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    Presidente de EEUU Donald Trump y su homólogo chino Xi Jinping (archivo)

    Las trampas de la codependencia EEUU-China

    © AP Photo/ Alex Brandon
    Opinión & Análisis
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    No cansado todavía de enfrentamientos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha planteado una vez más la posibilidad de un conflicto comercial con China.

    La Administración Trump podría imponer altos aranceles a las importaciones del gigante asiático por supuesta violación de los derechos de propiedad intelectual, pero esto significará un golpe de proporciones épicas, afirma Stephen S. Roach, expresidente de Morgan Stanley Asia.

    Aunque las acusaciones pudieran estar justificadas, como se documenta en el último informe de la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés), las acciones punitivas tendrían serias consecuencias para las empresas y los consumidores estadounidenses, un resultado inevitable de la relación profundamente arraigada de codependencia entre las dos economías más grandes del mundo, explica Roach en su artículo para Project Syndicate.

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    El analista aconseja no olvidarse de la reciprocidad cuando se trata de asuntos comerciales y conflictos, en este caso, el Ministerio de Comercio de China respondió al envite de Trump prometiendo que "tomaría todas las medidas apropiadas para resguardar resueltamente sus legítimos derechos". Ante esto, Roach destaca tres consecuencias económicas:

    En primer lugar, la imposición de aranceles a las importaciones chinas equivale a una subida de los impuestos a los consumidores estadounidenses. Al desviar la demanda china a otros productores, el costo de los productos importados se elevaría notoriamente, ya que el costo laboral de los productores chinos es cinco veces menor que el de otros productores extranjeros.

    En segundo lugar, las acciones comerciales contra China podrían llevar a tasas de interés más altas en Estados Unidos, pues de todos los títulos del Tesoro de Estados Unidos, un 30% pertenece a los extranjeros, entre los cuales, según los últimos datos oficiales, China posee un 19% del total de las inversiones foráneas.

    En tercer lugar, existe un desajuste en el crecimiento de la demanda interna de Estados Unidos todavía deprimido, donde las empresas estadounidenses necesitan depender más de la demanda externa. Según Roach, la Administración de Trump parece pasar por alto este hecho, puesto que amenaza con sanciones comerciales no solo contra el gigante asiático, sino también contra otros grandes mercados de exportación, como Canadá y México. Lo que, siguiendo la ley de reciprocidad comercial mencionada al principio, haría que la respuesta hacia Trump se volviera como un bumerán en su contra.

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    En definitiva, el fomento de políticas que alienten a una economía a desperdiciar su ahorro y a vivir más allá de sus posibilidades hace que los déficits comerciales sean un hecho. EEUU no tiene la carta del triunfo en su relación económica con China. La Administración Trump ciertamente puede presionar al país asiático, y, en cierto sentido, puede que tenga buenas razones para hacerlo, pero otras cuestiones más profundas acerca de las consecuencias de tal presión han sido prácticamente ignoradas. Ser duro con China e ignorar esas consecuencias podría ser un error de proporciones épicas, concluye Roach.

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    guerra comercial, Donald Trump, Washington, EEUU, China
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