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    Francisco Aylwin, en el marco del XII Encuentro Iberoamericano de la Sociedad Civil

    "La tolerancia hizo posible la vuelta de Chile a la democracia"

    © Foto : Víctor Flores García
    Opinión & Análisis
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    Entrevista a Francisco Aylwin

    Sólo una gran coalición de partidos y la voluntad de la sociedad civil expresada en protestas pacíficas propició el regreso a la democracia, afirma Francisco Aylwin, hijo del expresidente chileno Patricio Aylwin, en el marco del XII Encuentro Iberoamericano de la Sociedad Civil, celebrado esta semana en México.

    La gran lección de la transición chilena es "ser capaces de conversar sobre la base de la tolerancia. No siempre vamos a estar de acuerdo, pero hay que ceder para avanzar".

    "Chile salió de la dictadura a través de las urnas, eso hay que destacarlo", dijo a esta agencia el hijo del expresidente.

    Recién se cumplieron 25 años del plebiscito del 5 de octubre de 1989. Aylwin recuerda: "fue una gesta heroica, los chilenos le dijimos no al régimen de Pinochet, que esperaba seguir en el poder ocho años más".

    El 14 de diciembre de este año, también se cumplirán 25 años de los históricos comicios de 1989, cuando fue elegido el primer presidente democrático después de la dictadura.

    "Mi padre era sólo uno de los líderes de la oposición, en una elección que permitió una transición pacífica, no sin problemas; pero sólida y estable", dice Aylwin.

    Los primeros 20 años de gobiernos democráticos post dictadura fueron encabezados por una coalición de partidos de centroizquierda, 'Concertación por la Democracia'.

    Después del intervalo de 2010-2014, con el Gobierno de centro derecha encabezado por el empresario Sebastián Piñera, este año ha vuelto a la Presidencia Michelle Bachelet, hija de un general que murió en una prisión de la dictadura:

    "Ella ha vuelto con una nueva coalición, Nueva Mayoría, que ahora incluye a los comunistas –que seguramente antes votaban por la concertación- con lo cual se confirma que Chile ha tenido una transición ejemplar a la democracia", dice Aylwin.

    Algunos critican que durante los primeros años de la transición chilena no se hiciesen cambios radicales, como los que ahora la gente exige. "Es muy fácil ahora decir que antes no se hicieron esos cambios profundos, pero a diferencia de la transición a la democracia en España, donde el dictador Francisco Franco había muerto, en Chile, el dictador Pinochet no sólo estaba vivo, sino que siguió siendo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y senador vitalicio".

    Hasta la elección pasada, en Chile existía un sistema polarizado: "ese sistema protegía a las dos mayorías (de centroizquierda y centroderecha) en detrimento de las minorías. No existió quórum en más de 20 años de democracia para transformar ese sistema".

    Los cambios en América Latina llevan bastante tiempo: "Recién ahora, con el Parlamento elegido de diciembre, se ha llegado a una modificación de la Constitución para un sistema más proporcional, plural y más democrático, para el acceso de nuevos actores".

    La obra del gobierno Aylwin en la construcción democrática chilena "no es sólo mérito de mi padre, él tuvo sólo la fortuna y el talento para encabezarlo, pero como él nos dice cuando hablamos sobre el tema: fue como un buen director de orquesta capaz de armonizar los vientos, las percusiones y todos los instrumentos".

    El resto de Bachelet: la desigualdad

    Como país Chile tiene deudas pendientes: "el gran tema pendiente es la desigualdad. La presidenta Bachelet tiene un programa ambicioso de reformas estructurales. Por ejemplo, una reforma tributaria aprobada, para que los que más tienen paguen más impuestos y los que tienen menos sean favorecidos".

    Bachelet intenta además responder a reclamos que le exigen atender una reforma estructural a la educación: "esa reforma está en el Parlamento, no sin complejidades. El gran proyecto de la presidenta es una profunda reforma de la Constitución. Eso va a demorar un poco más, faltan consensos".

    El otro desafío de la presidenta está en la economía: "Chile venía creciendo a tasas muy alta en su economía de 4 o 5 por ciento cada año, pero ahora se esperan rangos de 2 o 2,5%, que sigue siendo bueno".

    A pesar de la modernización de sus instituciones, Chile aún sufre el impacto de una industria basada en la explotación y exportación de sus recursos naturales: "ha bajado el precio internacional del cobre, hay una situación compleja con el mercado chino, su gran cliente, que está comprando menos materias primas".

    El gran desafío de la presidenta Bachelet está entre esos dos flancos: "un ambiciosos proyecto reformador y seguir creciendo en un clima económico menos favorable que en el pasado, para que los más pobres sigan siendo una prioridad".

    La experiencia de los encuentros iberoamericanos de la sociedad civil son una demostración de pluralismo y tolerancia: "son un ejemplo que se pueden unir voluntades ante estos retos".

    "Cuando mi padre asumió la Presidencia de la República, la discusión era si había 45 o 50 por ciento de los chilenos en la línea de la pobreza. Ahora, 25 años después, después de un gran esfuerzo todavía queda un 12 por ciento de gente que vive en la pobreza. Es el gran desafío latinoamericano".

    "Este encuentro en México ha sido extraordinario, la vara la ha puesto más alta para la próxima cita en 2016. Que el presiente Enrique Peña lo haya inaugurado con discurso de compromiso con la sociedad civil, es un reconocimiento de que ni el Gobierno lo pude hacer todo, ni la empresa privada lo puede hacer todo. Hay que unir voluntades con la sociedad civil", puntualizó.

    Por Víctor Flores García

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