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    Vicky Peláez

    La violencia al desnudo en El Día Internacional de la Mujer

    © Foto : Vicky Peláez
    Opinión & Análisis
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    Miles de mujeres salen a las calles del mundo cada 8 de marzo para defender sus derechos, demandar nuevos y luchar contra la violencia y la discriminación.

    Puede juzgarse el grado de civilización de un pueblo por la posición social de las mujeres (Domingo Faustino Sarmiento, 1811-1888).

    El Día Internacional de la Mujer cumple 104 años de lucha por la independencia social y económica, contra la discriminación y la desigualdad de género. Sin embargo, la lucha organizada de la mujer se inició mucho antes, en febrero de 1908 cuando las organizaciones de mujeres socialistas de los Estados Unidos organizaron grandes manifestaciones públicas para luchar por el derecho de la mujer al voto y por sus derechos políticos y económicos.

    Recién en 1910 en la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas, que tuvo lugar en Dinamarca, a la que asistieron más de 100 delegadas de 17 países en representación de sindicatos, partidos socialistas y organizaciones de trabajadoras, se acordó que el Día Internacional de la Mujer se celebraría cada 8 de marzo.

    Las delegadas aceptaron por unanimidad la propuesta de Clara Zetkin y Kathy Duncker-miembros del Partido Socialista Alemán que decía: “En unión de organizaciones de clase, partidos políticos y sindicatos proletarios en cada país, las mujeres socialistas del mundo celebrarán cada año un Día de la Mujer. Su objetivo principal será obtener el derecho a voto de la mujer. Esta demanda debe ser levantada dentro del contexto global de los asuntos concernientes a las mujeres de acuerdo a los principios socialistas. El Día de la Mujer debe tener un carácter internacional y debe ser preparado cuidadosamente”.

    Las participantes en el evento coincidieron con la tesis de Friedrich Engels expresada en su libro Anti Duhring que afirmaba que la incorporación de la mujer a la producción es la vía para su incorporación económica, para su despertar político, para su lucha contra la explotación, la injusticia y la humillación. También Engels señaló que “el grado de la emancipación de la mujer en una sociedad dada es el barómetro natural por el que se mide la emancipación general”.

    Un siglo después de la celebración de la segunda Conferencia de las mujeres Socialistas podemos afirmar con seguridad que con mucha sangre derramada, las mujeres con la ayuda de los hombres, lograron mejorar su situación socioeconómica y promover sus derechos. Lo interesante es que en Latinoamérica las mujeres han transformado este día en un día de lucha. En Chile, por ejemplo, las mujeres salieron a la calle cada 8 de marzo para confrontar la dictadura militar de Pinochet (1973-1989). Y cuando los partidos políticos chilenos negociaron el retorno a la democracia, estas mujeres levantaron una bandera que decía “Democracia en el País y en la Casa”.

    Actualmente miles de mujeres salen a las calles el 8 de marzo año tras año prácticamente en todos los países del mundo, a excepción de Estados Unidos donde se perdió esta tradición, para defender sus derechos conquistados, demandar los nuevos y luchar contra la violencia, discriminación y contra aquellas leyes que rechazan la igualdad de oportunidades y de sexos. Lo triste es que en actual mundo globalizado sumergido en guerras preventivas, revoluciones de colores, caos programado y en una severa crisis económica, la mujer se ha convertido en una de las principales víctimas.

    Debido a la invasión norteamericana y sus aliados a Irak más de un millón de civiles perdieron la vida incluyendo más de 400,000 mujeres y 700,000 se quedaron viudas, de las cuales sólo unas 100,000 reciben 30 dólares al mes del gobierno iraquí. Miles de mujeres mendigan para alimentar a sus hijos. Se calcula que las viudas constituyen el 40 por ciento de mujeres en los prostíbulos que trajo la invasión.

