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    Según documentos secretos del Ministerio de Exteriores de Finlandia, el país pudo ingresar en la OTAN en 1995 y, así, ayudar a rodear militarmente a Rusia. Pero no lo hizo. Otros países vecinos de Moscú no han sido tan prudentes y optaron por el ingreso en el bloque atlántico. Sputnik explica por qué deberían haber seguido el ejemplo de Helsinki.

    A lo largo de los últimos 30 años la Alianza Atlántica ha estado expandiéndose hacia el este. El bloque se acerca cada vez más a las fronteras de Rusia y existe la amenaza de que un día la parte europea del país euroasiático quede completamente rodeada por las fuerzas de la alianza. De hecho, la Federación de Rusia ya comparte límite con algunos países que forman parte de la OTAN: Noruega, Polonia y los países bálticos —Estonia, Letonia y Lituania—.

    Los años 1990 y el inicio de los 2000 fue una época difícil en la historia de la Rusia contemporánea. El país estaba débil como nunca, y sus adversarios aprovecharon del momento. Pese a las promesas que los líderes occidentales habían hecho al presidente soviético, Mijaíl Gorbachov, la OTAN se expandió hacia las fronteras rusas. En 1999, Polonia se unía a la Alianza y, en 2004, los países bálticos siguieron su ejemplo.

    Entre los vecinos de Moscú hay también quienes expresaron su deseo de ingresar en esta organización militar en el futuro: Ucrania y Georgia. Su posible participación en el bloque marcaría un punto de no retorno, porque muchas ciudades rusas se encontrarían dentro del alcance de las armas del bloque, lo que representaría una amenaza inminente para la seguridad nacional rusa.

    Una notable excepción es Finlandia, un país del norte de Europa que comparte con Rusia una larga frontera de 1.271 kilómetros. Aunque el país sí coopera con cierta periodicidad con la Alianza tomando parte en misiones de paz y contribuyendo a las operaciones del bloque, pero no forma parte de ella.

    Moscú y Helsinki firmaron en 1992 un acuerdo sobre las bases de las relaciones entre ambos. El documento estipula que en caso de que una de las partes sea agredida militarmente, la otra se abstendrá de prestar ayuda al agresor.

    Sin embargo, las intenciones de Helsinki con Rusia no siempre fueron sinceras. Según los documentos del Ministerio de Exteriores finlandés desclasificados a principios de 2020, en el país escandinavo se barajaba la posibilidad de unirse a la Alianza Atlántica. El contenido de dichos documentos lo cita en un reciente artículo el medio finlandés Iltalehti.

    La posibilidad de unirse al boque se debatió al más alto nivel tras la situación geopolítica que se formó después de la disolución de la URSS. La debilidad de Rusia en aquellos años brindaba una posibilidad única para Helsinki: para Moscú sería complicado responder a una decisión hostil como aquella. Además, el ingreso en la OTAN podría haber coincidido así con la entrada de Finlandia en la Unión Europea en 1995.

    Una decisión sabia

    Pero, ¿por qué Helsinki decidió no provocar a Moscú con un paso tan brusco?

    Las relaciones entre ambos han sido turbulentas en el pasado. Cuando Finlandia se independizó del Imperio ruso, experimentó un conflicto interno entre los partidarios del comunismo y los llamados finlandeses blancos. Luego, Finlandia y la URSS lucharon una contra otra en varias ocasiones. La difícil historia de las relaciones bilaterales debería preocupar al país escandinavo. Pero finalmente en la década de 1990 el Gobierno de Yeltsin logró convencer a Helsinki de no ingresar en la OTAN.

    La cara más visible durante el diálogo que mantuvieron ambas naciones en aquel momento no fue la del presidente ruso, sino la de su viceministro de Defensa, Andréi Kokoshin. Fue él quien celebró una reunión con el embajador finlandés en Moscú, Arto Mansala. Según los documentos a los que ha tenido acceso el portal, el funcionario ruso expresó que Moscú se opondría categóricamente al ingreso de los países bálticos al bloque. Si bien esos documentos no lo mencionan directamente, la posición rusa pudo hacer que Helsinki cambiara de idea.

    Actualmente Finlandia se beneficia de la decisión que tomó en aquella época, ya que ha garantizado su propia seguridad.

    Todos los países vecinos de Rusia que se unieron a la OTAN se convertirían en el blanco de las Fuerzas Armadas rusas si Rusia entrase en conflicto con alguno de sus miembros por haber prestado su territorio para las instalaciones militares y los efectivos de otros países de la Alianza.

    Otra gran desventaja para ellos es el hecho de que sus territorios sirvan como plataformas para rodear a Rusia, lo que Moscú percibe como una acción hostil. El razonamiento detrás de su decisión de ser parte del bloque es la supuesta e inexistente amenaza rusa. Lo que dichos países no entienden es que estar dentro de un bloque antagonista de Rusia es mil veces más peligroso que estar fuera de él.

    Si existiera una zona neutral entre los países de la OTAN y Rusia, sería posible reducir las tensiones que surgen a causa del contacto directo entre los dos. Pero en la situación actual parece que ya no hay vuelta atrás, porque es bastante improbable que un país de la alianza la abandone a corto plazo. Pero una cosa es cierta: la expansión del bloque hacia las fronteras rusas tiene que frenar por el bien de todos. En caso contrario, el Kremlin no tendrá otra opción más que responder. 

    Etiquetas:
    OTAN, Finlandia, Rusia
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