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    La élite rusa recorre su propio camino

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    La élite rusa recorre su propio camino, distinto del que han seguido las élites occidentales. A esta conclusión llegaron los autores del informe “Elite rusa 2020”, elaborado a solicitud del Club Internacional de Debates Valdái.

    La élite rusa recorre su propio camino, distinto del que han seguido las élites occidentales. A esta conclusión llegaron los autores del informe “Elite rusa 2020”, elaborado a solicitud del Club Internacional de Debates Valdái.

    Un grupo de investigadores rusos y estadounidenses analizó “los valores, los objetivos y las posturas ideológicas de las élites rusas desde la desintegración de la Unión Soviética”, para, a partir de las tendencias reveladas, realizar pronósticos sobre el desarrollo del país entre 2015 y 2030.

    El director ejecutivo del Club Valdai, Pável Andréev, informó, durante la presentación del informe en RIA Novosti el 31 de julio, que sus resultados se harán llegar a los representantes más destacados de la elite nacional. De esta manera, podrán verse en una especie de espejo que reflejará, como es propio de un espejo, lo bueno y lo malo de su actualidad y su futuro próximo.


    Definiendo los términos

    Todos sabemos, intuitivamente, quiénes componen la élite nacional. Pero para los especialistas que las estudian sigue siendo una cuestión controvertida.

    En un foro representativo dedicado al tema y celebrado en Moscú en 2008 los expertos  propusieron varios criterios para precisar la definición. Como, por ejemplo, considerar élite a las personas que ocupan las posiciones superiores en la jerarquía social pero a la vez pertenecen a las familias que ya habían dado al país destacadas personalidades. O a los que confirmaron su estatus superior mediante un reconocimiento por parte de los medios de comunicación masiva.

    Los autores del informe “Elite rusa 2020” eludieron hábilmente la definición del objeto de su estudios. Pero a la pregunta directa durante la presentación uno de ellos, doctorando de la Universidad de Columbia, Yegor Lázarev, contestó: “Por élite entendemos a un grupo minoritario de personas que influyen en la toma de las decisiones políticas”.

    Es un definición dudosa, ya que incluye en la élite a toda una serie de ejecutivos, administrativos y directivos que difícilmente pueden ser considerados parte de ella. Al mismo tiempo tiene una gran ventaja: expresa de una forma muy clara la idea que los investigadores tienen de la élite.


    Metodología del estudio

    Para realizar su trabajo los investigadores disponían de un material único, que probablemente no existe en ningún otro país que haya vivido unos cataclismos históricos tan graves en los últimos veine años como Rusia. Se trata de los datos recogidos en seis encuestas a miembros de las élites rusas que se llevaron a cabo en Moscú en los años 1993, 1995, 1999, 2004, 2008 y 2012. El hecho de que todas se hayan realizado en la capital no les resta representatividad ya que es, sin duda, el lugar de su mayor concentración.

    Estos sondeos, que utilizan la misma metodología y técnicas de verificación, reflejan las percepciones y los valores de las élites a lo largo de 20 años. Sólo faltaba analizar estos materiales y proyectar los resultados del análisis hacia el futuro.

    Otra de las tareas planteadas fue contrastar estos datos con los provenientes de las encuestas de percepción a ciudadanos rusos de a pie en el mismo período, que tampoco faltan. En los veine años se efectuaron múltiples estudios de opinión pública entre la población. Los resultados de los más representativos de ellos, como el proyecto ruso-estadounidense “Nuevo barómetro ruso” (1992-2009) y seis olas de la Encuesta Mundial de Valores (World Value Survey) de 1990 a 2011, completaron el material utilizado para el trabajo.

    Las conclusiones de la investigación se agrupan en torno a los tres problemas principales, objeto de estudio: las diferencias fundamentales entre la élite rusa y las occidentales; las diferencias de las percepciones de la élite rusa y el resto de la sociedad; las previsiones del desarrollo de la élite en Rusia para los próximos diez años, hasta 2020.


    Una sociedad “inmadura”

    El equipo investigador, integrado por los expertos de la Escuela Superior de Economía de Rusia y de la estadounidense Universidad de Michigan, llegó a la conclusión de que la principal diferencia entre las élites en Rusia y en el Occidente radica en que la rusa no ha madurado lo suficiente para aceptar los valores de postmaterialismo.

