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    Theresa May, primera ministra de Reino Unido, durante el foro de los líderes de países miembros de la Unión Europea en Bruselas, Bélgica, 22 de maro de 2018

    Ataques, escalada verbal y amenazas: el reverso de un mes verdaderamente histórico

    © REUTERS / Francois Lenoir
    Opinión & Análisis
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    David Armas Paz
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    Si no sucede algo más impactante en un futuro próximo, marzo de 2018 pasará a la historia como el mes de mayor tensión entre el bloque de la OTAN y la Rusia moderna. El análisis de los sucesos que nos condujeron a esta situación nos hace prever un panorama de creciente confrontación en un futuro próximo.

    El 1 de marzo Vladímir Putin ofreció su discurso anual ante la Asamblea Federal de Rusia. Durante el transcurso del mismo, el presidente ruso presentó al público las novedosas armas de disuasión nuclear que reducen a cero las posibilidades de la OTAN de cercar el país con sus sistemas antimisiles.

    El 4 de marzo Serguéi Skripal, un exagente ruso al servicio de Londres, y su hija, fueron hallados inconscientes en una de las calles de Salisbury (Reino Unido).

    El 6 de marzo Boris Johnson, secretario de Exteriores del Reino Unido, insinuó que el Kremlin estaba implicado en el intento de envenenamiento de los Skripal y cuestionó la participación de Inglaterra en el Mundial de Rusia 2018.

    El 12 de marzo Theresa May, primera ministra británica, responsabilizó a Rusia del envenenamiento y le dio a Moscú un plazo de 24 horas para justificarse. Rusia ignoró el ultimátum. Desde la Cancillería rusa catalogaron la intervención de May como un "espectáculo circense en el Parlamento británico" dentro de una campaña contra Moscú. Ese mismo día, la representante de EEUU en el Consejo de Seguridad de la ONU, Nikki Haley, amenazó con bombardear Damasco incluso sin autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

    El 13 de marzo el jefe del Estado Mayor de Rusia, Valeri Guerásimov, advirtió de que si las vidas de los militares rusos en Siria se ven amenazadas, "las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia tomarán medidas de respuesta tanto contra los misiles como contra sus portadores". Ese mismo día, Guerásimov mantuvo una conversación telefónica directa con su homólogo estadounidense, Joseph Dunford, pero los detalles de la llamada no se han dado a conocer.

    El 15 de marzo el Reino Unido bloqueó una declaración del Consejo de Seguridad de la ONU redactada por Rusia que pedía una investigación "urgente y civilizada" sobre el envenenamiento del exagente Skripal. Esa misma jornada, el secretario de Defensa británico, Gavin Williamson, dijo ante la prensa que Rusia debe "callarse y apartarse" de la investigación.

    El 18 de marzo Vladímir Putin vence en las elecciones presidenciales de Rusia con un récord de aprobación histórico. Ese mismo día, el comandante del Mando Central de EEUU, el general Joseph Votel, declara ante el Comité de Defensa del Senado que "las diferencias con Rusia" deben resolverse "a través de los cauces políticos y diplomáticos".

    El 19 de marzo el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE emite una declaración de respaldo completo al Reino Unido.

    El 21 de marzo el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia convoca a todos los embajadores en Moscú a una sesión informativa sobre el caso Skripal.

    El 22 de marzo el jefe del Estado Mayor de Rusia, el general Valeri Guerásimov, mantiene otra conversación telefónica con el presidente del Estado Mayor Conjunto de EEUU, el general Joseph Dunford.

    El 26 de marzo, varios países del bloque transatlántico deciden seguir el ejemplo del Reino Unido y expulsar a diplomáticos rusos.

    Entonces, ¿qué está pasando realmente aquí? Llegados a este punto, probablemente sea difícil saber en qué acabará todo esto. Lo que sí que se puede decir con certeza es que el bloque anglosajón está haciendo un gran esfuerzo político y diplomático para crear a su alrededor una coalición antirrusa.

