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    Rousseff, una primera semana para olvidar

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    Edu Sotos
    Elecciones presidenciales en Brasil (129)
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    Triunfal, sonriente y afónica, el pasado domingo Dilma Rousseff daba su primer discurso antes sus militantes en Brasília como presidenta reelecta. Tras el protocolario agradecimiento a los votantes, militantes y aliados políticos, entre los que destacó el emotivo abrazo con su padrino el expresidente Lula da Silva, Rousseff quiso aportar algo nuevo en sus palabras.

    "La palabra más repetida en esta campaña fue cambio, el tema más ampliamente enfocado fue reforma. Sé que estoy siendo reelegida para hacer los grandes cambios que la sociedad brasileña necesita", afirmó Rousseff quien hábilmente quiso atraerse, en la medida de lo posible, a los 51 millones de brasileños que votaron por el cambio que prometía la candidatura de Aécio Neves. "Llamo a todos a esta unión, en las democracias maduras unión no significa unidad de ideas sino abertura al diálogo. Estoy dispuesta al diálogo y es este mi primer compromiso del segundo mandato. El dialogo". De hecho, muchos esperaban este gesto de aproximación y reconciliación de la presidenta tras la tensa campaña electoral, sin embargo, Rousseff utilizó dos palabras que le han causado más de un problema en su primera semana tras las elecciones: reforma y diálogo.

    Rousseff promete cambios y hace un llamamiento a la unidad de los brasileños >>

    No habían transcurrido ni 24 horas, después de citar el plebiscito para la reforma política como uno de sus primeros objetivos para el segundo mandato, cuando el presidente del Senado brasileño y miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), Renan Calheiros, le recordó que únicamente el poder legislativo podría tener potestad sobre los puntos de la reforma. El asunto no era menor ya que el PMDB es el principal aliado del Rousseff en el Congreso Nacional y sus 66 diputados son la clave de la gobernabilidad en su segundo mandato.

    La negativa del PMDB de aceptar el plebiscito como medio para llevar a cabo su reforma obligó a la presidenta a reunirse de urgencia con su vicepresidente y miembro del PMDB, Michel Temer, en Brasília. Finalmente, el miércoles Rousseff tuvo que ceder y aceptar el referendo por encima del plebiscito, es decir, pasar por el filtro del Congreso Nacional para realizar su ansiada reforma política a través de la ciudadanía.

    Dilma Rousseff acepta la posibilidad del referendo para impulsar su reforma política >>

    Pero si la cuestión de la reforma parece que ha sido encarrilada con una cesión inédita de la presidenta, el asunto del dialogo parece que le traerá muchos más problemas. El pasado martes el senador y candidato a vicepresidente junto a Aécio Neves, Aloysio Nunes, rechazó la oferta de diálogo de Rousseff y calificó de "palabrería" su propuesta de plebiscito para la reforma política. Pero no acabó ahí, visiblemente enojado por el tono de la campaña y la dolorosa derrota, Nunes aclaro que no quiere "ser socio de un gobierno corrupto" y que la presidenta "te da una mano y con la otra te clava un puñal en la espalda".

    Pero si parecía que Aécio Neves tendría más mano izquierda a la hora de hacer oposición, el miércoles se unía al tono agresivo de Nunes y declaraba que el Partido de los Trabajadores (PT) consiguió la elección de Dilma Rousseff a través de la "infamia y la mentira".

    Por tanto, al menos en cuanto a la oposición se refiere Rousseff no podrá esperar demasiadas concesiones y se le plantea un escenario complicado con la pérdida de diputados en el Congreso Nacional.

    Aunque, sin duda, el primer revés de la semana para Dilma Rousseff se vivió sobre el parqué de la Bolsa de Sao Paulo que el día después de las elecciones tuvo una caída cercana al 2,7% mientras que Petrobras se desplomó un 12%.

    Los analistas financieros insisten que la designación del próximo ministro de Hacienda es urgente. Especialmente a la hora de compensar el optimismo que suscitó en la segunda vuelta la elección del economista neoliberal, Armínio Fraga, como futurible Ministro de Hacienda del gobierno de Aécio Neves en caso de conseguir la elección.