    El postmaterialismo es una tendencia de cambio cultural identificada precisamente por el politólogo y sociólogo Ronald Inglehart, uno de los autores del presente estudio, como resultado del aumento general de la seguridad económica y el crecimiento económico. En otras palabras, si la élite, en este caso concreto, ve realizadas sus necesidades materiales básicas, empieza a preocuparse por el medioambiente y los derechos de las minorías.

    Esto no sucede en Rusia, pero no por que nuestra élite no quiera compartir los llamados valores liberales por perseguir algún interés propio, sino porque mentalmente no está preparada para ello. No es su culpa sino un reflejo objetivo de la realidad en la que se forma esta élite.

    Al mismo tiempo, según el informe, la generación más joven de la élite rusa, nacida entre 1970 y 1980, se muestra cada vez más receptiva a los valores postmaterialistas. Aunque en este grupo se están construyendo también otras percipciones sociales que para 2020, cuando todo el poder en el país se haya concentrado en las manos de estos jóvenes, podrán entrar en conflicto con el postmaterialismo y anularlo.


    Realidades paralelas

    Sin profundizar demasiado se puede resumir que la percepción de la élite rusa y del resto de la sociedad se diferencia, según el estudio, por un mayor radicalismo de aquélla.

    Los autores del informe lo demostraron analizando la extensión de los sentimientos antiestadounidenses, tal vez para que los colegas de Michigan saquen también algún provecho del trabajo conjunto. Sea como sea, el ejemplo elegido resultó ser muy ilustrativo.

    En 1993 sólo un poco más del 20% de la élite rusa percibía a Estados Unidos negativamente, y el mismo porcentaje de los ciudadanos rusos de a pie compartían este sentimiento antiestadounidense. Más tarde, este indicador creció para la élite alcazando un 70% en 2008, marcó un pequeño descenso en 2012 pero permanece alto hasta ahora.

    Sin entrar en detalles de por qué ocurre, cabe señalar que este mismo indicador para el resto de la población, aunque también creció, pero de forma mucho más moderada. En diferentes años la brecha en los niveles de tolerancia con respecto a EEUU entre élites y ciudadanos llegó a ser de un 20%. A lo largo de 20 años los mismos procesos en estos dos grupos se dasarrollaron paralela e independientemente.

    Esto permite a los autores del estudio en cuestión scar las siguientes conclusiones. La primera es que la percepción de la situación global y amenazas exteriores del grupo más influyente de la sociedad rusa en general coincide  con la del resto de la pobleción. La segunda, que si las élites emprendieron algún intento de imponer su punto de vista a los demás rusos, lo hacían si mucho entusiasmo y no consiguieron ningún resultado palpable.

    Estas observaciones resultaron ser válidas para otros problemas estudiados, sean relativos a la política exterior o interior: la élite tiende a tener unas percepciones más críticas y exageradas pero no impone su visión al pueblo.


    El futuro de la élite rusa

    Hacer pronósticos es ingrato y peligroso, subrayaron en varias ocasiones los investigadores ya que disponían de un único método para desarrolarlo: la extrapolación, cuando las tendencias reveladas tras analizar ciertos datos se proyectan hacia el futuro. No obstante, si estas tendencias son estables, las previsiones pueden realizarse con un alto grado de probabilidad.

    Los autores del informe “La élite rusa 2020” hablan de dos tendencias de este tipo. La primera, ya mencionada, es el aumento de sentimientos postmaterialistas entre los jóvenes que pertenecen a la élite. La segunda es el aumento paralelo de los partidarios del autoritarismo, especialmente entre los nacidos entre 1981 y 1990.

    De ahí sacan la conclusión: dentro de diez años en los círculos elitistas se formarán dos grupos en función de sus preferencias políticas: los demócratas y los tecnócratas-autoritaristas. Esto significa, según los expertos, que la élite rusa será mucho más polrizada que ahora, lo cual “repercutirá en la política exterior e interior de Rusia”.

    En el informe no se detalla en qué repercutirá en concreto pero está claro que si la élite está fuertemente dividida las consecuencias podrán ser graves. Aunque los investigadores no se cansan de advertir sobre el carácter probabilistico de su pronóstico.

    Entonces, tiene derecho a existir otra probabilidad. Los autores del informe están absolutamente seguros de que los representantes de la futura élite rusa serán incapaces de defender más de una idea a la vez. Serán partidarios del poder fuerte en una Rusia fuerte ó intentarán enarbolar los ideales democráticos.

    Rsulta inexplicable porque un demócrata convencido no puede desear vivir en una Rusia fuerte con un gobierno democrático fuerte. Sólo nos queda esperar que esta tercera posibilidad se analice en los futuros trabajos de investigación.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

     

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