    Echando la vista atrás podemos recordar varios acontecimientos cruciales a nivel internacional que han forzado a Washington y Londres a tratar de agrupar al resto de naciones a su alrededor:

    1. EEUU sufrió una humillación de manos de Corea del Norte al fracasar todos sus intentos de intimidar a la República Popular;
    2. Los anglosajones han visto frustrados sus planes en Siria;
    3. La capacidad militar del Reino Unido y otras naciones secundarias de la OTAN se ha vuelto relativamente irrelevante;
    4. El proyecto de una exitosa Ucrania proanglosajona está cada vez más cerca del fracaso y una próxima revancha prorrusa dentro del país podría ser inminente;
    5. Dentro de Europa se encuentran en ascenso los movimientos que se oponen a la confrontación con Rusia;
    6. Muchos países (sobre todo del este de Europa) han visto afectadas sus economías por el intercambio de sanciones con Moscú, al tiempo que Rusia las ha usado para levantar sectores enteros de su propia economía;
    7. La campaña personal contra Putin ha fallado y la Rusia moderna está ahora más unida que nunca ante las agresiones externas.

    Todo esto apunta a algo bastante simple: ante las crecientes pérdidas, a las élites anglosajonas solo les queda retirarse del juego o doblar la apuesta para intentar recuperar y mantener su deteriorado dominio. Y, aparentemente, retirarse no parece ser un paso que estén dispuestas a tomar.

    Por lo tanto, estarían sacándose de debajo de la manga aquellas cartas que hasta ahora siempre los han sacado de los apuros.

    Ataques de falsa bandera

    Este es un instrumento ya casi tradicional del que diferentes poderes hacen uso para legitimar sus acciones ante la población. Por lo general, es un método asignado a regímenes dictatoriales, como lo fue, a modo de ejemplo, el Incendio del Reichstag que Adolf Hitler utilizó para culpabilizar a los comunistas alemanes, muy populares por la época, y deshacerse de ellos. Dado que al ciudadano de a pie se le lava el cerebro, para él es casi inconcebible que las 'democracias liberales amantes de la libertad' puedan usar métodos propios de 'malvados regímenes dictatoriales sedientos de sangre'.

    Lea tambien: Acciones de falsa bandera: ¿a quién le favorece un ataque químico en Siria?

    No obstante, la historia nos enseña que todos los regímenes son igual de propensos a la hora de usar ataques de falsa bandera con el fin de obtener un estado de opinión pública favorable a aceptar políticas agresivas, hostiles e incluso violentas contra aquellos que ven como un obstáculo para su hegemonía.

    Basta solo con recordar la explosión del acorazado Maine, utilizado como pretexto para intervenir en la Guerra de Independencia de Cuba y arrebatarle a España su últimas colonias; la Operación Gladio, con el fin de frenar el avance de las ideas comunistas en Europa; o el inexistente ataque del Golfo de Tonkín para justificar la invasión a Vietnam.

    Poder suave

    ¿Han notado cómo las populares películas hollywoodenses muestran a los árabes, rusos o mexicanos? Parecen terroristas natos, sanguinarios mafiosos o miserables narcotraficantes. Pero todo aquel que haya conversado alguna vez con árabes, rusos o mexicanos se habrá dado cuenta de que son clichés tan falsos como quien cree que todos los estadounidenses son como Homer Simpson.

    Sin embargo, esta es la imagen que se vende al mundo y no solo en el cine o la cultura popular. Esto es igual de cierto entre la mayoría de las llamadas organizaciones de derechos humanos o por la paz, que cuando se analiza su trabajo resultan ser simples pitbulls de diferentes movimientos políticos lanzados selectivamente contra aquellos que necesiten subversión y/o una intervención.

    Escalada verbal

    Esta herramienta es tan vulgar como efectiva. Comienzas vociferando alguna tontería —como "los rusos lo hicieron"—, preferiblemente antes de que la comunidad profesional termine su trabajo y publique los resultados de su investigación. Y mientras más grotesca e hiperbólica sea tu histeria, mejor.

    De esta manera enviarás a todos tus amigos y aliados un mensaje claro: "Usted está con nosotros o contra nosotros". Eso no deja lugar a los matices, preguntas incómodas o análisis. Entonces llega la siguiente herramienta.

    Uso del comportamiento gregario

    Si toda la manada elige un sendero a seguir, probablemente tú también lo hagas, aunque no estés de acuerdo con esa decisión. Es ese instinto a seguir lo que la mayoría diga el que han desarrollado los animales de manadas para su supervivencia. Las élites saben hacer uso de esta inconsciente conducta humana para sembrar cualquier duda en la población.

