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    Una explosión nuclear

    Hace treinta años el mundo se preparaba para la Tercera Guerra Mundial

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    Opinión & Análisis
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    Seguramente, nadie en el Reino Unido se pregunta si Su Majestad la Reina Isabel II estaba al tanto del contenido de un discurso escrito para ella en 1983.

    Seguramente, nadie en el Reino Unido se pregunta si Su Majestad la Reina Isabel II estaba al tanto del contenido de un discurso escrito para ella en 1983.

    Mientras tanto, este discurso estaba dedicado al inquietante tema del posible comienzo de la Tercera Guerra Mundial.
    El mundo no se encontraba al borde de la guerra, pero unos preparativos intensos sí que se habían desplegado, de modo que además del discurso de la soberana británica estaban listas muchas otras cosas. Entre ellas, el guión que incluía la destrucción de Londres y la muerte de la primera ministra Margaret Thatcher. Todo ello se desprende de los documentos clasificados de hace 30 años que se han hecho públicos de acuerdo con la nueva línea política.

    El discurso de la reina tiene la fecha del 4 de marzo de 1983. En la Unión Soviética el nuevo líder, Yuri Andrópov, llevaba seis meses en el poder. No le caía nada bien al Embajador británico en Moscú, por parecerle demasiado agresivo. En primavera de aquel año, la OTAN estaba ensayando el eventual desarrollo de la Tercera Guerra Mundial. La catástrofe mundial empezaba, por alguna inexplicable razón con un ataque con armas químicas por parte de la URSS.
    La OTAN, sin pensarlo mucho, respondía con armas nucleares.

    Con algo de antelación, el presidente estadounidense Ronald Reagan había tildado a la URSS de “Imperio del mal” y desplegado en Europa misiles de alcance medio que alcanzarían el territorio soviético en tiempo muy corto.

    Más tarde, el 1 de septiembre de 1983, fue derribado un Boeing surcoreano con pasajeros a bordo que supuestamente se había extraviado en el espacio aéreo soviético. Luego, EEUU invadió la isla de Grenada, y sus militares detuvieron a diplomáticos soviéticos. Lo que hizo nada feliz a Londres, porque Grenada era parte de la Mancomunidad Británica de las Naciones.

    Si volvemos a los acontecimientos del marzo de 1983, los documentos demuestran que el Gobierno de su Majestad se disponía a crear en los condados “embriones de Gobierno” después de que en Londres perdieran la vida más de un millón de personas junto con Margaret Thatcher. A la líder de la nación se le recordaba que el “botón nuclear” se encontraba en el sótano de la sede del Gobierno.

    El discurso de la reina, sin lugar a dudas, es mucho más impactante que las imparciales características de los diferentes guiones del desarrollo de los acontecimientos. El documento señala que el hijo de la soberana, el Príncipe Andrés, ya está combatiendo en la Marina y que la reina nunca habría podido pensar que la “locura de la guerra volviera por tercera vez el mismo siglo”. La unidad de las familias británicas ayudaría a sobrellevar esta desgracia, insisten los autores del documento.

    Me gustaría saber con qué ánimo habría escuchado aquel discurso en el lejano 1983, transmitido por alguna de las emisoras occidentales. Por supuesto, en caso de haber sobrevivido en el ataque nuclear...

    Lo sabemos casi todo sobre la Crisis de los Misiles de 1962, cuando Nikita Jrushchov desplegó en Cuba armas nucleares y el presidente Kennedy resultó ser bastante más decidido de lo que creían. Y ahora nos enteramos de que en el 1983 hubo una crisis no menos grave. Los dirigentes soviéticos fueron bastante impactados por el incidente con el avión surcoreano: si Occidente sacrificó sin titubeos la vida de los pasajeros inocentes, la situación era grave.

    Hoy por hoy, el mundo no es nada mejor que hace treinta años. Todo se sigue reduciendo a la evaluación que los gobiernos dan a las intenciones de otros. La apreciación que dieron a Yuri Andrópov, resultó ser completamente errónea; nadie supo predecir la desintegración de la URSS y en los 90 muchos creyeron que la Unión Soviética capitulaba, cuando en realidad ofrecía su amistad y cooperación. Las nefastas consecuencias de aquellos errores son imposibles de corregir.

    Por otra parte, el eje de la tensión global ya no es “Este-Oeste”. Porque el Oriente es distinto y para algunos abarca casi todo el mundo musulmán. Otros otorgan el papel del rival estratégico a China. La costumbre hace ley. Y la costumbre exige que siempre haya un rival. Pero mientras el eje se está desplazando y todo es incierto, el peligro parece alejarse.

    Si dentro de treinta años se toma la decisión de volver a hacer públicos algunos datos clasificados, seguramente resultará que ahora también estamos al borde de una catástrofe mundial por algún malentendido. Con todo y eso me gustaría pensar que el mundo se ha vuelto algo más seguro. He aquí una de las pruebas...

    Imaginémonos que en 1983, algún idealista haya hecho públicos los datos secretos y todos se hayan enterado de los 33 millones de supuestas víctimas sufridas por el Reino Unido y del discurso redactado en nombre de Su Majestad. La guerra no tardaría en estallar, mientras los agentes secretos sacrificaban sus vida para no que se filtrara ningún dato importante. Hoy, sin embargo, después de que Bradley Manning filtrara 700.000 documentos, parece que nadie se prepara para una guerra mundial ni redacta discursos para la reina de Inglaterra.
    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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