07:35 GMT +315 Diciembre 2017
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    El presidente de EEUU, Barack Obama, se reúne con la presidente de Brasil, Dilma Rousseff, en la Casa Blanca en Washington, 2012

    La "manzana envenenada" de Obama espera a Rousseff

    © AP Photo/ Carolyn Kaster
    Opinión & Análisis
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    Edu Sotos
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    En el Palacio de Planalto, una más de las genialidades del arquitecto Oscar Niemeyer en Brasília, Dilma Rousseff prepara su maleta. Es viernes y la agenda oficial de la presidenta aparece en blanco.

    Consciente de la trascendencia de este viaje para dar estabilidad a su turbulento inicio de mandato, la líder del Partido de los Trabajadores se prepara a conciencia.

    Al otro lado del Caribe, más allá del Trópico de Cáncer, el premio Nobel de la Paz más belicoso que se recuerda le aguarda desde 2013. En aquella ocasión, la incómoda revelación del periodista Glenn Greenwald sobre la red de espionaje que durante décadas manejó la National Security Agency (NSA) y sus socios de los "Five Eyes" (Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda), dio al traste con la ansiada visita.

    Tema: Escándalo por el espionaje cibernético en EEUU

    El "Yes we can" del siempre sonriente Barack Obama pasó a convertirse en el "1984" de Orwell a ojos de los brasileños y Rousseff, quien no se caracteriza por su tibieza a la hora de tomar decisiones, prefirió poner tierra de por medio. Sin embargo, mucho ha llovido desde aquel 2013 en el que un pujante Brasil sacaba pecho en los foros internacionales como brillante miembro de los BRICS y líder indiscutible de Mercosur.

    Con la economía haciendo aguas, el discurso antiimperialista de la diplomacia brasileña se ha diluido hasta el punto de resultar irreconocible. "Es importante no recalentar el asunto del espionaje a estas alturas. El asunto ya está superado y resuelto por parte de ambos países", declaró el subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, Carlos Antonio da Rocha, el pasado jueves al respecto de la visita de Estado.

    En declaraciones a Sputnik Nóvosti, el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ) y experto en geopolítica cibernética, Maurício Santoro, explicó que "a pesar de que la tensión por el asunto de espionaje de la NSA continúa sin resolverse, entre otras cosas porque nadie sabe si EEUU sigue espiando y tampoco hubieron disculpas formales, hay una voluntad por ambas partes de reconducir la situación".

    En su opinión, la reciente publicación de escándalos similares con los presidentes de Francia, Sarkozy y Hollande, habría contribuido a "despersonalizar" todo el asunto en torno a la figura de Rousseff y con ello reducir fuertemente la tensión.

    Tema: Espionaje de la NSA contra Francia

    En el fondo, la crisis de espionaje habría llevado al gobierno de Brasil a entender la importancia de conseguir una soberanía y autosuficiencia en el área cibernética, sin embargo, admite que "los esfuerzos de Lula da Silva por conseguir que Brasil accediese al software libre y escapase de la influencia de las grandes corporaciones informáticas de Estados Unidos acabó fracasando" y añadió que "a diferencia de su socio en los BRICS, India, el país continúa dependiendo de los americanos en esta área".

    Presidenta de la República de Brasil Dilma Rousseff, y creador de la red social Facebook Mark Zuckerberg
    © REUTERS/ Roberto Stuckert Filho/Brazilian Presidency/Handout via Reuters
    Como ejemplo de esta gran paradoja, Santoro nombró el ejemplo del acuerdo entre el gobierno de Brasil y Mark Zuckerberg, creador de la red social Facebook, para el acceso a la educación a través de la plataforma. "Resulta enigmático que después de criticar a la NSA, Rousseff acepte firmar un acuerdo con Facebook la compañía del mundo que más vulnera la privacidad de sus usuarios y denunciada como colaboradora de la NSA en su red de espionaje", insistió.

    Todo hace pensar que víctima de su delicada situación económica, con una retracción en 2015 estimada en el 1,35% y una inflación del 9%, Rousseff estuviese dando su brazo a torcer dejándose embaucar por las cálidas palabras del vicepresidente, Joe Biden, quien acudió a la toma de posesión de Rousseff en enero de 2015 para recordarle en persona que su país continúa siendo uno de sus mayores socios comerciales.

