EEUU retire las sanciones contra los talibanes, se legitimará al grupo. Esta sería una mala señal, pues las demás organizaciones terroristas pueden llegar a la conclusión de que, si se perpetran numerosos ataques con la población civil, pueden salir prácticamente impunes.

    Por otra parte, el acuerdo de paz entre EEUU y los talibanes es un intento desesperado de poner fin a la violencia en Afganistán. Por lo cual el razonamiento es lo siguiente: es mejor intentarlo. Incluso Moscú ha abogado por el proceso político en Afganistán, aunque reconoce que Talibán es un grupo terrorista que está proscrito en su territorio.

    Para un país destrozado por una guerra de más de 18 años y sumergido en la violencia, el acuerdo de paz puede ser su única solución. Pese a los riesgos que conlleva su firma. En cualquier caso, la presencia de EEUU no ha traído nada bueno al país.

    Etiquetas:
    acuerdo de paz, talibanes, Talibán, Afganistán
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