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Estados Unidos esperanzado con las elecciones de Brasil

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Vicky Peláez
Elecciones presidenciales en Brasil (129)
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Sírvete de lo aparente como indicio de lo inaparente (Solón, 640 a.C – 558 a.C)

 

En los pocos días que faltan para celebrarse los comicios presidenciales en Brasil, la prensa globalizada tanto internacional como nacional ha dado su claro respaldo a la ex militante del Partido Comunista de orientación maoísta, Marina Silva quien con el pasar de los años cambió su ideología radical por el espiritualismo evangélico neo pentecostal y abrazó una muy extraña  causa ecologista.

También en estos años de su evolución política perdió el apoyo de sus ex compañeros del movimiento “Sin Tierra” mientras se acomodaba con el sector agroindustrial y financiero del país asegurando su respaldo para las elecciones.

A la vez, los grandes medios de comunicación, actuando como un partido político, desataron una guerra mediática contra la actual presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que también se presenta para las elecciones como candidata por el Partido de los Trabajadores (PT). Como lo afirmó el periodista Darío Pignotti, estos medios “desinforman en conjunto sobre escándalos que afectan el gobierno y omiten las informaciones sobre las políticas sociales exitosas”.

Siguen ciegamente la consigna impuesta por Washington para terminar con la herencia populista de Luiz Inácio Lula da Silva quien gobernó Brasil desde 2003 a 2010, reemplazándola por la neoliberal del ex presidente Fernando Cardoso (1995-2002) del Partido Social Demócrata de Brasil (PSDB).

Ya es de conocimiento público que la cuna del periodismo globalizado es el departamento de Estado norteamericano que desde el siglo pasado tiene su mirada puesta en Brasil, la sexta economía del mundo y el quinto país del planeta por superficie, cuenta con la población de 202 millones de habitantes. Sus riquezas naturales son inmensas.

Para entender el interés norteamericano en convertir este país en su aliado incondicional, baste mencionar el nuevo yacimiento de petróleo bajo el mar a 2.000 metros de profundidad en el lecho oceánico, denominado “pre-sal”, que oculta 80 mil millones de barriles de petróleo. Con el descubrimiento de este yacimiento las reservas del oro negro de Brasil subirían a 100 mil millones de barriles.

Y esto sin mencionar la riqueza de la Amazonía, su bosque tropical llega a la extensión de 4,6 millones de kilómetros cuadrados del total de seis millones de kilómetros cuadrados, considerándose la Amazonía por ser una de las ecoregiones con mayor biodiversidad en el mundo. Precisamente en esta región está ubicado el Acuífero Guaraní con el volumen de agua estimado de 37.000 kilómetros cúbicos y cuya extensión es de 1.200.000 kilómetros cuadrados, de los cuales 840.000 kilómetros cuadrados están bajo la superficie de Brasil.

El petróleo y el agua dulce representan un interés geoeconómico para los Estados Unidos. Son causantes de todas las últimas guerras e invasiones de Norteamérica y sus aliados europeos de la OTAN. Por esta razón, no pudieron perdonar a Libia ya que posee reservas de petróleo alrededor de 50 mil millones de barriles y gran parte del Acuífero de Nibia que es el mayor reservorio de agua fósil en el mundo que cubre dos millones de kilómetros cuadrados y contiene aproximadamente 150.000 kilómetros cúbicos de agua dulce.

Desde hace mucho tiempo, Brasil, la zona de Orinoco en Venezuela y el Golfo de Guinea en África forman un triángulo rico en hidrocarburos de gran interés para los Estados Unidos y la Unión Europea. Esta área es bastante segura en comparación con el Golfo Pérsico y es patrullada constantemente por la marina de guerra norteamericana. Teniendo en cuenta que Brasil es el segundo productor de petróleo en Sudamérica después de Venezuela y es el país donde, según encuestas oficiales, un promedio de 63 por ciento de la población percibe positivamente a EEUU, los estrategas de Washington consideran reemplazar el oro negro venezolano por el brasileño.

También el Acuífero de Guaraní es un codiciado objeto de deseo para Estados Unidos cuyas reservas de agua dulce son mucho más limitadas.

De acuerdo a un informe del Tribunal Dignidad, Soberanía y Paz contra la Guerra publicado en el 2005, en los libros escolares de High School Junior se enseña a los estudiantes norteamericanos que su país “debe administrar la Cuenca Amazónica para bien de la humanidad ya que es la región más rica en biodiversidad, en agua y oxígeno de la tierra, no puede ser administrada por pueblos ignorantes”. Seguro que precisamente estos intereses, camuflados con las consignas anticomunistas fueron utilizados por la CIA y el Pentágono para incentivar a los militares brasileños a dar un golpe de Estado en 1964 al presidente legítimamente elegido Joao Goulart quien trazó un curso neutral de su política exterior.