    Si todos los políticos, medios y ONG salen diciendo a la vez que "los rusos lo hicieron", no tienes que preguntarte "¿por qué?", "¿cómo?" o "¿para qué?". Simplemente sigue la tendencia general y así demostrarás que estás con todos. De ahí que la mayoría de los países bajo el dominio anglosajón elijan seguir su política de expulsión de diplomáticos rusos, incluso simbólica, pero poniendo de manifiesto la veracidad de ese comportamiento.

    Amenazas directas

    Con el poder llega la responsabilidad. Pero también llega el sentimiento de omnipotencia e impunidad ante tus actos. Si no se pone bajo autocontrol, esto puede dar paso a un mal hábito que es difícil de superar: el uso de las amenazas para obtener la obediencia. Esto es precisamente lo que sucede con los malos padres, que no tienen otra manera de controlar a sus hijos, o lo jefes que no logran crear estímulos para sus trabajadores.

    Las recientes declaraciones de la representante de EEUU, Nikki Haley, ante el Consejo de Seguridad de la ONU —cuando aseguró que su país bombardearía Damasco sin el consentimiento de la comunidad internacional— probablemente se basen en el sincero sentimiento de impunidad y omnipotencia. Las amenazas son el 'sustituto' más fácil de la diplomacia, especialmente cuanto te sientes impune y/o careces de argumentos para las negociaciones.

    'Identidad blanca' alternativa

    El gran problema para los líderes anglosajones es que ninguno de estos métodos funciona contra Rusia. O, mejor dicho, funcionan, pero con un resultado totalmente opuesto al pretendido. La difamación en las películas hollywoodenses, los intentos de culpabilizarlos por todos los males y las amenazas directas, lejos de desalentar a los rusos, solo logra espabilarlos y estimularlos a una resistencia más fuerte. La última reelección de Putin con un récord absoluto de aprobación debería ser una ilustración flagrante de que esa política está destinada al fracaso.

    La cruda realidad es que Rusia es una civilización que, siendo europea, históricamente no se ha sentido identificada con lo que denominan 'mundo occidental' y, por lo tanto, no está dispuesta a seguir sus reglas de juego. Aquellos que aún fantasean con que eso pase, deberían saber que los rusos como nación no crecen programados bajo los conceptos de 'identidad blanca', 'mundo civilizado' o la 'excepcionalidad' estadounidense.

    "No necesitamos crear nuevas amenazas para el mundo. Tenemos que sentarnos a la mesa de negociaciones y pensar juntos sobre el nuevo sistema de desarrollo de la civilización. Todas estas propuestas siguen vigentes. La política de Rusia nunca se basará en una visión de exclusividad", recordaba a sus socios el presidente ruso, en su discurso ante la Asamblea Federal de Rusia.

    Es precisamente esa visión de sí mismos y del mundo a su alrededor la que hace que Rusia haya sido capaz de sobrevivir históricamente y resistir a las innumerables intenciones de conquistas, la mayoría de ellas provenientes de Europa. Desde las cruzadas teutonas y la invasión polaca, pasando por Napoleón y terminando con Hitler. Es por eso que hoy en día, Rusia es la única nación europea independiente y capaz de plantarse con una agenda soberana.

    Y eso, por supuesto, es totalmente inaceptable para el dominio anglosajón.

    De ahí que los acontecimientos históricos del mes de marzo hayan colocado a Occidente rumbo a una colisión directa con Rusia. Como se ha dicho antes, al dominio anglosajón le quedan solo dos opciones: retirarse de un juego al que Rusia no juega o doblar las apuestas para intentar involucrarla y mantener su dominio. Aparentemente, han elegido la segunda opción.

    Sea como sea, en los próximos seis años de mandato de Putin, Rusia prevé enfocar sus esfuerzos en terminar de reformarse y salir de una vez de la transitoria etapa postsoviética para iniciar su nuevo camino como uno de los principales jugadores en el futuro mundo multipolar. En segundo lugar, seguir trabajando con China en la creación de un espacio de seguridad y prosperidad en Eurasia, para la cual es fundamental restaurar la paz en Oriente Medio. Rusia tiene mucho trabajo que hacer, y ninguno de esos planes involucra a Occidente.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    diplomacia, Serguéi Skripal, Reino Unido, EEUU, Rusia
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