En directo
    Luis Alberto Rivas

    La sombra del affaire Tapie cae sobre el FMI

    Luis Rivas
    Opinión & Análisis
    URL corto
    Luis Rivas
    0 14 0 0

    El Consejo Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) manifestó su confianza en su Directora Gerente, Christine Lagarde, a pesar de la investigación que la magistratura francesa inició en su contra por negligencia política.

    En la próxima convocatoria para la elección de Director Gerente del Fondo Monetario Internacionl (FMI) deberían figurar dos condiciones sine qua non: un certificado de antecedentes penales y, sobre todo, no haber ejercido la política. La imputación por «negligencia» en Francia de su Directora, Christine Lagarde, en el llamado caso Tapie pone de nuevo a la institución en ridículo y frente a un nuevo dilema ético.

    Christine Lagarde ha sido interrogada varias veces por los jueces del Tribunal de Justicia de Francia. Su domicilio parisino fue registrado en busca de pruebas sobre su supuesta implicación en la concesión al excantante, expolítico, exactor y empresario, Bernard Tapie, de 400 millones de euros de dinero público.

    El llamado affaire Tapie es uno de los últimos presuntos escándalos del periodo presidencial de Nicolas Sarkozy, aunque para otros supuso el reconocimiento de una injusticia protagonizada por los representantes del propio Estado francés contra un «emprendedor». Es, además, el último capítulo de otro asunto, el "Adidas-Credit Lyonnais", que data de principios de los noventa.

    En aquella época pre-euro, Bernard Tapie era el dueño de la marca deportiva Adidas, en la que el banco público francés tenía una participación. La empresa llegó a acumular un agujero de casi 13.000 millones de pesetas. El Credit Lyonnais se hizo con la empresa y la vendió triplicando el precio de compra (37.000 millones), en una maniobra considerada una estafa por dueño mayoritario. Desde entonces, Tapie batalló judicialmente para obtener satisfacción.

    Lagarde protege a Sarkozy

    Después de miles de peripecias en los tribunales, el Gobierno de Nicolas Sarkozy creó un instrumento jurídico, supuestamente independiente, que obligó al Estado francés a pagar a Bernard Tapie más de 400 millones de euros, como reparación de la supuesta injusticia. En la cifra se incluyen 45 millones en concepto de  "perjuicio moral". Lagarde era entonces Ministra de Economía en el gabinete de centro-derecha.

    Todo parece indicar, por supuesto, que la reparación de la injusticia a Tapie fue una decisión política del jefe de Lagarde, el propio Sarkozy. A Christine Lagarde se le reprocha no haber frenado la decisión, como podía haber hecho según su cargo, después de las consideraciones en contra recibidas por expertos juristas externos e, incluso, de su propio gabinete.

    Las toneladas digitales de información publicada sobre este último episodio vuelven a hacer sonrojar a una institución  ya bastante criticada por su estrecha receta de soluciones a la crisis financiera y económica y a sus errores en sus previsiones y análisis de la actualidad internacional.

    DSK, fondo sexual internacional

    Lagarde, abogada de negocios en Estados Unidos antes de ser catapultada a la política francesa y al Ministerio de Economía de Nicolas Sarkozy parecía el mejor antídoto a la imagen dejada por otro compatriota, el socialdemócrata Dominique Strauss-Kahn.

    Que Strauss-Kahn es un excelente economista pocos lo ponen en duda; que es poco menos que un enfermo sexual, toda la clase mediático-política francesa lo sabía y lo sigue pensando. Pero prefirió callarse, arguyendo la hipócrita justificación del «respeto a la vida privada». A la vida privada del político, pero no de sus víctimas femeninas. Un periodista del diario Libération esribió años antes sobre los problemas de retención sexual de DSK. El periódico censuró el artículo, que fue a parar al blog del autor, Jean Quatremer.

    Aún así, DSK fue propuesto como el candidato francés y europeo al cargo de la institución de crédito internacional. Lo peor del  caso es que el FMI estaba absolutamente al corriente de los antecedentes sexuales de su nuevo jefe y dejó pasar el asunto. La que pagó las consecuencias de esta otra negligencia fue la húngara Piroska Nagy, que confesó haber cedido a los ataque sexuales de su superior, tras meses de acoso y sufrir el temor a perder su puesto de trabajo.  Para sorpresa e indignación de cualquier persona con dedos de frente honesta, DSK siguió en su puesto después de arrepentirse, quizá tras un leve bajón post-coito.

    El macho-alfa del FMI fue definitivamente  cazado tras el episodio en su habitación del  Sofitel de Nueva York, con la inmigrante africana Nafisatu Diallo. Acusado de agresión sexual, DSK dejó algunas gotas de semen en la moqueta y todo su prestigio como político y como ser humano. El FMI ya no tenía muchos argumentos para mantenerle en la dirección. Su candidatura a la Presidencia de Francia fue anulada. Y los jueces todavía le cuestionan por otros casos relacionados con proxenetismo de lujo en su país.

    Rato, el « ejemplo» español

    Antes de los escándalos de los dos políticos franceses al mando del FMI, el español Rodrigo Rato no solo no dejó grandes recuerdos de su paso como Director Gerente. Rato, considerado por la prensa extranjera durante años como  el arquitecto del milagro económico de la primera era Aznar», se ha unido al grupo de ex-jefes de la institución investigados por la justicia. En este caso, la española, que le acusa de  «falsificación de cuentas», «administración desleal», «alteración de precio» y «apropiación indebida», en relación con la salida a bolsa de Bankia.

    Kohler, el bocazas alemán

    El alemán Horst Kohler fue el primer político que dirigió el FMI después de la seria y discreta época de los altos funcionarios. Pero el FMI es para muchos profesionales de la política y sus  partidos como el Parlamento Europeo: un aparcamiento provisional en el extranjero, a la espera de mejores oportunidades en casa. Y Kohler salió en estampida de Washington en cuanto pudo presentarse como candidato a la Presidencia-florero de su país. Kohler no metió la pata en su puesto de Director Gerente. Demostró su estupidez más tarde. Ya como Präsident, justificó la implicación de Berlín en Afganistán argumentando que «en tanto que país dependiente de las exportaciones, Alemania debe asegurarse los circuitos comerciales y prevenir las inestabilidades regionales». En Alemania no son tan comprensivos como en el FMI; Kohler fue invitado a dimitir sin contemplaciones.

    El FMI representaba en los 70 y 80 el súmmum del capitalismo más inhumano. Años más tarde, el FMI ha intentado lavar su cara friedmaniana y se ha aggiornado  incluso con toques de comprensión a los demandantes de menos rigor y más implicación del Estado en la economía.

    Pero ese cambio de imagen se ha visto acompañado por algo que muchos no comprenden después de casi 15 años de siglo XXI. Los errores económicos se pueden aceptar. Nadie es perfecto, ni siquiera los supuestos especialistas que se equivocan en miles de millones. Pero lo que no es tolerable es el insulto a la ética, la ceguera ante la indignación no ya de fanáticos radicales, sino de simples ciudadanos informados y hartos de corrupción.

    *Luis Rivas, periodista. Ex corresponsal de TVE en Moscú y Budapest. Dirigió los servicios informativos del canal de TV europeo EuroNews. Vive en Francia desde hace más de 20 años.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Normas comunitariasDiscusión
    Comentar vía FacebookComentar vía Sputnik