    Es en esa coyuntura que los nombres han comenzado a sonar en el entorno de Rousseff y las malas lenguas aseguran que estaría buscando incluso alguien cercano al perfil de eficacia del propio Fraga. Por el momento, se ha barajado el nombre del actual ministro de la Casa Civil, Aloizio Mercadante, o el exsecretario ejecutivo de Hacienda, Nelson Barbosa, quien parece ser la opción preferida por la presidenta.

    Aunque debido a la responsabilidad que asumirá en el próximo y difícil gobierno, algunos señalan que podría delegar en el gobernador de Bahía, Jacques Wagner, una figura próxima a Lula y con gran proyección en el PT.

    Por su parte, el ministro saliente, Guido Mantega, reconoció el martes el oscuro futuro que se cierne sobre el heredero del puesto: "Tenemos grandes desafíos por delante para poder adentrarnos en un nuevo ciclo de expansión de la economía brasileña y mundial. Estamos trabajando con escenarios adversos porque la economía mundial no mejoró como debería".

    Incluso la agencia de rating Moody's lanzó un mensaje el miércoles a la presidenta dándole a entender que espera reformas urgentes para reactivar el crecimiento económico que en 2014 no deberá superar el 0,3% y para devolver a la inflación por debajo del límite tras alcanzar el 6,62% en el último mes.

    Otro de los jarros de agua fría que ha tenido que soportar Rousseff ha llegado de Italia. El martes la Corte de Apelaciones del Tribunal de la ciudad italiana de Bolonia denegó la extradición y liberó al exdirector del Banco de Brasil, Henrique Pizzolato, uno de los principales acusados del "Mensalao" y prófugo de la Justicia brasileña. Una decisión que según el Fiscal General de la República de Brasil, Rodrigo Janot, crea un precedente "muy peligroso" y deja en evidencia las condiciones precarias del sistema carcelero brasileño.

    En este sentido, Janot afirmó que la estrategia empleada por la defensa de Pizzolato de usar como ejemplo algunas cárceles que "son auténticas mazmorras" hará que "Brasil no consiga extraditar a nadie desde la comunidad europea". Un golpe bajo a la imagen de lucha contra la corrupción de Rousseff quien en una misma semana ha sido acusada de encubrir el escándalo de Petrobras, según las informaciones filtradas por la revista "Veja" sobre supuestas declaraciones del detenido Alberto Yousseff, y de permitir que uno de los principales condenados por el escándalo del "Mensalao" pueda despreocuparse de su condena de 12 años desde su mansión de Módena.

    Por último y aunque era un secreto a voces, el diario "Folha de Sao Paulo" publicó el miércoles la supuesta confirmación del expresidente Lula da Silva de postularse a la presidencia en 2018. Según la información, Lula reclamará en los próximos cuatro años más protagonismo y actuará para evitar algunos errores en la gestión de Rousseff en su primer mandato como su distanciamiento de los movimientos sociales, su escaso dialogo con los empresarios y su exceso de centralización de las decisiones.

    Esto que en principio no debería ser un problema para Rousseff, sin embargo podría debilitar su posición dentro del partido en este segundo mandato. De hecho, ya se comenta que las jerarquías del PT también exigirán a la presidenta que sea menos autoritaria en sus decisiones y que querrán influir en la definición de los nuevos miembros del gobierno, especialmente en el nombramiento del próximo ministro de Hacienda.

    En resumen, unos primeros cinco días desde la reelección para olvidar y en los que se abren innumerables vías de conflicto. No en vano, el pasado domingo, tras la elección, Lula afirmó a sus más allegados que el segundo mandato sería "un aprendizaje de convivencia" para la hasta ahora intransigente Dilma Rousseff.

    Sus compañeros de partido, sus aliados en el Congreso, la oposición y los mercados estarán ahí para exigirle más acción pero también más reflexión. Sin embargo, esta podría ser la oportunidad de que Dilma Rousseff crezca como sujeto político también de puertas para adentro y no solamente en el contexto internacional.

    La buena noticia, en este sentido, podría ser el más que amigable mensaje de Obama a la presidenta tras las tensiones vividas hace un año con el caso del espionaje, desvelado por el periodista Glenn Greenwald, sobre la presidenta por parte de la National Security Agency (NSA) norteamericana. Tras una semana de retrocesos, son muchos los que esperan que estos primeros pasos atrás sean solamente los necesarios para recobrar un impulso mayor.

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