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    Espectáculos, victimarios y sufrimiento infantil como 'casus belli' para la próxima guerra

    © AP Photo / Luca Bruno
    Opinión & Análisis
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    La reciente escalada militar y mediática alrededor de Siria ha puesto de manifiesto que el mundo no ha aprendido bien las lecciones del pasado. Los políticos con intereses cortoplacistas y medios de comunicación han incitado las tensiones hasta el punto de casi dejarnos un planeta en ruinas.

    La noche del 13 al 14 de abril fue, sin duda, el punto más caliente que vivió el mundo desde el final de la Guerra Fría. Esa noche, el presidente estadounidense, Donald Trump, dejó a medio mundo sin dormir cuando ordenó atacar varias instalaciones en Siria, país donde los militares rusos operan contra grupos radicales. 'Donny', quien durante su campaña electoral culpó a la Administración anterior por su gestión belicista en Siria, lanzó contra el país árabe el ala embarcada del portaviones USS Harry S. Truman, a la que se le unieron los destructores USS Donald Cook, USS Porter y naves de Francia y Reino Unido.

    Poco antes del inminente ataque, desde Moscú advirtieron que tomarían todas las medidas necesarias no solo para derribar los misiles, sino también para destruir los portadores desde donde fuesen lanzados, en caso de que las vidas de sus soldados desplegados en Siria se viesen amenazadas. Para que esas palabras sonasen más convincentes, la escuadra naval rusa desplegada en Siria salió del puerto de Tartus y tomó posiciones defensivas en la costa del país árabe. Los sistemas de defensa aérea que cubren las posiciones rusas fueron puestos en alerta de combate y los aviones militares allí desplegados alzaron el vuelo con armas bajo sus alas.

    Un soldado del Ejército sirio (archivo)
    © Sputnik / Servicio de prensa del presidente de Siria

    Aparentemente, las insinuaciones poco disimuladas de los rusos fueron bien entendidas. Los militares de EEUU, Reino Unido y Francia hicieron lo posible para evitar que sus misiles se acercasen a las zonas controladas por Moscú. La respuesta militar de Rusia no hizo falta. Ninguna instalación crucial fue dañada ni se registraron víctimas mortales entre rusos o sirios.

    Según informó el jefe de la Dirección de Operaciones del Estado Mayor General ruso, Serguéi Rudskói, de los 103 misiles lanzados por EEUU, Reino Unido y Francia, 71 fueron derribados por la defensa antiaérea siria.

    Lo curioso de esta situación es que para repeler el ataque de los "bonitos, nuevos e 'inteligentes'" misiles de Trump, las unidades sirias utilizaron sistemas S-125, S-200, Buk, Kvadrat y Osa, todos de fabricación soviética. Lo que para una persona no familiarizada con las armas sonaría un poco insólito, no lo es para los expertos: a pesar de ser armas de la segunda mitad del siglo pasado, los sistemas de defensa aérea soviéticos no son para nada obsoletos y cumplen con su tarea igual de eficiente que el día que fueron creados. Tal y como lo siguen siendo otras armas, desde el Kalashnikov hasta la bomba atómica, más veteranos aún.

    Los misiles cruzan el horizonte de Siria (Archivo)
    © AP Photo / Hassan Ammar
    Los misiles cruzan el horizonte de Damasco (Archivo)

    Y si no lo creen, pregúntenle a la Fuerza Aérea de Israel, cuyos misiles y aviones son a menudo derribados por la defensa antiaérea siria.

    Afortunadamente para todos nosotros, la pasada escalada entre EEUU y Rusia no terminó en un conflicto mayor. Ahora, con la cabeza fría y los hechos sobre la mesa, es tiempo para los ciudadanos comunes del resto del mundo de sentarnos y analizar cómo es que —una vez más— nuestros políticos y militares han llegado hasta el punto de dejarnos un planeta en ruinas. En particular, quisiera centrarme aquí en el aporte que hicieron los medios de comunicación en toda esta historia.

    El espectáculo como pretexto para la hostilidad

    Esto no es nada nuevo. Incluso en el cínico mundo de la política, todo acto de agresión necesita de un pretexto para presentarse ante la opinión pública. La ocasión ideal para el ataque de EEUU y sus aliados tuvo lugar el 7 de abril. Ese día, en la localidad de Duma, ubicada no muy lejos de la capital Damasco y ocupada por los 'opositores armados' del grupo Yeish al Islam, explotó presuntamente una munición que dispersó un venenoso gas y dejó sin vida a decenas de personas.

