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    Nuestros tiempos carecen de verdaderos héroes

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    No corren tiempos de héroes. Por supuesto, en 2012 han aparecido figuras llamativas, a veces provocadoras, que atraían la atención común.

    No corren tiempos de héroes. Por supuesto, en 2012 han aparecido figuras llamativas, a veces provocadoras, que atraían la atención común.

    Sin embargo, llevamos tiempo sin ver a un héroe de verdad, un indiscutible ejemplo a seguir. Y muchos de estos héroes nos dejaron para siempre en 2012. Son los escritores Ray Bradbury y Borís Strugátski y el guionista Tonino Guerra, la cantante Galina Vishnévskaya, el arquitecto Oscar Niemeyer, el director de cine animado Fiódor Jitruk, el actor Igor Kvashá y el director teatral Piótr Fomenko, el músico Ravi Shankar y el pianista y compositor de la música jazz Dave Brubeck.

    A todas estas personalidades les une el mismo criterio: sus contemporáneos del siglo XX se solían referir a ellos como “personas del futuro, personas del siglo XXI”. Cada uno de ellos en su esfera estaba creando nuevas formas y nuevas esencias, metafóricamente plantando árboles y construyendo ciudades. Eran, sin excepción alguna, idealistas y románticos que supieron plasmar en la vida sus sueños más atrevidos y utópicos.

    Dijo en cierta ocasión Oscar Niemeyer, creador de la ciudad más cómoda del mundo, pero situada en un desierto: “Cuando construíamos Brasilia, teníamos la sensación de estar creando un mundo nuevo; uno diferente, libre, alegre y joven”.

    Piotr Fomenko creó un mundo nuevo sobre el escenario y Tonino Guerra, en el cine. Fiódor Jitruk dio vida a todo un universo de la animación. Los escritores de ciencia ficción Ray Bradbury y Boris Strugatski no sólo describieron este nuevo mundo, “un mundo en el que nos gustaría vivir” y “donde el placer superior y la fuente inagotable de felicidad es la labor creativa”, sino que predijeron las tristes consecuencias de la alteración del orden habitual de la cosas en dicho mundo.

    “La vida le concede a uno tres regalos, un amigo, un amor y un trabajo, con el resto te tienta el Diablo”, gustaba de repetir Boris Strugátski.

    El escritor Vasili Aksiónov en una de sus novelas concede a todas las figuras positivas el patronímico de Apollinárievich; es decir, hijo de padre cuyo nombre procede de Apolo. Nuestros héroes todos eran hijos de Apolo, patrono de las ciencias y las artes, llevaban en sus venas la brillante y vital energía del Sol.

    Ray Bradbury lo describía de la siguiente forma: “¡Ama lo que haces y haz lo que amas!”

    Contaba el actor Igor Kvashá que, siendo todavía estudiantes, sus compañeros y él habían soñado con tener un teatro propio y habían jurado hacer todo lo posible para conseguirlo. Algunos años más tarde su teatro se convertiría en un lugar casi sagrado de Moscú, conocido también en el mundo entero. Y para ello hubieron de enfrentarse al sistema soviético.

    En aquella época, la realidad estaba separada con fronteras, telones de acero y muros, pero nuestros héroes nunca han pertenecido a ningún sistema, eran los verdaderos ciudadanos del mundo. Todos parecían estar creando alguna obra común, pasando por alto la geografía y la política, las prohibiciones y los prejuicios.

    Alcanzaron la cima de su actividad creativa más o menos en el mismo momento, los años sesenta del siglo pasado, tiempos bulliciosos, de rabia mal disimulada.

    Hoy en día, el mundo también está irritado y permanece a la espera de sus “héroes constructivos”, sus hijos de Apolo que por alguna razón tardan en venir.

    Pero habrán de venir y tenemos que mantenernos a la espera.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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