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    La bandera de la URSS sobre el Reichstag en Berlín (archivo)

    ¿Delirio o amnesia? Vuelven a profanar el legado de la URSS

    © Sputnik / Evgeny Khaldey
    Opinión & Análisis
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    El tema de la época soviética es muy sensible, especialmente en algunas repúblicas de la antigua URSS. Se puede decir con certeza que el sentimiento antisoviético es más fuerte en los países del Báltico. Los ciudadanos de esta zona tachan aquel período de su historia de "ocupación".

    Quien ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión del legado soviético ha sido el primer jefe de Estado de Lituania, Vytautas Landsbergis. En una carta abierta dirigida al dueño de Amazon, Jeff Bezos, se quejó de que el gigante del comercio electrónico tuviera en venta artículos con símbolos de la "tiranía" de la URSS. Landsbergis se refirió en concreto a cojines de sofá y a camisetas para niños con la hoz y el martillo.

    En su mensaje, Landsbergis acusó a la Unión Soviética de haber colaborado con las fuerzas de Hitler en crímenes de guerra y genocidio. Aquí es importante señalar que el exmandatario lituano exagera, porque la URSS nunca cometió ningún genocidio. Es más, no existe ninguna prueba contundente de que las autoridades de la URSS trataran deliberadamente de exterminar a algún grupo étnico.

    Al mismo tiempo, es necesario reconocer que en la historia de la URSS hubo hambrunas —el caso de Holodomor en Ucrania—, hubo deportaciones de diferentes grupos étnicos por parte del Gobierno de Iósif Stalin, que sí desembocó en un número enorme de víctimas a causa de las malas condiciones de transporte y alojamiento. Y además existió una red de gulags a donde enviaban a los enemigos del régimen de Stalin.

    Pero en ninguno de estos casos se trató de limpieza étnica deliberada a la que se refiere Landsbergis cuando recurre a la palabra "genocidio". Y menos aún la Unión Soviética pudo haber cooperado con la Alemania nazi.

    Se puede concluir que a todas estas páginas oscuras de la historia de la URSS las une solo una cosa: se cometieron durante el Gobierno de Iósif Stalin. Sin embargo, los errores de uno de los gobiernos del país no deben ensombrecer todo lo bueno de la época soviética.

    Un ejemplo emblemático sería el caso de Estados Unidos, que en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial lanzó dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki y mató como consecuencia a más de 200.000 civiles. Daño colateral, dirán. Pero, por alguna razón, a nadie se le ocurre prohibir los símbolos nacionales estadounidenses.

    En su carta, Landsbergis llama a Jeff Bezos a prohibir la venta de mercancías con símbolos de la URSS este 23 de agosto, el día que fue firmado "el pacto Stalin-Hitler", precisamente hace 80 años. Con toda certeza se puede decir que el político se refería al Tratado de no Agresión entre la Alemania nazi y la URSS, que tuvo una parte secreta en la que las dos partes se repartieron las áreas de interés en Europa del Este.

    En Lituania pronto hubo un Gobierno socialista y empezó a contar con la presencia del Ejército Rojo en su territorio. El nuevo parlamento prosoviético del país, al igual que los de Letonia y Estonia, proclamó estar a favor de la incorporación a la URSS. Lituania pasó a formar parte del país comunista como una república soviética socialista, es decir, el más alto nivel de la federación. La nueva república preservó su idioma y cultura. Pero todo esto cambió con la invasión nazi contra el territorio de la Unión Soviética.

    Bajo el yugo nazi, Lituania fue incluida en el Reichskommissariat Ostland. Los puntos clave de la política alemana en esta zona fueron la exterminación completa de la población judía, la mudanza de los alemanes étnicos a esta región, la germanización de una parte de la población local y la expulsión del resto de la población.

    Más de 60.000 soldados soviéticos perdieron sus vidas en aras de la liberación de los países bálticos de los nazis. Gracias a la Unión Soviética, Lituania volvió a ejercer su control sobre la zona de Vilna, que había perdido en la guerra contra Polonia en 1920. Vilna es hoy la capital de este país báltico. Asimismo, no hay que olvidar que en la época de posguerra Moscú invirtió cantidades enormes de dinero en la restauración de la infraestructura de los países bálticos.

    Landsbergis concluye su publicación con un hashtag #WhyNotSwastika. En otras palabras, el político lituano compara la hoz y el martillo, que, por cierto, están representados en la Bandera de la Victoria izada en mayo de 1945 sobre el Reichstag, con el símbolo nazi.

    Es bastante raro escuchar estas declaraciones de un político que representa a un país en el que, por lo menos hasta hace poco, existían asociaciones de veteranos de agrupaciones que colaboraron con los nazis durante la IIGM y estas personas eran consideradas héroes por muchos ciudadanos.

    Este no es el primer intento de reescribir la historia por parte de los países bálticos y seguramente no será el último.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    Segunda Guerra Mundial, URSS, Lituania
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