    Cabe recordar que los Estados Unidos aumentaron sus importaciones de productos brasileños un 8% en 2014 alcanzando más 22.400 millones de dólares solamente en los 10 primeros meses de aquel, es decir, la mayor subida del comercio bilateral desde 2009. Además, el país es el máximo inversor extranjero directo en Brasil, lo cual será el motivo más importante de la visita de Rousseff según confirmó el director del Departamento de Promoción Comercial e Inversiones, Rodrigo Azeredo Santos.

    "Rousseff y la comitiva presidencial presentarán en Washington las oportunidades de negocios para grandes empresarios americanos", señaló Azeredo en un comunicado oficial de la visita en el que, además, se recordó el plan de concesiones en infraestructura lanzado por el gobierno hace apenas dos semanas y que pretende captar 198.400 millones de reales (63.440 millones de dólares) del sector privado y, especialmente, extranjero.

    De hecho, Estados Unidos no pierde oportunidad de recordar su importancia en el PIB de la segunda mayor economía de América. Esta semana, el representante del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Ben Rhodes, recordó en reunión con periodistas del país que el comercio entre ambos países se doblará en diez años y que en la reunión de trabajo del próximo martes en el Despacho Oval, "se hablará sobre la situación en Cuba y Venezuela".

    Tema: Normalización de las relaciones entre Cuba y EEUU

    En este mismo sentido, la diputada del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), Jandira Feghali, recordó en conversación con Sputnik Nóvosti que "Rousseff no tiene otra opción que aceptar a Estados Unidos como socio comercial de primer orden si no quiere sucumbir a los ataques de la oposición con la crisis económica".

    Es la "trampa perfecta" de Estados Unidos, que, según la diputada del PCdoB, habría tejido Estados Unidos en connivencia con la derecha del país y, en concreto, con los miembros del Partido de la Social Democracia de Brasil (PSDB) a través de la visita del expresidente Fernando Henrique Cardoso a Nueva York en mayo de 2015. Azuzar la crisis para doblegar la resistencia de Brasil a sus intereses y utilizarla como su herramienta de diálogo en la mitad sur del continente.

    "Rousseff es una jefa de estado que tiene que asumir su compromiso con uno de sus mayores socios comerciales más allá de sus convicciones personales o de si fue espiada", resumió el director del Centro de Estudio de Relaciones Exteriores de la UERJ, Williams Gonçalves, quien, sin embargo, insistió en que "esto no significa que la presidenta renunciará a su postura multilateral en los foros internacionales, BRICS o Mercosur aunque seguramente se verá suavizada".

    En su opinión, a diferencia de Lula da Silva quién "entendió rápidamente la posición de Brasil como termómetro de las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica", el talante menos tendente al diálogo de Rousseff "había provocado un enfriamiento entre ambos países que de ninguna manera beneficia a Brasil y que en estos momentos tiene que ser corregido por pura necesidad".

    "No tengo duda de que todas y cada una de las acciones diplomáticas de EE.UU están dirigidas a debilitar los gobiernos de izquierda de Latinoamérica e instituciones conjuntas como Mercosur", concluyó el profesor quien da verosimilitud a la teoría de la diputada Feghali de la" conexión PSDB-EE.UU" y reconoció que "es muy posible que en Washington quieran una paz temporal con Rousseff pensando en un cambio de gobierno en 2018".

    Más allá de las verdaderas intenciones de ambas partes, las cuales únicamente los interesados conocen, no hay duda de que en la reunión entre Barack Obama y Dilma Rousseff hay mucho más en juego que las relaciones comerciales entre ambos países. El futuro de Mercosur, la apertura de Cuba, las elecciones en Venezuela y otros muchos asuntos dependen de la colaboración de Brasil para avanzar en el sentido que Obama desearía.

    Tema: Sanciones de EEUU contra Venezuela

    Vencer la resistencia de una agotada Rousseff sería meter de nuevo el pie en Latinoamérica. El trabajo de la oposición en Brasil hizo su efecto y en el despacho de Obama la "manzana envenenada", similar a la que la bruja ofreció a Blancanieves en la fábula de Disney, aguarda para adormecer los ánimos de resistencia de la líder de la mayor economía del hemisferio sur.

    Etiquetas:
    Maurício Santoro, Dilma Rousseff, Barack Obama, EEUU, Brasil
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