    Por supuesto, internet rápidamente se llenó de terabytes de fotos y vídeos con niños muertos o sufriendo en agonía. Las impactantes imágenes fueron rápidamente recogidas por los principales medios de comunicación, que sin recelos las usaron como 'prueba irrevocable' de la crueldad del 'sanguinario régimen sirio' contra su propio pueblo.

    No pretendo discutir aquí la veracidad del ataque químico en sí, ese trabajo lo han hecho muy bien otros analistas, así como los testimonios recogidos por los periodistas en el lugar de los hechos. En lo que sí quiero hacer énfasis es en el determinado esfuerzo que han hecho los principales medios de comunicación occidentales —salvo alguna que otra agradable excepción— en ignorar por completo estos testimonios.

    "Hemos podido encontrar a los que participaron en el rodaje de este vídeo y hablar con ellos. Hoy presentamos una entrevista en vivo con estas personas. Los habitantes de Duma describieron en detalle cómo se orquestó la filmación, en qué episodios participaron y qué hicieron", declaró en una rueda de prensa el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, el general Ígor Konashénkov.

    Aparentemente, a los principales medios occidentales, cuya misión declarada es informar sin vacilación a sus espectadores, no les causó ningún interés los testimonios desde el lugar de los hechos que, como mínimo, cuestionan la versión inicial. No encontrará en CNN en español los testimonios de los médicos sirios que presenciaron y revelaron dónde y cuándo se filmó el vídeo del ataque en Duma. No podrá leer en BBC Mundo sobre las galletitas que los Cascos Blancos le dieron a Hasán Diab de 11 años, por empaparlo de pies a cabeza en un intento de orquestar su salvación. Tampoco encontrará información en El País sobre la inspección de los hospitales cercanos al ataque en los que no se encontraron víctimas de ningún tipo del ataque químico en Duma.

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    A ese boicot informativo de todo aquello que contradiga la versión establecida se han unido Infobae, El Mundo, ABC, El Periódico, El Universal, La Jornada, entre otros.

    ¿Para qué presentar algún tipo de pruebas, esperar las conclusiones de la OPAQ o perder tiempo escuchando testimonios? El culpable del inexistente incidente ya ha sido elegido 'democráticamente': el presidente, perdón, el sanguinario líder del régimen tiránico de Siria, Bashar Asad, al que se le asignó el rol de malvado psicópata que está obligado a crear el mal y cuyos súbditos sueñan con ganarse el cuestionable honor de lanzar alguna que otra bomba química sobre su propio pueblo.

    Bashar Asad, presidente sirio
    © Foto : Servicio de prensa de la Presidencia de Siria

    A la mente me vienen muchos casos históricos de uso de armas químicas, pero para qué querría Asad bombardear con este tipo de artefactos una ciudad que básicamente ya ha sido liberada, hasta ahora nadie me lo ha podido explicar bien.

    Todo ese mal montaje está destinado a vendernos unas historias un poco patéticas:

    Primera. Cuando las tropas sirias entregaban sus vidas durante semanas en los brutales asaltos contra los extremistas a principios de la operación en Duma, a nadie se le ocurrió la 'genial idea' de usar armas químicas contra sus posiciones fuertemente blindadas. Sin embargo, justo al final de la operación, cuando la victoria ya estaba decidida, los extremistas se rendían en masa e incluso Donald Trump ya había insinuado la pronta retirada de sus tropas, el Ejército sirio decide que ahora sí ha llegado el momento de lanzar un par de bombas químicas sobre aquellos a quienes querían liberar. Aparentemente, para ganarse una mejor disposición de sus futuros ciudadanos y centrar la atención de la comunidad internacional sobre otra de sus victorias.

    "Mientras más mujeres y niños sirios matemos de la manera más cruel, con mayor gloria terminaremos la guerra", sería el lema de esa operación.

    • Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Los Ángeles (EEUU), 15 de abril de 2018
      Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Los Ángeles (EEUU), 15 de abril de 2018
      © AP Photo / Damian Dovarganes
    • Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Londres (Reino Unido), 16 de abril de 2018
      Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Londres (Reino Unido), 16 de abril de 2018
      © AP Photo / Matt Dunham
    • Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Roma (Italia), 17 de abril de 2018
      Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Roma (Italia), 17 de abril de 2018
      © AP Photo / Gregorio Borgia
    • Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Manila (Filipinas), 17 de abril de 2018
      Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Manila (Filipinas), 17 de abril de 2018
      © AP Photo / Aaron Favila
    • Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Karachi (Pakistán), 17 de abril de 2018
      Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Karachi (Pakistán), 17 de abril de 2018
      © AP Photo / Fareed Khan
    • Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Atenas (Grecia), 16 de abril de 2018
      Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Atenas (Grecia), 16 de abril de 2018
      © AP Photo / Petros Giannakouris
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    © AP Photo / Damian Dovarganes
    Marcha en contra de los bombardeos de Siria en Los Ángeles (EEUU), 15 de abril de 2018

    Segunda. Supongamos que el Gobierno de Damasco sí hubiera dado la orden de cometer semejante estupidez. Entonces, ¿cómo es que la coalición de EEUU decidió solucionar el problema? Pues nada mejor que el viejo y probado método estadounidense: lanzar misiles de crucero y bombas aéreas sobre los almacenes e instalaciones donde Bashar Asad presuntamente fabrica sus armas químicas. Todo en el marco de la lucha por el bienestar y la salud de la población siria de los alrededores.

    Acaso en toda la cadena de toma de semejantes decisiones a nadie le surgió la pregunta: ¿qué pasaría con las sustancias tóxicas que ahí supuestamente se almacenaban y fabricaban? ¿Acaso no provocarían un escape? ¿O son igual de 'psicópatas' que Bashar Asad?

    Lo cierto es que, a diferencia del ataque de Duma, el bombardeo de EEUU y sus aliados evidentemente sí tuvo lugar. Pero como hasta ahora no hemos visto noticia alguna sobre una nube de gas venenoso paseándose por Oriente Medio y matando todo en su camino, solo nos quedan dos opciones para solucionar este misterio: o las bombas y misiles estadounidenses son tan 'inteligentes' que destruyen edificios enteros sin dañar las sustancias tóxicas ahí almacenadas, o, simplemente, no había ninguna sustancia tóxica en los objetivos que bombardearon.

    Recuerda mucho a la situación en Irak, donde tampoco se encontraron armas de destrucción masiva, pero sí se logró sumir la región en un auténtico caos.

    Pero todas estas evidencias, testimonios o simples cuestiones no las encontrará en los principales medios. En este ejemplo, una vez más, hemos puesto de relieve que los principales medios de información simplemente prefieren no hacer aquello para lo que están creados —publicar todas las partes de la historia, cuestionar y revisar la veracidad de la información o hacer preguntas incómodas—, cuando se trata de algo que contradice la versión anglosajona de los hechos. Y es aquí donde surge otra pregunta: ¿si ignoran una parte de la historia, de donde sacan la otra?

    Yeish al Islam: víctimas o victimarios

    Ya bastante se ha hablado sobre la veracidad de la información ofrecida por ONG 'imparciales' como Cascos Blancos, que está financiada desde EEUU y opera sin problemas exclusivamente en zonas ocupadas por los yihadistas, o el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), que consiste básicamente en un hombre que opina desde su casa en Londres. Por supuesto, ningún periodista dudaría de la veracidad de la información presentada por ellos. Pero en el caso de Duma, los primeros en revelar el supuesto ataque no fueron ellos.

    La organización Yeish al Islam, que hasta hace poco controlaba la localidad liberada por el Ejército sirio, es un grupo armado que lucha contra el Gobierno de Damasco prácticamente desde que estalló la guerra civil en Siria. Su traducción del árabe significa 'Ejército del Islam', lo que para algunos probablemente suene a alguna agrupación pacífica que busca establecer en Siria una democracia representativa, con igualdad de oportunidades para todos, libertad de creencias y respeto a las minorías.

    Y si no lo cree, pregúntele a los civiles alauíes, cristianos, drusos e ismailíes enviados directamente a su cita con Dios por combatientes de Yeish al Islam y Frente al Nusra, en una operación conjunta de verdadera bondad y tolerancia religiosa llamada la masacre de Adra.

