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    Bombardeo de EEUU contra Nagasaki

    EEUU y sus crímenes contra la humanidad

    © AP Photo / U.S. Air Force
    Opinión & Análisis
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    El 6 de agosto de 1945, EEUU perpetraba el mayor atentado terrorista jamás registrado en la historia: el bombardeo de la ciudad de Hiroshima que segó la vida de 80.000 personas reduciéndolas a cenizas, y una cifra que oscila entre 50.000 y 60.000 más habrían de morir posteriormente a causa de la radiación de la bomba atómica.

    Por Atilio Borón*

    Tres días después, y consciente de los devastadores efectos de lo ocurrido en Hiroshima el presidente Harry Truman ordena bombardear la ciudad de Nagasaki, elevando el número total de víctimas bien por encima de 200.000. Los apologistas norteamericanos califican lo ocurrido en esas dos ciudades como operaciones militares, como actos de guerra. Pero no es así: no había allí fuerzas militares con capacidad de librar combate alguno contra la aviación de Estados Unidos. Lo que había en esas dos ciudades eran ancianos, mujeres y niños, que no podían ser movilizados para la guerra. Y estos inocentes pagaron con sus vidas por el solo hecho de estar allí, sometidos a una muerte abrasadora y fulminante.

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    Eso no fue un acto de guerra sino una operación terrorista de una escala jamás vista antes, ni después, en la historia de la humanidad. Años después, los propagandistas de EEUU hablarían de "daños colaterales" para no hablar de un crimen contra la humanidad. Y contrariamente a las opiniones patrioteras de los apologistas estadounidenses había alternativas. Podrían haber demostrado el poderío devastador de su arsenal atómico haciendo detonar uno de esos artefactos en alguna de las islas del Pacífico, donde todavía se encontraba parte de la flota imperial del Japón. Pero no lo hicieron. Como Shylock en el Mercader de Venecia, la clase dominante de EEUU quería "su libra de carne", y la obtuvieron con creces.

    Tan grave como lo anterior es que al día de hoy Washington no ha pedido disculpas por el atroz crimen cometido contra Japón. Es un imperio cruel, criminal y encima arrogante. Ni siquiera un módico "I'm sorry" pronunció el presidente Barack Obama cuando visitó Hiroshima en 2016, siendo el primer presidente de Estados Unidos que al menos tuvo un gesto mínimamente humanitario. Y tampoco se disculpó Washington ante los crímenes inmensos perpetrados en Vietnam, cuyas víctimas se miden no en cientos de miles sino en al menos tres millones de personas, amén de la destrucción de buena parte de su territorio con el letal 'agente naranja' y el napalm.

    Escandalizados ante tanta impunidad un pequeño grupo de intelectuales, escritores y analistas políticos argentinos nos reunimos el año pasado y concluimos que era necesario crear una herramienta de carácter internacionalista para reforzar la memoria histórica y hacer visibles los crímenes que sin pausa se suman en la política exterior de Washington, años tras año, por diversos métodos y con diferentes justificaciones y en los más apartados rincones del planeta.

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    Fue de esta manera que junto a la analista internacional y periodista Telma Luzzani, la escritora Stella Calloni y el novelista y ensayista Alejo Brignole, elaboramos una serie de ideas que dieron forma al Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad. Juntos también redactamos una Declaración Mundial Contra los Crímenes Estadounidenses a la Humanidad, en donde expresamos una condena colectiva al avasallamiento de la legalidad internacional por parte de EEUU, advirtiendo sobre las amenazas a la paz mundial que comportaba la política imperialista de Estados Unidos y las catástrofes humanitarias creadas a causa de la misma, principalmente en Oriente Medio y especialmente en Siria.

    El grupo decidió designar como fecha emblemática de los crímenes norteamericanos el 9 de agosto en recordación del ataque atómico contra Nagasaki. Estamos convencidos de que esa fecha, el 9 de agosto, posee un significado muy claro que denuncia el carácter criminal de la política exterior seguida por Washington.

    El próximo 9 de agosto, en Santa Cruz de la Sierra, el presidente de Bolivia, Evo Morales, presidirá un gran acto internacional en el cual se dará inicio a la campaña internacional para que ese día sea admitido por la comunidad internacional como el Día de los Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad.

    Estamos seguros de que la inmensa mayoría de la población mundial, que ama y desea la paz, se unirá a esta campaña y el año próximo, en esta misma fecha podremos celebrar un gran congreso con personas procedentes de Europa, Asia, África, Estados Unidos, Oceanía y, por supuesto, de América Latina para unir fuerzas y poner fin a tanta crueldad y tanto dolor.

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    El plan es internacionalizar esta fecha para crear una herramienta mundial de concientización y acción práctica para combatir la sistemática violación del derecho internacional y los derechos humanos que el Gobierno de Estados Unidos perpetra en todo el mundo.

    También para romper el cerco mediático que la prensa oligopólica erige cuando se expresan verdades incómodas para el imperio. Gracias a las redes sociales y a la prensa comprometida e independiente sabemos que será posible realizar esta labor, que pretendemos sea no solo conmemorativa sino también educativa y organizativa en la búsqueda de una conciencia crítica ante el flagelo que, con sus más de mil bases militares diseminadas por todo el planeta y su gigantesco presupuesto militar, el imperialismo norteamericano produce en todo el mundo.

    Este 9 de agosto en Santa Cruz de la Sierra, con la presencia del presidente Evo Morales, se producirá el lanzamiento internacional de la campaña.

    *Atilio Borón es doctorado en Ciencia Política por la Universidad de Harvard. Es profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador del CONICET —Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas— de Argentina.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    bomba nuclear, crimen contra la humanidad, Nagasaki, Hiroshima, EEUU