    Lo mismo está pasando en Afganistán donde durante 13 años de la guerra, que comenzó en 2001 con la operación “Libertad Duradera” del ejército norteamericano, perdieron la vida más de 100,000 civiles de los cuales 34 por ciento eran mujeres y 36 por ciento niños. La historia se repite durante la invasión de las fuerzas armadas de la OTAN a Libia en 2011 lo que obligó a las Naciones Unidas a culpar a la OTAN por las víctimas civiles y en especial las mujeres y los niños. La guerra en Siria provocada por los EE.UU. y la UE ha dejado desde 2011 más de 45,000 muertos civiles y de ellos 11,000 mujeres y niños. La violencia durante la guerra contra la mujer no es incidental es sistemática y la violación como una alternativa a las balas es también un arma de la guerra.

    Resulta que la situación de la mujer en muchos países que no están sumergidos en guerras no es mucho mejor debido a la violencia. Según el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, “una mujer de cada cinco en este mundo es víctima de intento o una violación o en algunas países una de cada tres es agredida físicamente”. En América Latina, México ocupa uno de los primeros lugares del mundo por los delitos de violencia sexual y trata de personas, de acuerdo a los datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Uno de sus ejecutivos, María José Gómez considera que es más riesgoso ser mujer en México que soldado en Gaza o en otros lugares donde hay un conflicto armado.

    Los estudios del UNFPA demuestran que más de 800,000 mujeres y niñas son víctimas de explotación sexual en México, mientras 38,000 han sido asesinadas en los últimos años. Actualmente solamente en la ciudad de México hay 250,000 mujeres víctimas de trata debido a la existencia de numerosas redes de proxenetismo y lenocinio. Bolivia, según estadísticas del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) es el país donde el 52 por ciento de las mujeres afirma haber sufrido violencia sexual o física por parte de un compañero íntimo y le siguen Colombia y Perú con el 39 por ciento y Ecuador con el 32 por ciento. En Centroamérica dos de cada tres mujeres son asesinadas por el solo hecho de serlo y las cifras de feminicidio son alarmantes en El Salvador, Honduras y Guatemala estando libres o prófugos más del 50 por ciento de los autores de este crimen.

    Ya es de conocimiento general que la salud mental de una sociedad es medida por el trato que recibe la mujer y en la situación cuando existe la probabilidad a nivel mundial de que cada una de tres mujeres sea asaltada sexualmente durante su ciclo de vida, se puede afirmar que nuestra sociedad está en crisis. Como lo expresó la autora de la obra teatral “Los Monólogos de la Vagina” Eve Ensler, “cuando usted viola, pega, mutila, quema, aterroriza a las mujeres, usted está destruyendo la energía esencial del planeta y está forzando lo que es abierto, confiable, creativo y vivo convertirse en infértil y roto”.

    Mucho tiene que ver con el estado actual de la salud mental de nuestra sociedad los valores basados en el Don Dinero y el consumismo que nos inculcan día tras día los medios de comunicación globalizada corporativa. En este contexto programado, cuando la mujer es presentada, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) publicado en 2009, como “una gatita sexy, bruja taimada o una dura y ambiciosa trepadora corporativa y política”, tomarán unos 75 años más para lograr la igualdad de género.

    En el actual sistema económico dominante neoliberal precisamente esta imagen de la mujer es la que esencial para el mercadotécnica pues es la que más vende. Para este sistema la mujer creadora, científica no existe y de serlo afectaría inmediatamente la base de la sociedad contemporánea que es esencialmente machista y propicia a la violencia. Por eso la violencia se ha convertido en común y aceptable.

    Tomando todo esto en cuenta podremos llegar a la conclusión que no hay mucho que nosotras celebremos en este Día Internacional de la Mujer pero hay mucho que hacer. En la opinión de la escritora Eve Ensler “a menos que los hombres sean aliados activos, nunca vamos a terminar con la violencia contra las mujeres y las niñas”. Sin embargo, con hombres aliados o sin ellos tenemos que seguir el camino que nos trazó Clara Zetkin: “la vida es una lucha permanente de la mujer por sus derechos”.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

     

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