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    La historia soviética plasmada en los adornos navideños

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    Los adornos navideños en la Rusia soviética reflejaron la historia del país durante más de medio siglo y lo hicieron, como no, de una manera resplandeciente, pues, según se mire, su brillo puede eclipsar incluso la mirada del cine y la literatura de la época.

    Los adornos navideños en la Rusia soviética reflejaron la historia del país durante más de medio siglo y lo hicieron, como no, de una manera resplandeciente, pues, según se mire, su brillo puede eclipsar incluso la mirada del cine y la literatura de la época.

    Cuando Pedro el Grande impuso a los rusos la fecha actual de la celebración de fin de año, allá en el siglo 18, parecía que lo mas difícil ya estaba hecho. Pero la verdadera batalla por el símbolo principal (y la decoración) de la que acabó convirtiéndose en la fiesta mas querida por los rusos se libraría dos siglos más tarde.

    Después de la llegada al poder de los bolcheviques en Rusia, el árbol de Navidad cayó en desgracia, tildado de “anacronismo religioso”.

    De hecho, hasta 1947 el primero de enero dejó de ser festivo. El árbol, sin embargo, corrió una suerte mejor, pues fue “rehabilitado” a mediados de la década de 1930. Simultáneamente, comenzó a desarrollarse la industria de adornos, cuya producción estaba abandonada.

    En la Rusia zarista el “protagonista verde” de las fiestas navideñas era decorado con velas, frutas, bombones, figuritas de ángeles, príncipes y princesas, e invariablemente la coronaba la estrella de Belén.

    Aunque antes de la época soviética los rusos ya tenían adornos de vidrio, su producción vivió su segundo nacimiento después de la Segunda Guerra Mundial, plasmando en los frágiles las grandes gestas de la potencia soviética.

    © RIA Novosti. Igor Boyko
    1960, la gran década espacial

    Así, tras la derrota de la Alemania Nazi en 1945, hasta el Papá Noel ruso (Ded Moroz, o Abuelo del Frío) empuñó el fusil. Las figuritas de aquel aguerrido “Guerrillero del Frío” eran muy populares en la postguerra, igual que las figuritas de tanques, aviones, barcos y otros símbolos del poderío militar de la URSS.

    Durante las expediciones soviéticas al Polo Norte, irrumpieron con fuerza los muñecos de los exploradores del polo.

    La conquista del espacio y sobre todo el vuelo del legendario Yuri Gagarin trasladaron la carrera espacial a los abetos de fin de año en los hogares soviéticos. Copias del Sputnik, el primer satélite artificial de la Tierra, de cohetes, naves espaciales y cosmonautas casi desplazaron a los conejitos, campañas y bolas que hasta entonces dominaban en los verdes y olorosos ramos.

    “Recuerdo que me compraron un cosmonauta con un casco donde estaba escrito CCCP (URSS). Yo entonces tenía seis años. Me lo compró mi madre la víspera del Año Nuevo. Cuando lo colocábamos en el árbol, se rompió. Monté una que mi mamá tuvo que llevarme de nuevo a la tienda y comprarme otro cosmonauta igual”, recuerda un internauta ruso en un foro sobre adornos navideños.

    © RIA Novosti. Igor Boyko
    1950, vuelven los personajes de cuentos de hadas

    Hoy en Rusia hay un sinfín de adornos y árboles...Con frecuencia, en los abetos se ven las cebollas de las iglesias ortodoxas, algo impensable en la Rusia atea de los tiempos comunistas.

    Lo que ahora escasea son aquellos adornos con su toque ideológico, aunque también los hubo sin el sello comunista. Parece que el tiempo los hizo aún más frágiles y delicados, algo que aprovechan los anticuarios, que han convertido algunas piezas en verdaderas joyas para cobrarlos a precios desorbitados. Aquellas figuras que no llevan la marca comunista, aunque sí el sello de la época, son bastante más baratos. Las personas mayores se detienen ante los viejos juguetes y, si no tienen dinero para comprarlos, dejan junto a ellos una sonrisa o un suspiro, reflejos de nostalgia por una infancia en un país que se llamaba URSS.

    Aquellos que aún los tenemos, los guardamos con mucho cuidado y tratamos de colocarlos en las ramas más altas, fuera del alcance de los niños de hoy.

    ¡Feliz Año!

    © RIA Novosti. Ruslan Krivobok
    En la postguerra soviética cada niño soñaba ser piloto

     

     

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