Los militares brasileños entrenados en la Escuela de las Américas gobernaron a sangre y fuego al Brasil hasta 1985. Allí recibió su primera fama el experto norteamericano en torturas, Dan Anthony Mitrione, el inventor de la “Silla de Dragón” usando electroshoks. Este experto que participó en el adiestramiento de 100.000 policías brasileños y 523 especialistas en tortura enseñaba a sus alumnos como “aplicar el dolor preciso, en el momento preciso, en la cantidad precisa, para el efecto deseado”. La transición a la democracia ha sido penosa y lenta. Los militares brasileños amparados por la Ley de la Amnistía representan un poder dentro del poder del gobierno.

Ya se puede imaginar cuanta sutileza tenía que usar Luiz Inácio Lula da Silva quien gobernó el país de 2003 a 2010 para poder transformar el país, aunque en términos limitados, para sacar de pobreza unos 50 millones de habitantes y hacer más independiente su política internacional. Su amistad con Hugo Chávez, Evo Morales, Fidel Castro, Daniel Ortega se consideraba por el departamento de Estado norteamericano como una “locura”.

El periodista Augusto Zamora escribió en el periódico La Insignia en febrero de 2005 que “contra Lula se alinearon en una sacrosanta cacería el emperador y el gran capital, la oligarquía y las trasnacionales, los empresarios europeo y estadounidenses, la CIA y la cúpula militar. Tenía que tejer fino Lula, un hilo como el de Ariadna, para satisfacer la magnitud de sus adversarios”.

Inclusive para satisfacer las presiones de Estados Unidos y de la cúpula militar nacional, el presidente que criticaba el Plan Colombia, tuvo que ceder y firmar con los EE.UU. “Convenio de Cooperación Militar” dejando sin piso el empeño de UNASUR de no permitir la penetración militar estadounidense en América del Sur. Su seguidora, la presidenta Dilma Rousseff del mismo Partido de los Trabajadores (PT) siguió su política combinando el neoliberalismo con el populismo selectivo. Sus intentos de lograr cierto acercamiento a Norteamérica fueron frustrados por las revelaciones de Edward Snowden sobre el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense en Brasil.

El 5 de Octubre próximo es el día para que los 142 millones de votantes brasileños definan hacia dónde irá su país en los próximos cuatro años. Más de 100 intelectuales y artistas de Brasil exhortaron a la población a votar por Dilma Rousseff para prevenir el retorno al pasado neoliberal del ex presidente Fernando Cardoso (1995-2002), que asusta a la mayoría de la población, y seguir el modelo de Lula da Silva “tejiendo fino” política y económicamente y combinando el populismo con neoliberalismo y conservando cierta independencia en relaciones exteriores.

El popular teólogo Leonardo Boff declaró hace poco que “esta revolución debe ser continuada y consolidada” por ser la única en la historia del país. La puesta en marcha del proyecto petrolero pre-sal aportaría según Dilma Rousseff recursos financieros adicionales para mejorar el sistema de salud, educación y el transporte.

Sin embargo, su contrincante principal Marina Silva, que, según su propia declaración, no toma ninguna decisión sin consultar la Biblia ha trazado otro destino para Brasil. Marina Silva, amiga del asesinado Chico Méndez, eligió como vicepresidente para su plancha presidencial al promotor de la soja transgénica de Monsanto, Beto Albuquerque. Sus asesores económicos son el conocido neoliberal Eduardo Gianetti de Fonseca de la Federación de Industrias de San Paulo y André Lara Resende – autor del Plan Real (neoliberal) del gobierno de Fernando Cardoso y su asesora de finanzas es heredera del imperio bancario y financiero Banco Itaú, Neca Setúbal.

La política exterior de Marina Silva se orientará, según el libro de su compañero de fórmula Beto Albuquerque, al mayor acercamiento a los Estados Unidos, la Unión Europea, Chile y cierto distanciamiento del MERCOSUR, precisamente lo que anhela Washington. También aspira lograr integración con la Alianza del Pacífico, el bloque creado por los Estados Unidos y conformado por Colombia, Chile, México y el Perú.
Su propósito es contrarrestar la influencia del MERCOSUR y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). También detrás de la Alianza del Pacífico se oculta el Tratado Trans-Pacífico de la Asociación Económica de la Región de Asia-Pacífico (TPP) completamente bajo el dominio de Norteamérica.

En fin, el pueblo brasileño es suficientemente maduro e inteligente y sabrá elegir cuál de estas dos mujeres dirigirá el destino del país. 

 

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