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    La Guerra de Corea terminó con un empate

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    Unos 26.000 militares soviéticos participaron en aquel conflicto bélico que, de hecho, no se libró entre las dos Coreas sino entre los dos mundos.

    Un cuadro dibujado sobre un rollo de papel largo y estrecho bordado de seda que fue colgado en mi casa natal recordaba sobre la Guerra de Corea de 1950-1953.

    Varios jeroglíficos enigmáticos fueron escritos con tinta negra en sentido vertical y en el centro se podía ver a dos gallinas: blanca y negra.

    “Es un regalo”, solía decir mi padre respondiendo a mis preguntas. En Corea ocupaba el cargo de asesor militar que ayudaba a los llamados ‘voluntarios populares chinos’.

    Los historiadores militares de Ocidente ponen la palabra ‘asesor’ entre comillas también. Unos 26.000 militares soviéticos participaron en aquel conflicto bélico que, de hecho, no se libró entre las dos Coreas sino entre los dos mundos. EEUU, Gran Bretaña y las tropas de la ONU auydaban a una parte, China y la URSS, a la otra. Se considera que la muerte del entonces líder soviético, Iósif Stalin, puso el punto final en aquella guerra que duró tres años.

    Mi padre contaba con frecuencia sobre la Gran Guerra Patria (1941-1945), el conflicto bélico entra la Unión Soviética y la Alemania nazi, pero mencionaba muy raramente la Guerra de Corea. Solía recordar las trincheras llenas de agua en las que sólo ayudaba a sobrevivir el licor de ginseng. Está claro que estas dos guerras desempeñaron un papel absolutamente distinto en la historia de Rusia.
    Es posible que uno que pertenezca a la generación de los triunfadores no quiera recordar una guerra que no terminó con la victoria. De hecho, el conflicto entre la Corea del Norte y la Corea del Sur concluyó el 27 de julio de 1953, con un empate. Pasados los sesenta años tras el armisticio que puso fin a la guerra de tres años, la victoria la celebra sólo Corea del Norte, el país que desató el conflicto y perdió en éste casi 1,5 millones de personas y que quedó en ruinas tras los bombardeos de EEUU.

    En EEUU se le llama aquel conflicto la ‘guerra olvidada o desconocida’. Los estadounidenses recibieron como a los héroes a los soldados que regresaron de aquella guerra, recuerda el veterano de la Guerra de Corea, James Robert Delaney, que prestaba el servicio militar en la Infantería de Marina. En julio de 1953, se les recibieron a los infantes de la Marina estadounidenses con música interpretada por la orquesta en el puerto de San Francisco y con una pancarta con la inscripción ‘¡Bienvenidos a casa!’. Todos los bares de la ciudad les ofrecían una consumición gratis.

    A juzgar por todo, el conflicto entre las dos Coreas fue la última guerra que EEUU consideraba justificada. Los soldados que regresaron de la Guerra de Vietnam (1965-1973) se apresuraban a ponerse la ropa civil y se escondían de los piquetes instalados por los defensores de derechos humanos. La visión de las guerras en Afganistán e Irak fue ambigua también.

    Mi padre que murió demasiado temprano me contó poco sobre la Guerra de Corea. Ahora sé mucho más de mi amigo estadounidense de Nueva York. Sé que un infante de Marina de EEUU recibía 96 dólares al mes y una parte de este dinero se le transfería a su patria. Sé cuál fue el precio de un coche de segunda mano o de arrendamiento de un pequeño piso en Nueva York en aquella época. Los militares estadounidenses solían cantar la canción ‘Because of You’ de Tony Bennett que se hizo muy popular y les gustaba mucho la actriz Marilyn Monroe.

    Sé que los efectivos de las Tropas Aerotransportadas estadounidenses que participaban en los combates recibían escasos alimentos: tres latas de carne con frijoles de 200 gramos cada una, una pastilla de chocolate y un paquete de cigarrillos Lucky Strike al día. Se les prohibía tomar alcohol.

    La población local de Corea del Sur en cuyo territorio se desembarcaban los estadounidenses les daba la bienvenida a los ‘libertadores’, pero solía esconder a sus mujeres. Los ‘voluntarios populares chinos’ desparramaban las octavillas que exhortaban a los estadounidenses a dejar las armas y rendirse.

    Los infantes de Marina de EEUU fueron fuertes, pero los chinos les parecían gigantescos. Se dice que fueron de Manchuria. Los voluntarios chinos solían lanzar ofensivas por la noche. Se oía sonar una señal de ataque y los estadounidense se preparaban a repelerlo.

    Alrededor de 350.000 soldados estadounidenses participaban en la Guerra de Corea frente a casi 1.350.000 voluntarios chinos. “Mi padre luchaba junto con ellos”, dije a James Robert Delaney con orgullo. “Los rusos saben combatir”, me contestó.

    Sé incluso el ‘santo y seña’ que se renovaba diariamente y fue en vigor el 2 de noviembre de 1950 cuando los infantes de Marina de EEUU estaban cerca de Suncheon.

    Aquel combate duró una noche, un día y una noche más. Fue la primera vez cuando Delaney luchaba cuerpo a cuerpo. Posteriormente, se declaró que EEUU no estaba preparado para aquella guerra. Incluso la élite militar, las Tropas Aerotransportadas, no sabían matar luchando cuerpo a cuerpo.

    “Pero cuando ves al enemigo y entiendes que ya es tarde disparar, todo sale automáticamente. Es necesario simplemente estrechar [al enemigo] entre los brazos y clavar un cuchillo por detrás, en su hígado”, recuerda el veterano.

    Delaney regresaba uno al lugar donde estaba desplegada su unidad. En el campo de batalla se le aproximó el capellán para absolver los pecados al católico. Pero Delaney no iba a morir y no consideraba como pecado matar a un enemigo en el combate. Se dirigió a su unidad, lanzando granadas contra los que le perseguían. Los centinelas le gritaron: “¡Deep!”. Pero Delaney olvidó qué debía responderles. Al recordar el orden de matar a todos los que se aproximaban a las posiciones, porque los soldados de Corea del Norte solían hacerse pasar por los refugiados e incluso por los estadounidenses, Delaney gritó: “¡Deep Purple!”. Así fue una canción popular estadounidense que apareció a mediados de los 1930, antes de que el homónimo grupo de rock británico saliera al escenario.

    “No perdimos en la Guerra de Corea, sino tan sólo no la ganamos”, opina Delaney. Desayuna y compra periódicos en una tienda coreana en Mosholu Avenue cerca de la residencia rusa de la misión de la ONU en el municipio de Riverdale. El dueño de esta tienda proviene de aquel poblado al norte de Seul en cuya liberación participaba Delaney.

    El surcoreano le ofrece dos veces al año un café gratis al veterano de la Guerra de Corea y le regala flores blancas artificiales para una fiesta nacional que James sujeta al espejo retrovisor al parabrisas de su viejo ‘Ford’.

    Los soviéticos tampoco obtuvieron victoria en aquel conflicto bélico de la época de la ‘guerra fría’. Pero a mí me parece que la perdimos, si recordamos a los que apoyabamos en aquella guerra. Las gallinas blanca y negra - el regalo que recuerda los tiempos de la Guerra de Corea parece ahora un símbolo profético.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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