    Pero este no es ni de lejos el único evento en el que brillaron estos radicales islamistas, a los que los principales medios occidentales insistentemente llaman 'oposición moderada'.

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    Yeish al Islam es también responsable del atentado en Damasco de julio de 2012, que se llevó la vida de varios altos cargos militares y funcionarios de seguridad del Gobierno sirio, entre ellos el entonces ministro de Defensa, Dawoud Rajiha, el viceministro de Defensa, Asef Shawkat, y el asistente del vicepresidente, Hasan Turkmani. Además, estos 'moderados' se atribuyeron el ataque sobre los kurdos en 2016 con —¿qué creen?— armas químicas; como también se revindicaron el asesinato del embajador ruso, Andréi Karlov, en el atentado de Ankara del 19 de diciembre del 2016.

    Como entenderán, ni el Gobierno sirio, ni el ruso, ni los kurdos comparten las simpatías de las potencias occidentales por este tipo de 'oposición'.

    Aquí daría por concluida la discusión sobre de dónde proviene la información que los principales medios no tienen escrúpulos de citar, pero, dadas las circunstancias reflejadas en Duma, me veo obligado a llamar la atención sobre algo más desagradable aún.

    Entes del Gobierno sirio reparten ayuda humanitaria entre la población de Guta Oriental, recién liberada de los extremistas de Yeish al Islam, 16 de abril de 2018
    © AP Photo / Hassan Ammar
    Entes del Gobierno sirio reparten ayuda humanitaria entre la población de Guta Oriental, recién liberada de los extremistas de Yeish al Islam, 16 de abril de 2018

    El sufrimiento infantil como 'producto de exportación'

    Pongamos los puntos sobre las íes: el sufrimiento infantil, sin duda alguna, es un mal que no debería tener lugar en el mundo civilizado. Lamentablemente, ese es un fenómeno que aún existe en nuestra sociedad y más aún en lugares donde la exclusión y la guerra son alimentadas desde afuera.

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    Si bien nadie pone en duda el terror que sufren aquellos que en su corta vida no han visto nada más que la guerra, lo que sí debería causar desprecio en una sociedad medianamente madura y honesta, es la manera en que ese sufrimiento está siendo utilizado en campañas políticas y mediáticas que buscan una opinión pública favorable a sus intereses. En la mayoría de las publicaciones referentes a la Guerra en Siria de los ya mencionados medios de comunicación, encontrará que son ilustradas con imágenes verdaderamente aterradoras, con niños y menores pasando por momentos que no deberían ni conocer.

    Y es aquí donde quisiera recordarles una simple ley de mercado: donde hay demanda, hay oferta.

    Este principio ha sido muy bien asimilado por los grupos radicales que combaten en Siria. Es el caso del infame 'grupo de rescate' Cascos Blancos, que han hecho del sufrimiento infantil un verdadero 'producto de exportación', bien pagado por los medios de comunicación occidentales.

    Lo verdaderamente hipócrita de toda esta situación es que a ninguno de estos medios les importa en absoluto el sufrimiento de los niños en los hospitales sirios que mueren por la falta de medicamentos, consecuencia del bloqueo medicinal que EEUU y los países de su órbita mantienen sobre Siria. Tampoco le dan igual cobertura a los niños que sufren de hambruna en Yemen, consecuencia del bloqueo que le ha impuesto a su país Arabia Saudí; los sistemáticos casos de abuso de menores y sus madres en los campamentos de refugiados en Irak; o el creciente número de niños que mueren cada año en Ucrania por falta de vacunas.

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    Una vez más, no se trata de ocultar la verdad: los menores sí sufren. Se trata de dejar de usar ese sufrimiento en campañas políticas y mediáticas para buscar una opinión pública favorable a sus intereses. Porque así están creando oferta.

    Concluyendo, lo que sí han dejado claro los bombardeos a Siria al mundo, es una cosa: EEUU puede hacer lo que quiera, con quien quiera, en donde quiera y cuando quiera, sin pedirle permiso ni darle explicaciones a nadie. Y nadie, —ni siquiera la ONU—, al menos por ahora, pueden impedírselo.    

    © Sputnik .
    "Oye, Estados Unidos, ¿cuántos niños has matado hoy?"

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    medios de comunicación, guerra mediática, Siria
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