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    La adopción internacional, una posibilidad para salir adelante

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    “Ley Dima Yákovlev” en respuesta a la “ley Magnitski” (45)
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    El conflicto entre los partidarios y los adversarios de la prohibición de la adopción internacional llevó al terreno real los debates sobre la política familiar aplicada en el país.

    La sociedad rusa se ha vuelto a separar recientemente en dos bandos. Y no fue por razones políticas, sino por la diferente percepción del mundo, me estoy refiriendo a quienes sinceramente ven como algo positivo la introducción de una especie de 'telón de acero' para los huérfanos rusos.El conflicto entre los partidarios y los adversarios de la prohibición de la adopción internacional llevó al terreno real los debates sobre la política familiar aplicada en el país.

    En realidad, por primera vez se ha planteado en serio y con claridad la pregunta de qué es más importante, la familia o el Estado, los intereses de un ciudadano concreto o las cuestiones ideológicas.No me gustaría recordar los dolorosos estereotipos de la época soviética, es decir, el miedo ante los extranjeros y ante todo lo desconocido ni mencionar los clichés mentales que hemos heredado de aquel período. Lo que sí voy a hacer es enumerar los argumentos más o menos sensatos.

    Los principales argumentos de los adversarios de la adopción extranjera consisten en que el proceso se convierte en tráfico con niños, fomenta la corrupción y otro tipo de delitos. Vamos a considerarlo de manera fría. El tráfico con niños es asqueroso y habría que poner fin a ello.

    Pero, ¿por qué hay que pagar por adoptar? Si quitáramos el componente económico, enseguida habría considerablemente menos infracciones. Si es que las hay, porque de momento sólo se oyen gritos de indignación, pero nunca se ha llevado a cabo una investigación ni se ha abierto un sumario por el supuesto diagnóstico incorrecto en un menor, al que se representa como un minusválido.

    Actualmente en Rusia se observa una inexistencia casi absoluta de campos que no vayan asociados a la corrupción, pero nadie propone por ello suspender, digamos, la asistencia médica.

     Está claro que es necesario poner orden en el proceso de la adopción y poder ejercer un control completo tanto del procedimiento de la misma, como de las posteriores condiciones de vida de los menores. Y es evidente que no es fácil. La tarea precisa de intensa labor, constante atención y esfuerzo. Es mucho más fácil prohibirlo sin más, también parece ser herencia de la época soviética, en la que se dejaba llevar por los discursos altisonantes, sin pensar demasiado en la vida real.

    Y qué tal el argumento de “tanto cartel por todas partes y tanta protesta, pero ¿ha ayudado alguien de verdad a los niños abandonados?”. Pero resulta que la gente que trabaja con los niños abandonados y que se esfuerza en ayudarles, jefes de los organismos competentes, voluntarios de las asociaciones benéficas, pedagogos, directores de los orfanatos y padres que tienen hijos adoptivos, todos se muestran en contra de la prohibición de la adopción extranjera.

    ¿Por qué no se hace caso a su opinión? Porque difiere de la expresada por los altos cargos…Por supuesto, la adopción extranjera no puede solucionar el problema de los niños abandonados y hemos de luchar con nuestras propias fuerzas, sin esperar a que nos socorran desde fuera. Lo que habría que hacer al respecto también parece muy claro. Soy partidaria de los orfanatos ortodoxos dependientes de los monasterios, donde los menores son atendidos y educados.

    Pero hasta que les ofrezcamos a los huérfanos una solución real de su problema, no tenemos derecho a quitarles ninguna oportunidad de salir adelante.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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